sábado, 29 de diciembre de 2012

SEÑOR, ¿QUÉ DIRÉ?


Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar. (Éxodo 4:12).

Trabajaba como maestra en una escuela adventista de Caracas y sentía la curiosidad de experimentar con otro nivel de enseñanza, por lo que envié mi curriculum a la universidad donde estudiaba mi hija. Me sorprendí cuando al día siguiente me llamaron, no para hacerme una entrevista, sino para que comenzara a trabajar de inmediato. Sentí algo de temor, pero recordé que Dios estaba conmigo.
Le pedí a Dios sabiduría y que me ayudara en esa nueva y desafiante responsabilidad, pero sobre todo que me permitiera testificar de él. A finalizar mis clases concluía con una breve e inspiradora reflexión, por lo que los alumnos se marchaban reconfortados y agradecidos.
Luego me asignaron otra materia más comprometedora, pues era una de índole religiosa. De antemano dije que yo era adventista y que no iba a enseñar algo que fuera contrario a mis principios, y me respondieron que yo era quien seleccionaba los temas así como la forma de presentarlos. Al revisar el programa de la asignatura encontré que los temas cubrían aspectos que nosotros dominamos adecuadamente. Bueno, mis clases dieron de qué hablar, porque utilicé nada más y nada menos que el curso La fe de Jesús, que tengo en forma de presentaciones audiovisuales. Además utilicé dinámicas grupales, analizamos textos de la Biblia, les pedía que leyeran porciones de la misma, por lo que los alumnos se sintieron satisfechos y entusiasmados.
Cuando terminó el trimestre pensé que quizá no me llamarían más. Sin embargo, para mi sorpresa me ofrecieron enseñar cuatro materias, a la vez que me felicitaron por mi trabajo. Al principio no sabía cómo hacerlo, pero me aferré de Dios y confié en una de sus promesas: «Ahora pues, ve, que yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que has de hablar» (Éxo. 4:12).
¡Alabado sea Dios! No me falló. Hermana mía, pídele a Dios que te dé la oportunidad de hablarle a alguien, de testificar por él, para que quienes te rodean conozcan a nuestro maravilloso Dios.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Ana de Jesús Da Rocha

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