domingo, 4 de enero de 1976

EL PODER DE LAS OLAS

¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar. Isaias 48:18

En alguna parte en medio del insondable mar, una pequeña brisa encrespa la plácida superficie del océano. Al continuar soplando la brisa, el encrespamiento se convierte en una onda y pronto nace una ola. Miles de kilómetros más allá puedes ver a los deportistas que la esperan para cabalgar sobre su cresta y llegar así impulsado por su tremenda fuerza, a la playa donde morirá muy lejos del lugar de su nacimiento.

Una ola grande es el resultado de muchas olas pequeñas que, a su vez son el producto de otras más pequeñas aún, hasta que por fin llegamos a la fricción original del aire y el agua, que es tan insignificante que resulta invisible. 

Las olas no son agua que avanza como parece y como lo son ciertamente las corrientes. Son solo energía en movimiento que pasa del viento al agua. Por ejemplo, si tiramos un trozo de madera al mar, veremos que sube y baja al paso de la ola, mientras se queda casi en el mismo lugar después de que ésta pasó. Una corriente, por otra parte, arrastraría el trozo de madera aún en dirección contraria al movimiento de las olas.

Toda fuerza grande y poderosa que ha surgido en la historia humana puede ser comparada con una ola que comenzó en los resquicios insondables de la mente de algún hombre. Muchas de esas olas anduvieron en dirección opuesta a la corriente de la época. Ciertamente Jesús produjo grandes olas. Y algo parecido ocurrió con sus seguidores: Pedro, Juan, Pablo, Martín Lutero, Juan y Carlos Wesley, Guillermo Miller y miles de otros que proclamaron impávidos el Evangelio de salvación.

Si estas satisfecho con esta vida, no hagas olas, pero si tienes la visión de una vida mejor, tendrás que hacer olas, porque la energía del amor de Dios surgirá de ti. «El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido, mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va, así es todo aquel nacido del Espíritu»(Juan 3:8)


Devoción matutina 

Por: Santiago A. Tucker. 

«Maravillas de La Creación»