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sábado, 15 de febrero de 2020

UN DIOS DE OPORTUNIDADES

«El Señor es bueno y justo; él corrige la conducta de los pecadores y guía por su camino a los humildes; ¡los instruye en la justicia!» (Sal. 25: 8-9). 

Luis Gerardo es un conocido locutor de Radio Lira, la emisora adventista de San José, Costa Rica. En una ocasión, cuando iba de viaje hacia su antigua casa en Cartago, Luis Gerardo sufrió un accidente de auto. Fue a eso de las tres de la tarde. El sol aún brillaba sobre la carretera principal, Florencio del Castillo, cuando, repentinamente, una espesa e inexplicable neblina lo cubrió todo. De pronto, no se veía nada. Los acontecimientos se sucedieron tan rápidamente como había llegado la niebla: un hombre de gran estatura chocó contra el parabrisas del automóvil de Luis Gerardo. Se escuchó un fuerte ruido y los vidrios cayeron pulverizados. Cuando Luis Gerardo bajó del auto, vio el cuerpo de aquel desconocido sobre el asfalto.
El hombre al que había atropellado era un joven estudiante de Medicina que, tiempo atrás, se había alejado de los caminos de Dios que un día había conocido. Gracias al Señor, no falleció en aquel atropello, y cada día recibía en su habitación de hospital la visita de Luis Gerardo. Desde aquella cama, y con su salud mermada, el joven recordó los tiempos en que escuchaba Radio Lira, y las oraciones fervientes de Luis Gerardo al aire. Con mansedumbre de espíritu, decidió regresar a la iglesia. Lo mismo hicieron su padre y otros familiares. Quién Iba a imaginar que su atropello sería el instrumento de salvación en la vida de ese hijo de Dios.
Pero así es Jehová: el Dios de las oportunidades. El Dios que permitió que su Hijo viniera a este mundo para que tú y yo, y nuestros descendientes, podamos heredar la tierra y disfrutar de completa paz (ver Sal. 37: ll). El Señor que «levanta a los humildes» (Sal. 147: 6); que nos consuela en nuestros dolores y sufrimientos (ver Mat. 5: 4); que hace justicia y salva al oprimido (ver Sal. 76:9).
Todas necesitamos una segunda oportunidad para hacer las cosas bien, y qué maravilloso es saber que Dios está dispuesto a dárnosla, que «es tan misericordioso y nos amó con un amor tan grande» (Efe. 2:4). «No hay otro Dios como tú, porque tú perdonas la maldad y olvidas las rebeliones de este pequeño resto de tu pueblo. Tú nos muestras tu amor y no mantienes tu enojo para siempre» (Miq. 7: 18). ¡Gracias!

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2020
UN DÍA A LA VEZ
Patricia Muñoz Bertozzi
Lecturas Devocionales para Mujeres 2020.

jueves, 24 de marzo de 2016

¡ESTÁ SUCEDIENDO DE NUEVO!

¡Esforcémonos por conocer al Señor! El Señor vendrá a nosotros, tan cierto como que sale el sol, tan cierto como que la lluvia riega la tierra en otoño y primavera (Oseas 6:3, DHH).

La primavera siempre es una de las más hermosas estaciones del año, especialmente si vives en un área donde el invierno significa nieve, hielo y gran cantidad de días grises. En estos lugares, la primavera es bienvenida, especialmente porque significa el retorno de las hojas verdes en los árboles, el nacimiento de las flores y el emerger de la vida salvaje con el nacimiento de las nuevas crías.
En el hemisferio sur, el invierno comienza oficialmente a fines de junio (por supuesto, en la parte más austral del continente, el clima frío llega mucho antes). En otoño todo el mundo se prepara para la dureza del invierno, las hojas se vuelven marrones y se caen de los árboles, los animales buscan refugios para hibernar, y el clima se vuelve cada vez más frío. Para cuando el invierno está en pleno apogeo, todo parece estar muerto.
Sin embargo, así como el invierno pone al mundo en un período de desolación, la primavera trae vida, color y optimismo. Tú puedes contar con que la inactividad del invierno llegará cada año; pero también puedes contar con la primavera para reactivar la naturaleza y todo lo que hay en ella.
Este patrón no es casual. El invierno es un período de descanso. La primavera está siempre a la vuelta de la esquina y siempre hay renacimiento en la naturaleza: cuando los pájaros retornan, los nidos están llenos de pichones, las plantas florecen y el pasto finalmente se vuelve verde otra vez, podemos estar seguros de que todo son regalos de Dios para nosotros, recordándonos que el invierno nunca es para siempre.

¿Y AHORA?
¿Cuál es tu estación favorita? ¿Por qué crees que Dios Creó las estaciones?

SPLASH:
Aunque el invierno es un período de frío en muchas partes del mundo, algunas reglones de la tierra nunca experimentan un invierno verdadero. Estas zonas, las más cercanas al Ecuador, tienden a permanecer calidas todo el año.

Tomado de Matinal para Adolescentes 2016
“Intensamente, Ejercita tu Cerebro”
Compilado por Penny Estes Wheeler
#IntensamenteEjercitaTuCerebro #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaAdolescentes #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

domingo, 3 de marzo de 2013

EL GUARDIA MÁS INTELIGENTE


Puedes ponerte a la sombra de la sabiduría o a la sombra del dinero, pero la sabiduría tiene la ventaja de dar vida a quien la posee (Eclesiastés 7:12).

Christopher Langan es una de las personas más inteligentes que existen en la actualidad. Empezó a hablar a los seis meses de edad, aprendió a leer a los cuatro años; a los dieciséis había leído la obra Principia Mathematica de Bertrand Russell y Alfred North Whitehead, famosa por su dificultad; y al terminar su educación secundaria obtuvo una calificación perfecta en la prueba SAT (prueba de habilidades académicas que hacen todos los estudiantes de los Estados Unidos que quieren estudiar en una universidad). Su coeficiente intelectual está entre 195 y 210, una cifra francamente elevada. Se dice que Albert Einstein tenía un coeficiente intelectual de 150.
Te preguntarás por qué no has oído hablar de Christopher Langan. Muy probablemente has escuchado hablar de Stephen W Hawking, el famoso físico teórico, profesor de matemáticas en la Universidad de Cambridge, pero no de Langan. Bueno, es que Christopher trabajó durante veinte años como guardia en un bar en los Estados Unidos. Antes fue vaquero, albañil y bombero forestal. Aparentemente, Chris ha preferido este estilo de vida (hoy tiene un rancho de caballos con su esposa) porque le permite la libertad para trabajar en proyectos de investigación personal. Ha trabajado durante más de diez años, en su tiempo libre, en un proyecto que él denomina «Modelo teórico cognitivo del universo».
Una inteligencia como la de Chris Langan es un inmenso don de Dios. Si eres inteligente y brillante, recuerda que darás cuenta a Dios por ese don. También ten en cuenta, sin embargo, que la inteligencia no es suficiente para transformar tu mundo y tu vida. Para eso es necesaria la sabiduría.
La inteligencia tiene que ver con los problemas de las cosas y por lo tanto muchas veces está relacionada con las matemáticas. La sabiduría tiene que ver con el corazón y la naturaleza humana. La inteligencia te permitirá resolver un problema, pero la sabiduría te permitirá distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, entre el bien y el mal. La inteligencia viene determinada en parte por la herencia y el ambiente en que has crecido; la sabiduría, en cambio, es un don de Dios. La inteligencia te puede ayudar a obtener lo que quieras en este mundo, pero solamente la sabiduría te puede ayudar a obtener la vida eterna. Pide a Dios esta mañana que te dé sabiduría para enfrentar los retos de este día.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

lunes, 20 de agosto de 2012

OTRA OPORTUNIDAD


«Por eso puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos» (Hebreos 7:25).

El hortelano intercedía por la higuera. ¿Cuál era su ruego? Se trataba de un indulto: «Señor, déjala aún este año». Su ruego no era: «Señor, no permitas nunca que la corten», sino: «Todavía no, Señor». El indulto es una bendición para los árboles estériles. Algunos todavía no se han arrepentido. Dios es misericordioso y les da más tiempo para que se arrepientan; por eso dio un plazo de ciento veinte años a los antediluvianos para que se arrepintieran e hicieran las paces con él. A Cristo, el gran Intercesor, le debemos que los árboles estériles no hayan sido cortados de inmediato. Si no hubiera sido por su intervención, cuando Adán pecó, el mundo entero habría sido cortado. Sin embargo, él dijo: «Señor, déjalo».
Como colaboradores de Cristo, se nos anima a orar para que Dios tenga misericordia de las higueras estériles: «Señor, déjalos; deja que su tiempo de gracia se alargue un poco más; ten un poco de paciencia con ellos, ten misericordia de ellos y espera». Así podremos interponernos y alejar la ira.
Podemos orar para que los demás sean indultados, pero no perdonados. A ellos corresponde poner en acción su propia re y su arrepentimiento; de otro modo, no puede haber perdón.
El hortelano se comprometió a hacer todo lo posible para obtener un indulto: «Hasta que cave a su alrededor y la abone». Las obras tienen que acompañar siempre a nuestras oraciones. Parecía como si el hortelano dijese: «Señor, quizá no he hecho todo lo que era preciso por ese árbol; deja que pase este año y haré más de lo que he hecho hasta ahora». Del mismo modo, en nuestras oraciones debemos pedir la gracia de Dios, acompañando la petición con la humilde promesa de cumplir con el deber.
«Pero», añade el hortelano, «si no es así, córtala». Aunque Dios es paciente, no siempre tolerará los árboles estériles. Su paciencia se acabará y, con toda certeza, los árboles sin fruto serán cortados y arrojados al fuego. Aunque sea necesaria, talar los árboles no es tarea que a Dios plazca.
Quiero ser un árbol fructífero que sirva de ejemplo para otros. Basado en Lucas 13:6-9

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

sábado, 15 de octubre de 2011

UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD

Aprended a hacer el bien, buscad el derecho, socorred al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda (Isaías 1:17).

Corría el año 1741. Un hombre de 56 años de edad caminaba lentamente, cargando sobre sí la pesada carga de la frustración. Era un excelente músico. Tocaba a la perfección el violín, el clavicordio y el oboe, y además era un organista brillante; pero estaba endeudado porque sus composiciones no obtenían la popularidad necesaria para mantener financieramente a su familia. Cansado y derrotado por el fracaso decidió retirarse, pero entonces recibió un encargo especial destinado a fines caritativos.
El 22 de agosto tomó en sus manos el papel pautado para comenzar a escribir su última obra musical. Absorto en su inspiración, apenas salía de su cuarto. En veinticuatro días había concluido una partitura de 260 páginas que fue estrenada el 13 de abril de 1742, bajo el título de «El Mesías». Con esta composición la carrera musical de Haendel llegó a la cúspide de la gloria. El dinero obtenido por esta extraordinaria obra ayudó a 142 personas encarceladas por causa de no haber podido pagar sus deudas.
Georg Friedrich Haendel pasó a la historia como un músico brillante. Su carrera comenzó cuando a los 56 años de edad se rindió en los brazos de ese Cristo a quien le cantó magistralmente y con humildad. Tal vez en este momento tu vida esté en un punto de inflexión. Avanza el año en curso y tú caminas lentamente, llevando la pesada carga de una vida frustrada por el fracaso. Te sientes derrotada y piensas que tu vida ha llegado a su fin, que no hay nada más que esperar de ella, pero Cristo tiene algo maravilloso para ti. Escucha la voz divina que te dice: «Aprende a hacer el bien. No temas, yo puedo enseñarte. Solo busca la justicia, restituye al agraviado, defiende al huérfano y ampara a la viuda». En otras palabras: «Produce frutos de servicio».
Ayudando a otros encontrarás fuerzas para continuar tu propio camino, "todavía hay oportunidad para que entres en el escenario del plan divino. Solo busca a Dios y él te hará victoriosa.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

domingo, 21 de agosto de 2011

EL VALOR DE LAS COSAS PEQUEÑAS

Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe. Mateo 18:5.

¡Jamás menosprecies el valor de un niño! Puede parecer frágil, insignificante, desvalido, pero encierra, dentro de sí, un potencial que el tiempo se encargará de revelar. Cuando el señor Jesús nació en un humilde pesebre, ¿quién se atrevería a pensar que ese humilde niño dividiría la historia del mundo? ¿Cómo aquel pequeño ser haría temblar la fuerza de las tinieblas? Pero, así son las cosas en el Reino de Dios: parecen pequeñas, pero encierran el potencial que Dios coloca en todo lo que hace.
Pero, el texto de hoy dice más. Aquí, Jesús afirma que, si recibes a un niño en su nombre, en realidad lo recibes a él mismo. ¿Qué significa esto? Que es necesario dar oportunidades a los más débiles; que no hay que apresurarse a descartar a quienes cometen errores; que no hay que sentenciar a las personas, sin darles la oportunidad de empezar de nuevo.
Cuando yo era niño, constantemente cometía errores; algunos por incapacidad, otros de propósito. Pero, tuve padres y maestros que creyeron en mí y me dieron una nueva oportunidad; me enseñaron, invirtieron tiempo en mostrarme el camino, y me extendieron la mano cuando lo necesitaba.
En cierta ocasión, me encontré con uno de esos maestros, en California. El tiempo lo había golpeado, inclemente: había envejecido, ya no me parecía tan grande ni tan alto, como cuando yo era un simple adolescente. Pero, todavía me impresionaba la nobleza de su espíritu, y en mi memoria renacía, vívidamente, el recuerdo del día en que tomó de mis manos el trabajo de redacción, mal realizado, que yo había preparado, me miró a los ojos y, con voz cariñosa, me dijo: "Voy a hacer de cuenta que tú nunca escribiste esto. Pero, quisiera que tú creas que eres capaz de escribir algo mejor".
Aquel día, él no tenía la más mínima idea de que yo, un día, llegaría a escribir bastante... ¿O la tendría? No lo sé. Pero, recuerdo que la confianza que depositó en mí me hizo creer que yo podía, si me colocaba en las manos de Dios.
¿Podrías hoy dar la oportunidad a alguien más frágil que tú y que necesita de tu ayuda? ¿Serías capaz de recibir al que falló, como se recibe a un niño? Sal para enfrentar tus deberes diarios, hoy, recordando las palabras del Maestro: "Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe".
 
Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón