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jueves, 24 de marzo de 2016

LA VERDADERA BELLEZA

“La belleza no es más que ilusión” (Proverbios 31:30).

En una sociedad dirigida por los medios de comunicación de masas, la obsesión por alcanzar la perfección física se ha convertido en el pan nuestro de cada día. Según un estudio citado en un artículo de la revista Glamour, cada día las mujeres suelen tener por lo menos trece pensamientos negativos respecto a su físico. En el mismo artículo se alude a otro estudio realizado por la Universidad Central de Florida, que reveló que a la mitad de las niñas de tres a seis años, ¡les gustaría cambiar algunas partes de su cuerpecito!
Por supuesto, no hay nada de malo en llegar a formar parte de la lista de los cincuenta más bellos de la revista People. La Biblia, por ejemplo, se refiere a Sara, Rebeca, Raquel, Abigail, Betsabé, Tamar, Ester y otras, como mujeres muy hermosas. Incluso de Ester se dice que Hegai la sometió “a un tratamiento de belleza” (Ester 2:3). Elena de White dice que “tenemos que ser cuidadosos de la impresión que dejamos en otros acerca de nuestro arreglo personal” (Hijas de Dios, p. 156).
El problema es que muchos han considerado que el físico es lo primordial, y han olvidado que “la belleza no es más que ilusión” (Proverbios 31:30), que se pierde con el paso de los años. Creo que nos conviene fijarnos en la definición de belleza de la ganadora del Oscar, Lupita Nyong’o. Ella no cumple con los cánones tradicionales de belleza que imperan en nuestra sociedad. Su piel “oscura como la noche”, como ella misma la define, le hacía sentirse acomplejada y llena de temores. Cada noche le pedía a Dios que le blanqueara la piel y soñaba que al amanecer su tez sería más clara. Pero nada externo cambió. Así que Lupita comprendió que “la belleza es algo que no se puede adquirir, es algo que hay que ser. No puedes depender de cómo lucir para sobrevivir en la vida. La verdadera belleza es la compasión”.
Parece que Lupita conocía las palabras de Pedro: “Que la belleza de ustedes no sea la externa. […] Que su belleza sea más bien la incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible. Esta sí que tiene mucho valor delante de Dios” (1 Pedro 3:3-5, NVI).

Lecturas devocionales para Jóvenes 2016
“VISITA MI MURO, 366 MENSAJES QUE INSPIRAN”
Por: J. Vladimir Polanco
#VisitaMiMuro #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaJovenes #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian #BellezaInterior #elInterioresloqueCuenta

sábado, 31 de marzo de 2012

«HAZ CLIC»

Por eso, todos nosotros [...] somos como un espejo que refleja la gloria del Señor. 2 Corintios 3:18.

¿Sabes lo que significa la palabra «icono»? Si la buscas en un diccionario, encontrarás que dice «representación pictórica», «imagen», o «símbolo». Y para encontrar ejemplos solo tienes que encender tu computadora. O quizás, lo que es más fácil aún, basta con que yo diga Internet Explorer, o Adobe, o Microsoft Word, o Google, para que en tu mente aparezca el icono de ese programa, o buscador, o antivirus, o lo que sea. 
Hace algún tiempo leí un interesante artículo donde su autor, David Edgren, preguntaba al lector: «¿Qué icono seleccionarías para representarse a ti mismo?». La pregunta me dejó pensando: ¿Qué imagen escogería yo? Quizás un libro, porque me gusta mucho leer. O tal vez una pelota de béisbol o de basquetbol, mis deportes favoritos. O una manzana, mi fruta preferida. ¿Y cuál escogerías tú? ¿Qué icono representaría mejor tu persona? 
Luego el autor se tornó más personal. Preguntaba al lector qué información aparecería al hacer clic en su icono particular. Con esa sugerencia me dejó preocupado. «Si alguien hiciera clic en mi icono —me pregunté— ¿qué información aparecería al abrirse el programa?» ¡Vaya! Que con solo hacer clic la gente pueda saber cuáles son mis gustos, pasatiempos, aspiraciones, secretos... (Signs of the Times [Señales de los tiempos], mayo de 2008, pp. 28, 29). 
¿Te imaginas? Menos mal que en la vida real solo Dios tiene esa facultad de leer» todo lo que hay en tu mente y en la mía. Ahora bien, que Dios pueda leer lo que hay en nuestro corazón, ¿es una buena o mala noticia? Serían malas si Dios usara esta información para andar por ahí chismeando lo malo que hacemos. Pero no es así. Nuestro Padre celestial solo espera que, arrepentidos, confesemos nuestras faltas para limpiarnos del «virus» del pecado. Para ello dispone del «antivirus» más poderoso del universo: la preciosa sangre de su Hijo Jesucristo. 
¿Qué te parece si, ahora mismo, le pides a Dios que la sangre de Jesús te limpie de todo pecado? Si lo haces de corazón, quedarás tan limpio que si alguien «hiciera clic en tu icono», vería a una persona transformada por el poder del Señor Jesucristo.
Ayúdame, Señor a reflejar, como un espejo, tu gloria. 

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes 
Dímelo de frente 
Por Fernando Zabala