viernes, 2 de marzo de 2012

FUEGO PURIFICADOR

«El sacerdote Eleazar dijo a todos los soldados que habían estado en la batalla: "Esta es una ley que el Señor le dio a Moisés: los objetos de oro, plata, bronce, hierro, estaño o plomo — en una palabra, todo lo que resista al fuego —, deberían purificarlos poniéndolos en el fuego"» (Números 31:2 1-23).

Oro, plata, bronce, hierro, estaño y plomo. ¿Que son todas esas cosas? Si has respondido que son metales, has acertado. Tu carro de juguete, el refrigerador la bañera y los cubiertos con los que comes están todos hechos de metal.
Aunque las cucharillas y los tenedores son brillantes, el metal con el que fueron hechos no se veía así cuando fue extraído de la tierra. Venía mezclado con otros materiales. En nuestra caminata de hoy por el campamento israelita, podemos ver trabajadores sacando las imperfecciones del metal. ¿Cómo lo hacen? ¡Con fuego! Cuando el metal se pone al fuego y alcanza altas temperaturas, todos los demás elementos que lo componen se desvanecen.
Eso es lo que Dios quiere para nuestras vidas. Él quiere que lo malo se desvanezca, pero eso es algo que no podemos lograr por nosotros mismos. Lo que podemos hacer es decidir entregarle nuestra vida a Dios. Si lo hacemos, él se encargara del resto. Pidámosle hoy a Dios que nos haga puros, santos y brillantes para el.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

UN TRABAJO SUCIO

Volveré mi mano contra ti, limpiaré hasta con lejía tus escorias y quitaré toda tu impureza. (Isaías 1:25).

El campamento anual de Conquistadores había llegado. La lluvia seguía cayendo, al igual que las temperaturas. El frio venia acompañado de una capa de niebla que cubría los pinos y las rocas.
La aventura de acampar era una especie de pesadilla para Mathew, un caso nada fuera de lo normal en jóvenes de su edad. Era un chico alto, delgado, de hombros ligeramente encogidos y brazos largos; aficionado al baloncesto y muy interesado en las chicas. Estaba ansioso por ganar su propio dinero; era altivo y un poco rebelde. Probablemente sus planes de vacaciones de verano no incluían aquel campamento. Se podría decir que asistía en contra de su voluntad.
Por lo general se alejaba del grupo, excepto a la hora del desayuno, del almuerzo y de la cena. Arrasaba con toda la comida y se quedaba con hambre. Cuando llegaba la hora de los deberes Mathew realizaba su acto magistral: «desaparecía». Sin embargo, algo me llamo la atención respecto a su actitud: estaba dispuesto a hacer una tarea que los demás chicos del campamento rehusaban realizar. Mathew se ofrecía a diario para botar la basura. Su tarea era tediosa y la mayor parte de las veces debía hacerlo bajo la lluvia. Lo que el quería era manejar el vehículo destinado para ese trabajo, aunque el trayecto no era muy largo. Mathew creía y estaba seguro de que aquel sacrificio valía la pena, tomando en cuenta el placer que obtenía al manejar aquel vehículo, aunque fuera dentro del campamento. La actitud de este joven me lleva a reflexionar en el sacrificio realizado por Jesús al morir en la cruz del Calvario por ti y por mí. Para él valía la pena limpiarnos del pecado con su sangre. Ese fue su objetivo principal. Jesús está dispuesto a entrar en tu corazón, a tomar todos los desperdicios que haya en el para llevarlos no hasta el basurero mil cercano, sino hasta lo más profundo del mar. El Señor no lo hace por una satisfacción temporal como la de Mathew ¡sino por el gozo de verte limpia y renovada!
Ábrele la puerta de tu corazón a Jesús. ¡Permítele entre y saque de tu vida todo lo sucio e inservible!

Toma de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Yoela Murillo

LA ROSA BLANCA

Ustedes son la sal de este mundo. Pero si la sal deja de estar salada, ¿cómo podrá recobrar su sabor? Mateo 5:13.

La Rosa Blanca. Parece un nombre común. Pero así se llamó uno de los pocos movimientos que tuvieron la osadía de enfrentar a Adolfo Hitler. ¿A quien se le pudo ocurrir semejante locura? A cinco jovencitos, estudiantes de la Universidad de Munich.
Bajo el liderazgo de los hermanos Hans y Sophie Scholl, los integrantes de La Rosa Blanca consideraron que era su deber expresar su preocupación por Alemania. «Somos cristianos, y somos alemanes —escribieron—; por lo tanto, somos responsables por Alemania».
Su opinión era que Hitler estaba conduciendo a la nación a la destrucción, y que era necesario hacer algo para frenarlo. Fue así como a mediados de 1942, decidieron distribuir en la universidad una publicación llamada precisamente La Rosa Blanca. En ella denunciaban las atrocidades del régimen nazi, afirmaban que Hitler estaba esclavizando gradualmente a Alemania, y hacían un llamado a la resistencia pacífica. Una publicación fue seguida por otra, y otra... hasta que, el 18 de febrero de 1943, Hans y Sophie fueron arrestados. Acusados de alta traición, fueron sometidos a juicio, junto a otro miembro del grupo. En cuestión de días, fueron ejecutados en la guillotina. Los otros tres miembros corrieron la misma suerte.
¿Por qué estos jóvenes decidieron enfrentar a un régimen tan poderoso, a sabiendas de que, de ser capturados, les esperaba una muerte segura? Es difícil responder. Cuando la vida está de por medio, debemos pesar con cuidado y con oración las posibles consecuencias de nuestros actos. Pero más allá de este espinoso asunto, hay por lo menos una valiosa lección que podemos aprender. Los integrantes de La Rosa Blanca razonaron que, por ser cristianos, y además alemanes, eran responsables por el bienestar de Alemania. Tu y yo somos cristianos, pero además somos miembros de una familia, un vecindario, un colegio, una iglesia, una institución y una nación. Pues bien, por el hecho de ser cristianos, somos también responsables por el bienestar de esa familia, de ese vecindario, de ese colegio. Cualquiera sea el círculo al que pertenezcamos, ¡nuestra presencia ahí tiene que hacerse sentir para bien!
Como bien lo dice el conocido cantico: «Brilla en el sitio donde estés». ¿No fue este el ejemplo que nos dejó el Señor Jesús?
Padre celestial que donde quiera que me encuentre hoy, mi presencia pueda ser una bendición para los que me rodean.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

YA TIENEN SU RECOMPENSE

«Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que esta en los cielos» (Mateo 6:1).

Aquella mañana de sábado yo era el orador invitado. Antes del sermón, un cuarteto vocal masculino interpreto una música especial. Armonizaban magníficamente las voces, al tiempo que la melodía y la letra del himno eran una genuina expresión de alabanza a Dios.
Cuando acabo el canto, la congregación prorrumpió en un sonoro aplauso. Aguarde un momento, tras el cual me dirigí al pulpito, y recordé a la congregación que los jóvenes no cantaban para nosotros sino para el Señor. Entonces sugerí que, en lugar de aplaudir, podríamos decir: «Amen».
El aplauso expresa aprobación o elogio de una acción. Disfrute de aquella música tanto como el que más, pero no creía que el aplauso fuera lo más adecuado Jesús dijo que nuestra adoración no tiene que ser para aparentar.
A menudo me invitan a predicar en diferentes iglesias. Es frecuente que, antes del servicio, el pastor o el primer anciano me pregunten como quiero que me presenten. Mi respuesta suele ser: «Con sencillez, por favor». La cuestión es que acudimos a adorar a Dios, no a ensalzarnos unos a otros. La iglesia no es lugar para ensalzar a nadie más que a nuestro Padre celestial.
Hace un tiempo, en una gran reunión a la que había asistido, un rico hombre de negocios entrego a uno de los dirigentes un cheque por un millón de dólares. La emoción embargaba el ambiente. Me pregunte que habría dicho Jesús. Recuerdo que Jesús y sus discípulos estaban en el templo y se encontraron ante una situación parecida. «Estando Jesús sentado delante del área de la ofrenda, miraba como el pueblo echaba dinero en el área; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre y echo dos blancas, o sea, un cuadrante. Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: "De cierto os digo que esta viuda pobre echo más que todos los que han echado en el área, porque todos han echado de lo que les sobra, pero esta, de su pobreza echo todo lo que tenía, todo su sustento"» (Mar. 12: 41-44).
La naturaleza humana intenta impresionar a los demás. No viva para impresionar, sino para glorificar a su Padre celestial.( Basado en Mateo 6: 1-4).

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill