martes, 7 de junio de 2011

NO SEAS COMO EL MULO

Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar (Salmo 32:8)
Te haré entender. Con esta expresión Dios nos recuerda las consecuencias del pecado en nuestras vidas. Aunque nos diferenciamos de los animales porque el Creador puso en nosotros la capacidad de raciocinio, parece que no utilizamos como deberíamos ese don tan necesario. Me llama la atención el versículo siguiente: «No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno, porque si no, no se acercan a ti».
¡Qué triste condición la del ser humano! Aquel que había sido puesto por amo y señor de los animales, recibe de parte de su mismo Creador una amonestación tremenda. Dios mismo nos compara con un mulo, porque somos tercos, testarudos y temerarios.
Hace algunos años vivimos en un lugar rodeado de montañas. Como he pasado mi infancia muy lejos de las montañas, cualquier elevación del terreno constituía todo un reto para mí. Admiraba a aquellos niños, mujeres y ancianos que subían y bajaban la montaña con tanta facilidad. En una ocasión en que celebrábamos una semana de oración, decidí ir con mi hijo a compartir un evento tan especial con nuestros hermanos. Pero para llegar al destino, teníamos que subir una gran loma. Nos dieron un mulo para que mi pequeño de dos años y yo pudiéramos hacer el viaje. ¡Aquello fue una experiencia única en mi vida! Nunca había visto un mulo de cerca, y ahora iba montada sobre uno. ¿Cómo hacerlo avanzar?
El animal iba hacia todas partes menos hacia donde yo le ordenaba ir. Y cuando ya estábamos a punto de llegar, se empecinó en doblar a la izquierda y no había forma de hacerlo girar a la derecha. Alguien vino a ayudarme, pero al animal se le ocurrió ir a pastar a una pendiente. De pronto nos vimos con el precipicio a nuestros pies. ¡Solo Dios pudo controlar aquel animal!
Solo Dios puede controlar nuestros impulsos irracionales, nuestros descalabros emocionales y conducirnos de vuelta al sendero. Escucha la voz divina y sé dócil a su enseñanza y corrección. Dios quiere acercarse a ti, escucha su voz.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

EL ESTUDIO ES LO MEJOR

Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas. Edesiastés 9:10.

El primer año que enseñé la materia de Biblia en un colegio adventista no me fue fácil. Era un grupo numeroso y tenía algunos alumnos algo inquietos, los que representaban un gran desafío. Pero más allá de lo revoltosos que pudieran ser algunos, una meta que me propuse desde el comienzo fue lograr que un adolescente tomara la decisión de estudiar y lo hiciera.
Este muchacho ya había repetido un año y en el presente no mostraba mejoría respecto al año anterior, así que lo cité en numerosas ocasiones a mi oficina para ver si lograba algo. Como de palabra prometía mucho, pero nunca cumplía sus promesas, recurrí a los padres. Con algo de preocupación llegaron a mi oficina y les planteé el problema para ver si ellos podían ayudarme, pero para mi sorpresa, ellos estaban más desesperados que yo. La madre me dijo que no sabía qué hacer para que su hijo estudiara y hasta me preguntó: "Algunos me dicen que le ofrezca dinero por cada materia aprobada, ¿a usted qué le parece?"
Ningún método dio resultado, y este muchacho volvió a repetir el año de estudios y luego se fue del colegio.
La adolescencia y la juventud son tiempos de crecimiento y preparación. Es verdad que también las mayores distracciones del mundo están dirigidas al mismo grupo social, pero si pasas distraído por esa etapa, estarás perdiendo una de las oportunidades más valiosas que te da la vida: el estudio. Sé muy bien que a la mayoría de los jóvenes no les gusta estudiar, y lo digo por experiencia propia, ya que a mí tampoco me gustaba estudiar, pero aun así era consciente de que el mundo civilizado en el que vivimos, brinda las mejores oportunidades a los que tienen capacidad y estudio.
Más allá de lo que te pueda decir yo en este día, o de lo que te digan tus padres, profesores y amigos, si tú no estás convencido de que el estudio es lo mejor para tu vida, nadie te convencerá. Así ocurrió con el joven de la anécdota de hoy, y así ocurre siempre. Cada estudiante tiene que valorar la bendición del estudio, y si él mismo no lo ve así, de nada servirán los consejos.
Al referirse a toda la vida, el rey Salomón expresó: "Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas", y si lo parafraseara con respecto al estudio, diría así: "Todo el estudio que te propongan en el colegio, acéptalo según tus deseos", porque es imposible estudiar si no quieres. Por eso, si tienes la oportunidad de progresar académicamente, no la desprecies. Acepta el desafío intelectual, que Dios te ayudará.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

BIENAVENTURADO

Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. Santiago 1:12.

El otoño se va. Aquí, en los Estados Unidos, el invierno llegó. Los copos de nieve ya empiezan a caer, como motitas encantadoras de algodón. Pero, lo que me impresiona es la resistencia de las hojas ante el frío destructor. No mueren conformadas, luchan. Su lucha es una explosión de maravillosos colores: verde, amarillo, rojo, anaranjado, en fin... como si un pintor hubiera pasado por la naturaleza derrochando todo su arte.
Las hojas mueren resistiendo hasta el fin. Mueren la gloriosa muerte de los inconformistas con la situación. Mueren derramando la última gota de vida, para alegría de los hombres.
Si las hojas fuesen gente, la bienaventuranza de hoy sería para ellas. Soportan los vendavales del invierno hasta la muerte. Su corona de vida es el festival colorido de su muerte.
Dios jamás habría presentado esta bienaventuranza si la victoria sobre el pecado no fuese segura. Al morir Jesús en la cruz y al resucitar el tercer día, estaba clavando la estocada fatal en el mismo corazón del enemigo de las almas.
Satanás, hoy, es un enemigo derrotado, agonizante... gimiendo los estertores de la muerte. No tiene más derecho de vencer a nadie; no tiene condiciones. Todo lo que puede hacer es tentarte; obligarte a ceder, no. Si caes es porque, de alguna manera, decidiste caer. Si hay algo que el enemigo no puede hacer es obligarte a hacer lo que no quieres.
Haz como las hojas: resiste. No estás solo. Cuando caes de rodillas, Dios envía millares de ángeles para auxiliarte. La batalla es dura, pero la victoria es segura.
Hoy puede ser el día de victoria que tanto esperabas; hoy puedes levantarte de las cenizas. Camina por la vida sin temor; levanta la frente en alto. Tu enemigo está a tus pies. La hora final le llegó. ¡Hoy es tu oportunidad!
Sal en el nombre de Jesús, y enfrenta todo lo que venga por delante sabiendo que a tu lado marcha alguien que no conoce la derrota. Y no te olvides: "Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón