jueves, 18 de julio de 2013

UNA VACA TONTA

Lugar: Oklahoma, EE.UU.
Palabra de Dios: Proverbios 22:6

Un pequeño pueblo de Oklahoma tenía un campo en sus afueras, y durante muchos, muchos años, una vaca pastaba en ese campo.
Todas las mañanas, cuando la vaca quería tomar agua, se dirigía a un tanque de agua al lado del local de la empresa de agua del lugar. El tanque siempre estaba lleno.
Un día, hubo una gran tormenta. El agua inundó el valle, incluyendo el campo en el cual vivía la vaca. Ahora, el animal tendría que hacer un gran esfuerzo para llegar hasta el tanque de agua. Decidida a tomar su agua matutina, el animal chapoteó a través del barro. Le resultaba difícil avanzar, porque el agua tenía, por lo menos, treinta centímetros de alto en algunos lugares.
La vaca terminó atascándose en el barro un par de veces, pero no se detuvo. Luego de mucho esfuerzo, finalmente llegó al tanque de agua. Luego de beber agua, comenzó a caminar de regreso, en medio de centímetros de agua, para llegar hasta un lugar más seco.
Suena bastante tonto, ¿no es verdad? Tomarse todo ese trabajo, cuando sencillamente podría haber inclinado la cabeza y tomado agua en cualquier parte. Pero, eso muestra cuán poderosos pueden ser los hábitos.
El sabio rey Salomón escribió: “Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no ¡o abandonará” En otras palabras, los hábitos que formamos cuando somos pequeños permanecen con nosotros durante mucho, mucho tiempo. Esa es la razón por la cual es importante desarrollar buenos hábitos, no malos. Pide hoy a Dios que te ayude a hacer lo correcto.

Tomado de Devocionales para menores
En algún lugar del mundo
Por Helen Lee Robinson

¡QUIERO ALABARTE, MI SEÑOR!

Quiero alabarte, Señor, con todo el corazón, y contar todas tus maravillas. Quiero alegrarme y regocijarme en ti, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo. Salmo 9:1-2

El espíritu de alabanza es una de las actitudes que más beneficios nos aporta.
Cuando reconocemos todos los favores que Dios nos concede, nos llenamos de una fuerza interior y experimentamos gozo, ánimo y gratitud. Al hacerlo, no tendremos mayor alegría que expresar esa maravillosa certeza, manifestada en armoniosas notas musicales o en dulces versos llenos de fervor; o quizá en alguna otra manera que exprese cuánto agradecemos al Señor por todo lo que él nos prodiga.
¿Habrá alguna manera de fomentar o de generar un espíritu de alabanza? ¡Por supuesto que si! La alabanza es más que dar las gracias. Es un reconocimiento de la grandeza y la magnificencia de Dios. Consiste en reconocerlo como soberano en nuestra vida. Alabar equivale a rendir nuestra voluntad ante su grandeza incomparable, inmutable y eterna. Es decir, una vez que reconocemos nuestra indignidad, podemos decir como el salmista: “¿Qué es el hombre, para que en él pienses? ¿Qué es el ser humano, para que lo tomes en cuenta?” (Sal. 8:4). La verdadera alabanza surge cuando nos damos cuenta de que Dios envió a su hijo para ser nuestro Salvador personal, ofreciéndose a llevar nuestra carga de pecado.
Cuando alabamos, nos unimos al gran coro angelical, y a toda la creación, para ofrecer un concierto sublime que conmueve al universo y a la vez nos vivifica.
Como bien dijo el predicador británico George Campbell Morgan: “Alabar a Dios es la verdadera y más alta función del lenguaje humano”. Hoy es un buen día para hacer evidente nuestra alabanza a Dios por todos los bienes recibidos de su mano.

• Alaba a Dios por lo que eres. Somos hijas de Dios; a pesar de lo que hayamos hecho, Dios no tomará en cuenta nuestra maldad (1 Juan 3:1).
• Alaba a Dios por lo que tienes. Todas nuestras posesiones vienen de su mano generosa (Sal. 2:8). Somos mayordomos de Dios, como lo fue Adán en su momento.
• Alaba a Dios por lo que significas para él. Eres su hija amada (Juan 1:12), alguien que goza del amor y del aprecio de Dios.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

NO RETRASES LA DECISIÓN

Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen los días malos y vengan los años en que digas: “No encuentro en ellos placer alguno” (Eclesiastés 12:1).

Cuando Lois Secrist tenía quince años debió haber escuchado el solemne consejo de Dios. Pero no lo hizo. A esa edad prometió que iría como misionera al extranjero, quizá a la India, o a África, para ayudar a los necesitados. Pero nunca cumplió su promesa.
Gail Wood cuenta la historia en su artículo “Mission Delayed” [Misión demorada].
A los 23 años, Lois se casó con Galón Prater, un apuesto jornalero que con el tiempo se volvió un bebedor empedernido. Muchos años después, Galón se convirtió al cristianismo, pero para entonces tenía casi 80 años y su muerte estaba cercana. Antes de morir (el 9 de febrero de 1988), Lois recuperó su antiguo sueño de convertirse en misionera.
Al principio sintió algo de resistencia interior. Ya tenía setenta y seis años y creía que su oportunidad había pasado. Dijo: “Señor, ahora soy demasiado vieja para ir. No puedo”. Pero esta formidable abuela, con remordimientos por haber hecho caso omiso al llamado de Dios cuando era adolescente, decidió no rechazar una segunda oportunidad de convertirse en misionera.
A los ochenta y siete años, Lois Prater se convirtió en la increíble fundadora de un orfanato en Filipinas, un espacio de salvación para treinta y cinco niños cuyas vidas rescató del rechazo, la mendicidad en las calles y el maltrato paterno. Hoy los huérfanos viven en una casa blanca, muy bien arreglada, de setecientos metros cuadrados distribuidos en dos plantas. Ellos llaman “Lola” a Lois, que en el idioma nativo, el tagalo, significa “abuela”. Los “niños”, como ella los llama, oscilan entre los ocho meses y los diez años. Cada uno forma parte de una historia desgarradora.
Lois fundó y construyó el orfanato sin pedir préstamos, confiando en el apoyo económico individual que le llega desde los Estados Unidos. A causa de su edad, no la apoya ninguna denominación religiosa y depende únicamente de donaciones privadas. Cuando se le pregunta si eso la pone nerviosa, Lois dice con confianza: “Sirvo a un Dios poderoso.
No me siento con suficiente talento para hacer nada de esto, pero Dios me capacita. Mi responsabilidad es hacer lo que puedo”.
Gracias al Señor porque Lois pudo cumplir su promesa. Pero no todos tienen esa oportunidad. Es mejor acordarse de Dios en la juventud, cuando la energía está al cien por cien para invertirla en una obra grande. Conságrate hoy a Dios para que te utilice desde tu juventud.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

EL LLAMAMIENTO DE MOISÉS

Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. Éxodo 3:10.

Para los hebreos oprimidos y sufrientes, el día de su liberación parecía haber sido largamente postergado, pero en su momento señalado, Dios decidió obrar con extraordinario poder a su favor. Moisés no habría de estar, como al principio anticipó, al frente de ejércitos con banderas ondeantes y brillantes armaduras.
El pueblo, que había sufrido abuso y opresión durante tanto tiempo, no habría de ganar la victoria para sí rebelándose y reclamando sus derechos. El propósito de Dios iba a ser cumplido de una manera que despreciaba el orgullo y la gloria humanos. El libertador habría de presentarse como un humilde pastor, con solo una vara en su mano; pero Dios daría poder a esa vara para librar a su pueblo de la opresión y preservarlo cuando fuera perseguido por sus enemigos.
Antes de salir, Moisés recibió su elevada comisión a su magna tarea de una manera que lo llenó de asombro y le dio un profundo sentido de su propia debilidad e indignidad. Mientras atendía sus deberes, vio arder una zarza; sus ramas, su follaje, su tallo, todo ardía; sin embargo no parecía consumirse. Se aproximó para ver esa maravillosa escena, cuando una voz procedente de las llamas lo llamó por su nombre. Era la voz de Dios. Era el que, como Ángel del pacto, se había revelado a los padres en épocas pasadas. El cuerpo de Moisés se estremeció, lleno de terror, en tanto el Señor lo llamó por su nombre. Con labios trémulos, contestó: “Heme aquí”. Se lo amonestó a no acercarse irreverentemente: “Quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es” (Éxo. 3:5)…
Las criaturas finitas pueden aprender una lección que nunca se debiera olvidar: Han de acercarse a Dios con reverencia. Podemos venir confiadamente a su presencia en el nombre de Jesús, nuestra justicia y sustituto, pero nunca con el atrevimiento de la presunción, como si estuviera al mismo nivel que nosotros.
Hemos escuchado que algunos se dirigen al Dios grande y todopoderoso como no se dirigirían a un igual o siquiera a un inferior… A Dios se le debe reverenciar grandemente; todo el que verdaderamente reconozca su presencia, se inclinará humildemente ante él -Signs of the Times, 26 de febrero de 1880.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White