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miércoles, 8 de junio de 2016

CUANDO ESTÉS PERDIDA

“Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios”.

Cuenta Max Lucado que un grupo de jóvenes habían ido al cine y estaban acomodados en sus butacas cuando a uno se le ocurrió salir a comprar algo de comer. Al regresar a la sala, las luces estaban apagadas y no podía encontrar a sus amigos. Subió y bajó los pasillos mirando en todas direcciones, pero cuanto más lo intentaba, más se perdía. Entonces se colocó delante de la pantalla y gritó: “¿Me reconoce alguien?”*
A veces, en la vida, a mí me sucede igual. Vivo acomodada en mi butaca cuando, de pronto, me veo rodeada de oscuridad. Puede tratarse de circunstancias que me son ajenas; de un pecado que he cometido tras haberme propuesto no caer más en él; de un error que me ha traído consecuencias insospechadas; de una relación fallida… El caso es que, hundida en la oscuridad, me cuesta encontrar el camino, percibir dónde se encuentra Dios y llegar a los demás. Mi única forma de salir es la que se le ocurrió a este muchacho: rendirme, ponerme donde Dios me pueda alcanzar, y pedirle: “¡Por favor, ayúdame!”
No sé a ti, pero a mí me pasa que, cuando me pierdo un poco espiritualmente, intento encontrar el camino por mí misma, y lo que me sucede es paradójico: cuanto más busco una salida, más me pierdo.
Intento resolver mis problemas, como Abraham o Jacob, haciendo lo que creo que es lo mejor, pero entonces las cosas se me complican más. Otras veces evado las circunstancias refugiándome en el trabajo, al fin y al cabo trabajo con literatura cristiana, es fácil caer en la tentación… pero esas horas dificultan a Dios poder llegar hasta mí. Tus formas de luchar contra la oscuridad y tus vías de escape pueden ser diferentes a las mías, pero seguro que las tienes. ¿Sabes qué? No conducen a la luz. La única luz está en dejar de buscar por una misma y rendirse a Dios. Esperar confiadamente a que él provea la salida.
En ciertos momentos, tú yo somos una moneda perdida, una oveja perdida, un ser rodeado de oscuridad. En esos momentos, pidamos ayuda a Dios y a las personas cristianas que pueden orientamos con un consejo o una oración. Esperemos confiadas, no nos resignemos y hagamos a Dios las preguntas clave: “Señor, ¿quién soy yo? ¿Me reconoces? ¿Puedes llevarme de nuevo contigo?” Él nos ayudará a salir.

“No tendréis que pelear vosotros en esta ocasión; apostaos y quedaos quietos; veréis como la salvación de Jehová vendrá sobre vosotros” (2 Crón. 20; 17, RV95).

* Max Lucado, Cure for the Common Life [La cura para una vida ordinaria] (Tennessee: Thomas Nelson, 2005), p. 35.

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
#AnteTodoCristiana #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

sábado, 24 de agosto de 2013

CABRAS PERDIDAS

Lugar: Turquía
Palabra de Dios: Salmo 48:14

Pavlos se apresuró a volver a la aldea, esperando que las cabras hubieran encontrado por su propia cuenta el camino a casa. Se suponía que el debía cuidarlas, pero de alguna manera habían desaparecido; mientras, el estaba preocupado. «Estoy seguro de que volvieron a casa sin mí, pensó.
Pero, las cabras no habían vuelto, y cuando el dueño se enteró de lo que había sucedido, se molestó muchísimo.
Vuelve allá y encuéntralas le ordenó. No las puedes dejar alla afuera, solas.
En ese momento, se oyó el aullido de un chacal a la distancia. El sonido asustó a Pavlos. El no quería salir solo, pero sabía que debía hacerlo. Reuniendo todos los pedacitos de coraje que tenía, se adentró en la oscuridad, alejándose de las luces de la aldea. Las estrellas brillaban sobre el.
Mientras caminaba por los cerros, tropezándose con las piedras y las ramas, prestaba atención, tratando de oír el sonido de las campanitas de bronce que usaban las cabras. Perdió todo sentido de dirección, mientras buscaba el rebaño perdido. Cuando finalmente encontró a las cabras todas amontonadas, sintió un gran alivio.
Vamos a casa dijo.
En ese momento, se dio cuenta de que estaba en problemas. No sabía por dónde volver. Miró a su alrededor, pero todo lo que podía ver era oscuridad. Algunos cerros escondían las luces de su aldea. Pavlos sabía que su aldea quedaba al norte de los cerros, pero ¿dónde quedaba el norte? Miró hacia arriba. ¡La Estrella del Norte! ¡Eso era! La estrella lo guiaría de vuelta a casa.
Siguiendo la Estrella del Norte, Pavlos pudo encontrar el camino de regreso a su aldea. Ella fue su guía. Nosotros también tenemos un guía, alguien que puede evitar que nos perdamos. «‘Este Dios es nuestro Dios eterno! 1E1 nos guiara para siempre!»

Tomado de Devocionales para menores
En algún lugar del mundo
Por Helen Lee Robinson

lunes, 12 de septiembre de 2011

¡CÓMO CAÍSTE!

¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Isaías 14:12.

Al verlo, Lidia sonrió. Los dientes, blanquísimos, brillaban como perlas en su boca. Ernesto nunca había visto un rostro tan bello, tan radiante; ni ojos tan llenos de vida y de sueños. Lidia tenía todo para ser una mujer triunfadora. ¿Quién no le abriría las puertas? Cuando deslizaba su cuerpo esbelto por las calles, hasta la vida parecía extenderle la alfombra roja.
Hay personas que nacen así. Como si Dios les confiase algo especial, para alguna misión diferente. Lidia era una de esas personas: resplandecía entre los mortales. Ernesto la amó desde el día que sus miradas se encontraron: Pero, cuando un día le declaró su amor, ella le dijo que era una estrella que él jamás alcanzaría.
De repente el "lucero de la mañana" empezó a creer que podía brillar sola, y que no necesitaba de nadie; ni de Dios. Para nada. ¡Craso engaño! Brilló por algún tiempo, es verdad; subió a las alturas más encumbradas y, desde allí, observó a los demás seres humanos como si fuesen inferiores a ella. Tal vez, pensó que su luz jamás se apagaría; muchos piensan así. Un día, Lucifer también lo pensó. Pero, el texto de hoy registra que aquel ángel de luz fue cortado y cayó a la tierra.
Lidia también. Una noche, mientras regresaba de una fiesta, embriagada, perdió el control del vehículo y chocó contra un árbol.
Los meses que siguieron al accidente fueron meses de lucha: peleó la batalla de su vida para volver a andar; concentró todas sus fuerzas; gimió, lloró; echó mano de lo que tenía y de lo que no tenía por recuperar lo que el accidente le había quitado. Pero, el resultado fue calamitoso: quedó limitada a una silla de ruedas por el resto de su vida.
Su vuelo vertiginoso hacia las estrellas fue cortado por su propia imprudencia, al conducir embriagada, pensando que era dueña de su destino. Ernesto la siguió amando. Un día, la llevó al altar en ese estado, y cuidó de ella con cariño.
Hoy, tu cielo puede verse azul y sin nubes; hoy, puedes brillar como el sol a mediodía. Pero, recuerda que todo en tu vida pertenece a Dios; todo lo recibiste de él. No te apoderes de lo que recibiste prestado. Si lo haces, un día, tal vez la propia vida te diga: "¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

domingo, 7 de agosto de 2011

¿TIEMPO PERDIDO O TIEMPO INVERTIDO?

El alma del perezoso desea, y nada alcanza; mas el alma de los diligentes será prosperada. Proverbios 13:4.

Ese año había recibido a varios alumnos que estaban repitiendo nuevamente su curso de estudios, y como su tutor y consejero me propuse ayudarlos con todas las herramientas pedagógicas posibles.
Además de la oración intercesora que realizaba a menudo, dediqué parte de mis horas de la materia de Biblia para aconsejarlos sobre la importancia del estudio diario. El cerebro, como también otros músculos del cuerpo, se desarrolla a través del ejercicio, y si se lo acostumbra a estudiar, en poco tiempo la incorporación de conocimientos se vuelve un hábito.
De manera especial recuerdo a dos alumnos a quienes no parecía importarles mis exhortaciones en las clases, así que trabajé con ellos de forma privada. Después de meses de seguimiento y conversaciones con ambos, llegué a la misma conclusión: no estudiaban porque perdían el tiempo.
Actualmente existe una variedad de actividades que proporcionan distracciones y contribuyen a "perder el tiempo". Películas, juegos de mesa, de azar y computarizados, deportes, Internet, ocio y algunas otras actividades no son solo distracciones pasajeras, ya que muchas de ellas son practicadas por hábito y tristemente no dejan ningún crédito a favor.
¿Cuál es el problema de sumergirse en alguna de estas actividades, si hace algunos meses analizamos que nuestra mente y nuestro cuerpo necesitan distraerse? El gran problema es que esta distracción se vuelve una actividad en sí misma, en detrimento de alguna otra que nos daría muchos beneficios. El estudio o el trabajo brindan ventajas reales, pues desarrollan nuestra capacidad intelectual y práctica.
Salomón, como sabio y consejero del pueblo israelita, dejó una exhortación que habla de la importancia de aprovechar las oportunidades que nos da la vida: "El alma del perezoso desea, y nada alcanza; mas el alma de los diligentes será prosperada". La pereza en el estudio o en el trabajo, manifestada en actividades que nos hacen malgastar el tiempo, es un daño que cada persona se hace a sí mismo. El tiempo empleado sin provecho, derrochando las posibilidades de crecer profesionalmente, tarde o temprano pasa su "cuenta".
El tiempo invertido en actividades provechosas es una bendición que Dios te da, especialmente en la juventud. No lo desaproveches.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel