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viernes, 5 de febrero de 2016

EL DILEMA DE LOS NACIDOS EN LA POSGUERRA SENESCENTES

“Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; antes no habían recibido misericordia, pero ahora ya la han recibido” 1 Pedro 2:9, 10, NVI

¿Sabe esta generación en nuestra comunidad de fe que ha sido elegida? ¿Saben tan siquiera sus integrantes que forman parte de un movimiento que ha sido suscitado por Dios tan seguramente como suscitó a los hijos de Israel hace mucho? Me fijo en los tres mil quinientos alumnos de la universidad en la que sirvo y me pregunto si son conscientes de que su generación tiene el impresionante potencial de ser el movimiento que “entre” en la tierra prometida… sin ver la muerte.
Tengo amigos que nacieron en la posguerra que vacilan siempre que se menciona el tema de la elección. Y me identifico con ellos. Después de todo, algunos crecimos en iglesias en las que se proclamaba esta noción de “los elegidos” como una especie de consigna de “Somos mejores que todos los demás”. Y, tristemente, el hincapié en el pedigrí de la verdad “exclusiva” apartó a esas congregaciones de sus comunidades y, desde luego, no ganó a mucha gente para Jesús.
Sin embargo, la reacción contraria es igual de equivocada. No querer ofender a nadie y ser aceptado por la sociedad y el mundo puede ser bien intencionado, pero cuando echa por la borda el reconocimiento bíblico de un “linaje escogido”, como recalca Pedro con tanta claridad en nuestro texto, y cuando rechaza la suscitación divina y apocalíptica de un movimiento, entonces esa reacción de los bebés de la posguerra ¡acaba descartando el grano junto con la paja!
Quizá temamos lo que observa con perspicacia Richard John Neuhaus: “Los elegidos por Dios viven el drama y el destino del propio Dios. Es temible ser elegido. Es como si Dios entrara en la historia a través de sus elegidos” (Death on a Friday Afternoon, p. 138).
Negar la elección divina es negar la fundamentación bíblica que se extiende desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Sí, “es temible ser elegido”. Porque ningún movimiento de la tierra ha estado nunca a la altura de ese elevado llamamiento ni ha sido digno del mismo. No obstante, es un llamamiento divino. Y a quien Dios llama, sin duda, lo capacita.
Así que, en vez de disculparnos por el llamamiento divino, la respuesta apropiada puede ser inclinarnos humildemente ante Aquel que nos eligió antes de que naciéramos y comprometernos a seguir por la senda que nos señala.

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson
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martes, 2 de febrero de 2016

EL PROCESO DE SELECCIÓN

“Porque tú eres un pueblo consagrado al Señor tu Dios, y a ti te ha elegido el Señor de entre todos los pueblos de la tierra para que seas el pueblo de su propiedad”. Deuteronomio 14:2, LPH

Seamos sinceros. Hay un proceso obvio de selección en todas las Escrituras. Adán y Eva tienen dos hijos: uno es elegido por Dios y el otro rechazado. El mundo antediluviano incluye a un hombre llamado Noé y a su familia: estos ocho son elegidos y el resto del mundo rechazado.
Una familia gentil de Ur de los caldeos tiene un muchacho llamado Abram: él es elegido por Dios y el resto de la familia queda fuera. Abraham tiene dos hijos: ambos son elegidos por Dios, pero solo uno recibe el destino más elevado. Ese, Isaac, tiene dos hijos: uno es elegido por Dios y el otro queda marginado en un destino menor. El hijo elegido, Jacob, tiene doce hijos: el segundo más joven es elegido por Dios para ser el liberador y los otros acaban inclinándose ante él. La tierra de Egipto se llena de los hijos de Israel, y tras un par de siglos Dios elige a los esclavos y rechaza a los amos.
Israel entra en la tierra prometida y clama por un rey: Dios elige a Saúl, pero luego lo “des-elige”, favoreciendo en su lugar a un pastorcillo llamado David. El reino de Israel prospera y crece y luego apostata y cae: los reyes se suceden, algunos elegidos por Dios y otros rechazadas, hasta que por fin todo lo que queda es un “remanente”.
Tras el largo y penoso exilio, el remanente disperso vuelve a casa, y siglos después Dios aparece en la persona de Emanuel, Jesús de Nazaret, amado por las masas pero rechazado por los dirigentes y ejecutado. Y cuando resucita, surge un nuevo “elegido” sin trabas de ADN, de fronteras geográficas y sin estar limitado tan siquiera por el templo de Jerusalén. Y así prosigue indefinidamente la historia del “elegido”.
¿Y? En toda la historia sagrada Dios ha tenido una comunidad de fe que ha identificado como “los elegidos”. Allí, en los límites de la tierra prometida, Moisés hace entender el quid incontrovertible de la cuestión: Tú “eres pueblo santo a Jehová, tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único entre todos los pueblos que están sobre la tierra”.
Porque, verás, cuando estás en la frontera misma de la tierra prometida, ya va siendo hora de que comprendas la misión divina a la que se te llama.

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson
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