domingo, 19 de agosto de 2012

UN MANDATO DE DIOS


No os unáis en yugo desigual con los incrédulos, porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? (2 Corintios 6:14).

Una boda puede ser un recuerdo inolvidable, tomando en cuenta que el matrimonio es un acontecimiento muy hermoso y además una decisión para toda la vida. Estoy segura de que la clave del éxito es que Dios sea el principal invitado en el hogar.
Es triste saber que cada día muchas jóvenes se aventuran a unirse en matrimonio con personas no creyentes, pasando por alto las recomendaciones de las Sagradas Escrituras. Una joven me dijo hace poco: «Hermana, mi esposo me prometió que al casarnos me dejaría asistir a la iglesia y que él se bautizaría. Ya llevamos cinco años casados y tengo que seguir escapándome para asistir a la iglesia. Además, me maltrata y es vicioso. Por favor, ore por mí, pues soy muy infeliz».
«Hay hombres y mujeres que seguirán sus propias inclinaciones, aun frente a las más claras órdenes de Dios, y luego se atreverán a orar sobre el asunto pidiéndole a Dios que les permita continuar en dirección contraria a su voluntad» (La oración, cap. 26, p. 313).
«Antes de dar su mano en matrimonio, toda mujer debe averiguar si aquel con quien está por unir su destino es digno. ¿Cuál ha sido su pasado? ¿Es pura su vida? ¿Es de un carácter noble y elevado el amor que expresa, o es un simple cariño emotivo? ¿Tiene los rasgos de carácter que la harán a ella feliz? ¿Puede encontrar verdadera paz y gozo en su afecto? ¿Le permitirá conservar su individualidad, o deberá entregar su juicio y su conciencia al dominio de su esposo? Como discípula de Cristo, no se pertenece; ha sido comprada con precio. ¿Puede ella honrar los requerimientos del Salvador como supremos? ¿Conservará su alma y su cuerpo, sus pensamientos y propósitos, puros y santos? Estas preguntas tienen una relación vital con el bienestar de cada mujer que contrae matrimonio» (Mensajes para los jóvenes, cap. 14, p. 31 I) Querida hermana, lo más importante al tomar esta decisión es pensar que el cristiano debe establecer un hogar donde Jesús reine. Créelo, en ese hogar los ángeles desearán morar.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Karina Ventura 

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