martes, 24 de enero de 2012

¿UNA TORTILLA CRUDA?

Efraín es como una torta cocida solamente por un lado. Oseas 7:8.

Imagina que estás en un restaurante con tu familia. El hambre que sienten es tan grande que casi puede escucharse el concierto de tripas. Piden al mesonero que les traiga tortillas y crema de leche como aperitivo. Mucho antes de lo que imaginan llegan las tortillas. Entonces una lluvia de manos se abalanza sobre el plato. Sin ninguna compasión todos comienzan a devorar las tortillas, pero sucede algo extraño. Repentinamente todos dejan de comerlas. Las examinan y se dan cuenta del problema. ¡Las tortillas están cocidas por un lado pero crudas por el otro! ¿De qué sirve una tortilla en esas condiciones? No sirve para nada, porque cuando de tortillas (o de arepas, o panqueques, o cachapas) se trata, es necesario que estén bien cocidas por ambos lados.
Este hecho nos ayuda a entender por qué Dios comparó a Efraín (Israel) con una «torta cocida solo por un lado». Israel quería combinar la adoración a Jehová con la adoración a los ídolos. Como dicen por allí, «un tiro para el gobierno y otro para la revolución». Al final su religión terminó siendo tan inútil como una tortilla cruda.
La experiencia de Israel nos enseña dos lecciones. La primera, relacionada con nuestra vida espiritual, nos recuerda que no podemos vivir «con un pie en la iglesia y otro en el mundo». O somos plenamente de Cristo, o no somos de él en absoluto. Cuando uno quiere servir a dos señores al final no sirve a ninguno.
La segunda, relacionada con nuestro carácter, nos recuerda que Dios espera de nosotros un desarrollo integral. Al igual que ocurrió con Jesús, tenemos que desarrollarnos de manera equilibrada: física, social, mental y espiritualmente. ¿Has conocido, por ejemplo, a esos muchachos o muchachas con físicos esculturales, pero con cerebros de aserrín? Son tortillas cocidas solamente por un lado. ¿O a esas personas con extraordinaria capacidad intelectual (para el arte, la música o los estudios), pero que no tienen vida social? Son tortillas cocidas solamente por un lado.
Dios quiere que le des lo mejor de ti y de tus talentos. Y también quiere que te desarrolles de manera equilibrada, como su Hijo Jesús, de quien la Escritura dice que «crecía y se hacía más fuerte, y más sabio, y gozaba del favor de Dios» (Luc. 2:40). ¡Ese sí que fue un verdadero desarrollo! Cualquier otra cosa no es más que... una tortilla cruda.
Padre celestial, ayúdame a desarrollar un carácter íntegro, como el del Señor Jesús.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

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