martes, 21 de enero de 2020

ENCOMIÉNDALE TU CAMINO


“Encomienda a Jehová tu camino, confía en él y él hará” (Sal. 37:5, RVR 95).

Una joven esposa con pocos años de casada asumía sola la mayor parte de los gastos de su hogar. Su esposo, que trabajaba apenas por temporadas, era un hombre poco hablador y nada detallista. Un día, él le dijo: —Este mes, no te preocupes por ningún gasto. Ahorra tu dinero porque yo voy a comprar todo lo que haga falta.
Y acompañó ese mensaje con un ramo de flores para ella, pues era su cumpleaños. ¡Él jamás le había regalado flores, ni tan siquiera por el cumpleaños! La esposa estaba totalmente asombrada de aquel cambio. “¿Quién hubiera imaginado entonces que días después moriría?”, se pregunta ella hoy, con la perspectiva que da el paso del tiempo. Ciertamente, nadie se hubiera imaginado que pocos minutos después de salir de la casa en su moto, chocaría frontalmente contra un enorme camión y perdería la vida en el acto.
¿Y qué me dices de nosotras? ¿Cuántas veces salimos de la casa sin plantearnos siquiera si regresaremos sanas y salvas? Lo cierto es que no sabemos qué puede pasarnos en el camino, ni cuántas veces el Señor nos protegerá a lo largo del día. Simplemente damos por hecho que todo va a estar bien, a veces incluso sin tan siquiera encomendarnos a Dios antes de salir a la calle. ¿Y sabes qué? Existe una gran diferencia entre encomendarnos a Dios o no encomendarnos a Dios cada mañana.
La palabra “encomendarse” que encontramos en la Biblia es el hebreo galal, que significa “volcar”, “entregar”. Y eso precisamente es encomendarse a Dios: volcar sobre él todas las vicisitudes que sobrevengan en nuestro camino durante la jornada; entregarle todo lo que somos para que obre conforme a su voluntad. Y todo es todo, no apenas una parte. Todo es: nuestras decisiones cotidianas, nuestros deseos, nuestros planes, nuestro rendimiento en el trabajo, nuestro éxito social, laboral, familiar y espiritual, nuestro hogar, nuestra salud, lo que hacemos y lo que decimos, lo que pensamos… cada uno de nuestros pasos al caminar. Encomendarnos a él es, de hecho, entregarle nuestro camino.
Cada amanecer, al abrir los ojos, entrega tu vida al Señor, vuelca en él todo lo que hay en tu mente. Encomienda a Jehová tu camino, porque hay una gran diferencia entre hacerlo y no hacerlo. Si se lo entregas todo, confiando en él, “él hará”. Y esa es la clave: dejar que él haga.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2020
UN DÍA A LA VEZ
Patricia Muñoz Bertozzi
Lecturas Devocionales para Mujeres 2020

LAS ENFERMEDADES Y EL CARÁCTER


“Un corazón alegre es la mejor medicina; un ánimo triste deprime a todo el cuerpo” (Proverbios 17:22).

Las enfermedades nunca anuncian cuándo van a golpear la vida de una persona. Es evidente que nadie las espera ni las desea. Se presentan de manera repentina y fulminante. Algo así le sucedió al rey Ezequías, uno de los grandes monarcas de la historia hebrea. Su liderazgo había logrado fortalecer en la población la fe en el Dios verdadero. Además, junto con sus súbditos, había logrado pasar la difícil prueba de soportar la amenaza del ejército asirio. Dios había hecho maravillas a lo largo de su vida. Pero ahora estaba enfermo.
Ante la gravedad de la enfermedad del rey, el profeta Isaías se presentó para informarle de que había llegado la hora de morir. Debía organizar su vida de la mejor manera para pasar al descanso. La noticia hizo que el soberano se derrumbara emocionalmente. No esperaba la muerte. Creía que todavía podría vivir un tiempo más en este mundo. Así que lloró amargamente ante el Padre celestial y le suplicó que restaurara su salud. El amoroso Dios se conmovió al ver al rey sumamente desconsolado; a través de Isaías le comunicó que le concedería quince años más de vida. Como prueba, hizo que la sombra del sol retrocediera diez grados en el reloj. El rey estaba feliz.
No toda la gente reacciona de la mejor manera ante las bendiciones que Dios les concede en cuestiones de salud. A pesar de que la mano poderosa de Dios se manifiesta en sus vidas, la respuesta no siempre es la esperada. Parece que olvidan muy rápido las promesas que hicieron en el lecho del dolor. Y este fue el caso de Ezequías. La Biblia dice que, en cuanto se vio fuerte y sano, se llenó de orgullo. Fue así como un día recibió a unos embajadores de Babilonia que deseaban conocer más detalladamente las razones por las que el rey había sido sanado. ¿Por qué la sombra del sol en el reloj había retrocedido diez grados? La respuesta esperada era que se trataba de una prueba del poder sanador del Dios de Israel. Sin embargo, el rey les mostró sus tesoros de manera arrogante.
La manera como enfrentas las enfermedades revela lo que llevas dentro de ti. Lo más importante no es el cuerpo, sino el carácter. Todas las enfermedades son temporales. Un día desaparecerán. Lo único que va a quedar es el carácter.
En este día, suplica al Señor que te ayude a tener una actitud correcta ante sus bendiciones.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020
UNA NUEVA VERSIÓN DE TI
Alejandro Medina Villarreal
Lecturas devocionales para Jóvenes 2020

CÓMO ARRUINAR LA AUTOESTIMA DEL HERMANO


“Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga ‘Necio’ a su hermano, será culpable ante el Concilio; y cualquiera que le diga ‘Fatuo’, quedará expuesto al infierno de fuego” (Mateo 5:22).

El marido de Marisa era un hombre de buenas intenciones, pero demasiado crítico de su esposa. A veces le decía:
—Pero si no sabes ni pelar papas… Arrancas toda la parte comestible. ¡Mira cómo lo hago yo! Marisa, no entiendes de temas de actualidad ni de política y lo que dices no tiene sentido.
Sin pretenderlo, dañaba con frecuencia la autoestima de Marisa, quien acabó creyéndose que no servía para nada. Y no era porque ella no tenía virtudes, que sí las tenía. Marisa contaba con una inteligencia práctica privilegiada, pero la falta de comentarios alentadores por parte de su esposo había arruinado su autoestima.
Lamentablemente hay extremos mucho peores. Hombres que no solo humillan a sus esposas con sus palabras, sino que abiertamente las insultan e incluso las golpean. Por ello, observamos que las mujeres víctimas de la violencia doméstica sufren de gran inseguridad y de poquísima autoestima. El maltrato, tanto físico como psicológico, es una aberración que Dios no aprueba. Está en abierta contradicción con el amor conyugal que promueve la Escritura y que insta a los maridos a “amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos” (Efe. 5:28).
El pasaje de hoy es muy duro con las personas que abusan verbalmente de otras. Los que así hacen, quedan expuestos al infierno de fuego. El daño que puede hacerse con las palabras que se dicen y cómo se dicen es tal que el Señor Jesús quiso dejar claro que tales actos no quedarían sin castigo.
Por otra parte, ¡cuántos elogios ofrece la Biblia hacia las palabras sabias, amables y cariñosas! Compara la Escritura estas palabras con el árbol de la vida (Prov. 15:4) y con un panal de miel (16:24). Dice también, “¡Besados sean los labios del que responde con palabras correctas!” (24:26) y “la respuesta suave aplaca la ira” (15:1).
Por la gracia de Dios, proponte usar palabras que transmitan amor, comprensión y calidez. Ora en silencio antes de lanzarte a hablar y permite al Espíritu Santo que guíe tus mensajes. Cosecharás frutos para ti mismo, pues “el que guarda su boca y su lengua, su vida guarda de angustias” (Prov. 21:23).

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2020
UN CORAZÓN ALEGRE
Julián Melgosa y Laura Fidanza
Lecturas devocionales para Adultos 2020