sábado, 15 de octubre de 2011

UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD

Aprended a hacer el bien, buscad el derecho, socorred al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda (Isaías 1:17).

Corría el año 1741. Un hombre de 56 años de edad caminaba lentamente, cargando sobre sí la pesada carga de la frustración. Era un excelente músico. Tocaba a la perfección el violín, el clavicordio y el oboe, y además era un organista brillante; pero estaba endeudado porque sus composiciones no obtenían la popularidad necesaria para mantener financieramente a su familia. Cansado y derrotado por el fracaso decidió retirarse, pero entonces recibió un encargo especial destinado a fines caritativos.
El 22 de agosto tomó en sus manos el papel pautado para comenzar a escribir su última obra musical. Absorto en su inspiración, apenas salía de su cuarto. En veinticuatro días había concluido una partitura de 260 páginas que fue estrenada el 13 de abril de 1742, bajo el título de «El Mesías». Con esta composición la carrera musical de Haendel llegó a la cúspide de la gloria. El dinero obtenido por esta extraordinaria obra ayudó a 142 personas encarceladas por causa de no haber podido pagar sus deudas.
Georg Friedrich Haendel pasó a la historia como un músico brillante. Su carrera comenzó cuando a los 56 años de edad se rindió en los brazos de ese Cristo a quien le cantó magistralmente y con humildad. Tal vez en este momento tu vida esté en un punto de inflexión. Avanza el año en curso y tú caminas lentamente, llevando la pesada carga de una vida frustrada por el fracaso. Te sientes derrotada y piensas que tu vida ha llegado a su fin, que no hay nada más que esperar de ella, pero Cristo tiene algo maravilloso para ti. Escucha la voz divina que te dice: «Aprende a hacer el bien. No temas, yo puedo enseñarte. Solo busca la justicia, restituye al agraviado, defiende al huérfano y ampara a la viuda». En otras palabras: «Produce frutos de servicio».
Ayudando a otros encontrarás fuerzas para continuar tu propio camino, "todavía hay oportunidad para que entres en el escenario del plan divino. Solo busca a Dios y él te hará victoriosa.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

LA VERDAD

Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Juan 17:17.

En estos tiempos posmodernos, el relativismo ha entrado en todos los órdenes de la vida. Pareciera que los términos absolutos han desaparecido y todo depende de quién vive una situación.
Déjame explicarte. Hace décadas, la homosexualidad era considerada por la psicología como una enfermedad, y por la sociedad como una aberración moral. Hoy día se habla en los medios de información que no importa la orientación sexual que cada persona tenga, lo importante es que no "moleste" a nadie. Es así que hombres y mujeres homosexuales expresan abiertamente su sexualidad, y hasta hay iglesias donde sus dirigentes son homosexuales activos.
Y así como ocurre con la sexualidad, todas las áreas de la vida actual están sujetas a un relativismo moral. Muchas personas que cometen robos, asesinatos, que son mañosos y narcotraficantes reconocidos, andan libres por las ciudades con total impunidad, porque sus abogados tuercen las leyes y hacen ver lo malo como bueno. Se dice que nadie posee una verdad absoluta; y que no importa el delito cometido, si hay dinero para pagar un buen abogado, la libertad está asegurada.
Pero, aunque toda nuestra sociedad se mueva dentro de estos parámetros, la Biblia, única fuente de verdad absoluta, establece criterios claros para diferenciar el bien del mal. La sexualidad fuera del matrimonio (en cualquiera de sus formas), el robo, la mentira, y la delincuencia en general están determinadas por Dios como pecado, y no existe la más mínima subjetividad al respecto. En las cortes celestiales, el único abogado será Jesús, y a él no se lo podrá comprar ni sobornar con ningún tipo de dinero. Lo bueno, lo honesto y lo veraz será glorificado por Dios, mientras todo lo que es vil, ruin y desechable estará fuera de la santa Jerusalén. Allí no habrá zonas "negras" ni "grises", el mundo será "blanco" por la justicia de Cristo.
¿Aceptaste la Biblia como fuente de verdad única? ¿Estás viviendo como lo enseñan sus mandamientos? ¿Le estás permitiendo a las Escrituras que te santifiquen día a día? Jesús, en su oración sacerdotal de Juan 17, oró para que su Palabra se apoderara del corazón de sus seguidores. No desprecies la intercesión de Jesús; acepta con gozo la fuente de verdad que él pone a tu alcance.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

DE TODO CORAZÓN

Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Jeremías 29:13.

Hay mucho dolor y tristeza entre las personas, por causa de relaciones rotas; son heridas que, a veces, el tiempo no logra sanar. Personas que dicen: "Yo confié en él, o en ella, y me falló". El versículo de hoy muestra la salida para algunos de esos problemas. Dios dijo que lo buscaríamos, y lo hallaríamos si lo buscamos con todo nuestro corazón. La expresión "todo corazón" es sinónimo de integridad, veracidad y sinceridad. La sinceridad es la virtud que nos lleva a decir siempre la verdad y a mostrarnos, delante de las otras personas, tales como somos interiormente.
Pero, la sinceridad no es algo que fabricamos: es un fruto del Espíritu Santo y un valor que debemos tener, con el fin de desarrollar relaciones humanas saludables. El secreto, para ser sincero, es amar. Pero, amar de todo corazón; no por la mitad. Amar primero a Dios y, como resultado, al ser humano.
Lo opuesto de la sinceridad es la hipocresía: decir lo que no es verdad, lo que no se siente; esconder, mentir, aunque esas mentiras sean llamadas "mentiras piadosas".
Para ser sincero, se necesita tener criterio. Esto significa que, cuando es necesario decir la verdad, debes utilizar las palabras y las expresiones correctas. Las personas nunca se sienten heridas por lo que dices, sino por la manera en que lo dices.
La sinceridad, también, requiere valor, ya que, a la hora de decir la verdad a un amigo o a una amiga, por ejemplo, la mentira, por piadosa que te parezca, no se puede justificar por el "miedo de perder una buena amistad".
La persona sincera siempre dice la verdad, en todo momento, aunque le cueste; sin temor al qué dirán. Ya que ser sorprendido en la mentira es más vergonzoso.
Al ser sinceros, somos honestos con los demás y con nosotros mismos, convirtiéndonos en personas dignas de confianza, por causa de nuestra autenticidad.
Haz de este un día de sinceridad. Pero recuerda: "Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón