domingo, 11 de agosto de 2013

LA ESCUELA DEL ÉXITO — 1

Siete veces podrá caer el justo, pero otras tantas se levantará; los malvados, en cambio, se hundirán en la desgracia (Proverbios 24:16).

El pastor Tim Crosby, en su libro Vestiduras de gracia, dice algo extraordinario con relación al texto de hoy: “Quizá usted esperaba leer algo como: ‘El hombre malvado cae siete veces, pero el justo permanece firme’. Pero no es eso lo que dice. Dios dice que el justo cae siete veces, pero que cada vez que cae se levanta, se sacude y sigue adelante hacia su objetivo. Amigo, ese es el secreto del éxito financiero, social o espiritual”.
Richard Edler escribió un libro al que le puso por título Ifl Knew Then What I Know Now [Si entonces hubiera sabido lo que sé ahora). El autor pide a varios ejecutivos que mencionen lo más importante que han aprendido en sus vidas, algo que desearían haber sabido veinticinco años antes.
Para Bill Lipien, presidente de Mitchun, Jones & Templeton, la enseñanza más importante es: “Sé consciente de que en un treinta por ciento de los casos fracasarás estrepitosamente”.
J. Melvin Muse, presidente de Muse Cordero Chien and Associated, afirma: “Comete numerosos errores. Los errores alimentan un rápido desarrollo profesional. Aprende a recuperarte de forma brillante. Luego no cometas el mismo error una segunda vez. Haz esto y tu progreso hacia la cumbre será más veloz que el de tus colegas conservadores”.
El éxito se encuentra al otro lado del fracaso. Tienes que fracasar si quieres triunfar. Los grandes triunfos surgen del fracaso repetido. ¿Cuántas veces has fracasado después de tu bautismo? No me refiero necesariamente a apostatar, salir de la iglesia e irte al mundo de cabeza, aunque eso también está incluido. Me refiero a pecar abiertamente, cometer errores penosos. Es posible que la mayoría, o quizá todos tus errores, sean desconocidos para los demás. Algunos de esos errores solo los conocen Dios, tú y Satanás. Otros únicamente Dios y tú, porque son pecados cometidos en el santuario de la conciencia; es decir, en la mente. Y es posible que otros únicamente Dios los conozca, pero de todos ellos te puedes volver a levantar. Es la maravilla del perdón y la gracia del Señor.
Dios lo dijo en nuestro texto de hoy: puede perdonar la misma falta muchas veces, porque sabe que sus hijos corren el riesgo de caer muchas veces y no quiere que teman acercarse a él en busca de perdón. Aférrate a su gracia y su misericordia y avanza hacia la perfección, aprovechando los errores del pasado.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

VIVIR EN LA VERDAD

Y la gracia de Dios era sobre él. Lucas 2:40.

Incluso en su niñez, Jesús vio que la gente no vivía de la manera señalada por la Biblia. Estudiaba la Biblia y seguía los hábitos y las prácticas sencillas que la Palabra de Dios estipula; y cuando la gente lo criticaba por ser tan humilde y simple, los remitía a la Palabra de Dios. Sus hermanos le dijeron que se creía mejor que ellos, y lo regañaban por situarse más arriba de los sacerdotes y los gobernantes del pueblo. Jesús sabía que si él obedecía la Palabra de Dios, no encontraría solaz ni paz en el ámbito del hogar.
A medida que crecía en conocimiento, supo que graves errores iban aumentando entre su pueblo y que, a causa de que seguían mandatos humanos en lugar de obedecer los de Dios, se estaban perdiendo la sencillez, la verdad y la verdadera piedad en la tierra. Vio que la gente participaba en formalismos y ceremonias en su adoración de Dios, mientras descuidaba las verdades sagradas que daban valor a su servicio. Él sabía que sus servicios desleales no podían producirles bien alguno, ni les traería paz ni reposo. No podían saber lo que significa tener libertad de espíritu por no servir a Dios en verdad.
Jesús no siempre observó estos servicios inútiles en silencio, sino que a veces les advertía que iban por un camino errado. Por ser tan pronto para distinguir entre lo falso y lo verdadero, sus hermanos se sentían muy molestos con él porque, según ellos, lo que el sacerdote enseñaba debía considerarse tan sagrado como un mandato de Dios. Pero Jesús enseñó tanto por sus palabras y su ejemplo que los hombres y las mujeres debieran adorar a Dios según él ha estipulado que lo adoren, y no seguir las ceremonias prescritas por los maestros humanos…
Los sacerdotes y los fariseos también se molestaban porque este niño no aceptaba sus inventos, máximas y tradiciones humanas. Pensaban que mostraba falta de respeto por su religión y hacia los rabinos, que habían ordenado estos servicios. Les dijo que obedecería toda palabra que viniera de la boca de Dios, y que debían mostrarle por la Biblia en qué erraba él. Les señaló el hecho de que ellos colocaban la palabra de seres humanos por encima de la Palabra de Dios, y causaban que la gente faltara el respeto a Dios, al obedecer estos mandamientos humanos -Youth’s Instructor, 5 de diciembre de 1895.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White