lunes, 27 de julio de 2009

NO ES UNA SIMPLE COINCIDENCIA

Hermanos míos, ustedes deben tenerse por muy dichosos cuando se vean sometidos a pruebas de toda clase. Pues ya saben que cuando su fe es puesta a prueba, ustedes aprenden a soportar con fortaleza el sufrimiento. Santiago 1: 2, 3

Unos meses después de la decisión que Laurie tomó de no asistir a la competición hípica estatal, relató su experiencia en un trabajo escrito que puse a mis alumnos de lengua inglesa. Envié su historia a la revista Insight Un tiempo después, Laurie recibió una llamada de los editores. Querían comprar su historia y usarla en el siguiente número. Laurie estaba excitada pensado en que quizá su experiencia pudiese ayudar a alguien que debiese enfrentarse a una decisión difícil respecto del sábado. Ese verano Laurie se presentó para un empleo como auxiliar de enfermería. Después de un mes en el curso de formación, pasó a la orientación laboral. Cuando su supervisor le entregó la programación, a Laurie se le hundió el mundo bajo los pies. La habían programado para el sábado siguiente. Laurie habló con su supervisor y le explico que era adventista del séptimo día y que no podía trabajar en sábado. Si le asignasen un día distinto... El supervisor la interrumpió. —Si no puedes trabajar en sábado, no puedes tener un empleo con nosotros. Una vez más Laurie se encontraba frente a la decisión de honrar o no el sábado. Parecía tan injusto. Había seguido toda la formación y necesitaba el dinero para pagar la matrícula del internado. Entonces Laurie miró otra vez a la programación que tenía en la mano. El sábado en que se suponía que tenía que trabajar era el 27 de julio, el mismo día en que su historia aparecería en Insight. Laurie cree que eso no era ninguna coincidencia. —Era la manera que tenía Dios de recordarme el compromiso de guardar el sábado. Usó mi propia historia para darme fuerzas para hacer lo correcto.

Tomado de la Matutina El viaje increíble.

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