martes, 20 de septiembre de 2011

PERDONAR PARA ORAR

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Mateo 5:23, 24.

Cada vez que una persona decide orar, el enemigo de Dios hará todo lo posible para que esa plegaria no tenga poder. La Biblia presenta como advertencia algunos factores que matan la oración. Uno de ellos es la pelea con un "hermano". Eso significa que la manera ideal de llegar hasta el trono celestial es estar en paz con todos nuestros semejantes.
El enojo y la pelea ingresaron al mundo con el pecado. El conflicto emocional entre dos personas, las distancias afectivas, los rencores, los enojos y las iras, crean una raíz de amargura y alejan a los hombres del plan divino. Quien comienza la oración diciendo: "Padre nuestro que estás en los cielos", está aceptando que es "hijo de Dios", y a la vez "hermano" de todos los seres humanos de esta tierra. Por esta causa, Jesús nos dijo: "Si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda".
En algunas ocasiones no es sencillo realizar el mandato de Jesús, y para lograrlo es necesario recurrir a la oración para obtener fuerzas adicionales. Cuando una persona te ha herido mucho, y el dolor que sientes es muy grande, no es fácil "arreglar" cuentas y continuar como si nada hubiera pasado. Para eso es necesario recurrir a través de la oración al poder curativo del Espíritu Santo, a fin de que cicatrice las heridas del alma y la reconciliación sea auténtica.
Este ejercicio que Jesús nos plantea de reconciliarnos primero y luego llevar nuestra ofrenda, tiene el propósito de prepararnos para el cielo. En las mansiones celestiales no habrá ninguna persona enemistada con otra. Allí nadie le dirá a Jesús: "Señor, prefiero quedarme de este lado del río porque del otro lado hay alguien que no me cae bien". Tampoco le podremos decir: "Preferiría, Señor, no comer por ahora de esa fruta, porque cerca del árbol está aquella persona que me hirió muchísimo antes que tú vinieras". Toma la decisión de buscar la paz con tu prójimo, y verás que con la ayuda divina no hay obstáculo que no puedas vencer.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

TÚ ESCOGES

Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho... Génesis 3:1 (p.p.).

Su rostro, reflejado en la pantalla de la computadora, mostraba la lucha de su corazón: con el mouse en la mano, enfrentaba una intensa batalla interior; tan intensa como la lluvia que caía en la ciudad, aquella noche. ¿Cuál era el problema? ¡Nunca nadie lo sabrá! Si fuese un enviciado, tal vez; pero, Carlos solo consideraba aquello un pasatiempo. Su mente fabricaba argumentos, con el fin de comprar aquella película, pero su corazón gritaba: ¡No!
La batalla de Carlos es la figura exacta de lo que sucede a muchos que buscan argumentos racionales para avalar sus pecados. Desde que el mundo es mundo, el ser humano intenta justificar las cosas malas.
En la soledad de la noche, una lista infinita de argumentos desfiló por la mente de Carlos: "Eso era malo en el tiempo de mis padres"; "Eso es terrorismo de la iglesia"; "Moralismo barato"; "Puritanismo sin lógica". Ante todos esos argumentos, ¿cómo no iba a ser víctima de sus deseos?
En su abierta rebelión en contra de Dios, el ser humano lo ataca argumentando que es un déspota, un tirano, un dictador que se complace en quitar la libertad de sus criaturas, al bloquear los "placeres" de esta tierra con un sello de "prohibido". Esa acusación no es nueva; nunca lo fue: hace miles de años, uno de los ángeles inició una rebelión celestial utilizando las mismas acusaciones.
Dios ama a sus hijos y, en su infinito amor, dice "No" para algunas cosas, y orienta a sus hijos a obedecer por su propia seguridad. Dios jamás obliga a nadie a seguir el camino que él presenta: la decisión siempre es tuya. Una prueba de eso es el árbol del bien y del mal, en el Jardín del Edén. No estaba escrito, pero la opción de escoger era potestad del ser humano. La obediencia a Dios no es esclavitud, sino el resultado de una elección.
Hoy, al salir para vencer tus desafíos, con seguridad encontrarás muchos "árboles" de prueba. En todas las situaciones recuerda que, cuando Dios ordena que no comerás del árbol de la ciencia del bien y del mal, es porque te ama; pero la elección es siempre tuya. Recuerda que "la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho..."

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

lunes, 19 de septiembre de 2011

87 AÑOS

Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe. (Hebreos 12:1).

El 26 de noviembre de 1827 nació Elena Harmon en Gorham, Maine. Cuando tenía 12 años oyó predicar a William Miller sobre la pronta venida de Jesús y su tierno corazón fue impactado de tal manera que pasó varias noches sin poder dormir, pensando que sus pecados no habían sido perdonados y que cuando Cristo viniera, ella estaría perdida eternamente. Tal fue su angustia que su madre la alentó para que consultara al pastor Stockman. Mientras este escuchaba las palabras de aquella joven, lágrimas brotaron de sus ojos y dijo: «Hija, creo que Dios te está preparando para una gran obra. El Espíritu Santo está trabajando en tu corazón y eso es una garantía de que la sangre de Cristo te ha limpiado y redimido. El te ama y no desea que te pierdas, así que, confía en él». Sobre esta experiencia ella escribió años más tarde: «Salí de su presencia llena de ánimo y consuelo».
Al igual que Elena, tú y yo podemos ir ante la presencia de Dios para obtener perdón y paz. El salmista nos dice: «Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios» (Sal. 51: 17). Aquella niña había nacido para ser ciudadana celestial y no perdió de vista el lugar que quería ocupar en el cielo. Sus últimas palabras fueron: «Se en quién he creído». Durante 87 años el ángel de Jehová estuvo a su lado librándola de las garras del maligno. En ocasiones fue sacudida violentamente por el torrente tempestuoso del mal, pero nada impidió que su fe creciera. Ella sabía que había creído en un Dios perdonador, misericordioso y justo. Hoy sus restos descansan inertes, aguardando aquella bendita esperanza con la que dejó este mundo.
¿Te gustaría que tu experiencia fuera similar a la de esta gran mujer? No se trata de un personaje de ficción, sino de una mujer como tú y yo, atribulada, sacudida por la muerte de dos de sus hijos, viuda durante varios años, enferma y muchas veces incomprendida; pero nada de eso la hizo flaquear.
¿Te consideras una ciudadana del reino celestial? No pierdas de vista tu meta.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

EN EL NOMBRE DE JESÚS

De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Juan 16:23.

Orar en el nombre de Jesús es otra de las condiciones que nos presenta la Escritura para que nuestras oraciones tengan respuesta.
Muchos dicen: "Todo esto te pedimos en el nombre de Jesús", sin pensar realmente lo que están diciendo. Aprendieron a orar así, lo hacen por costumbre, pero no se dan cuenta que en el nombre de Jesús hay poder; y para que este poder se manifieste, cada cristiano debe ser consciente de lo que dice al orar.
Además, orar en el nombre de Jesús no es una fórmula mágica o matemática, que garantiza que obtendremos lo que pedimos. Tampoco es un señuelo para que el Padre conteste una oración que no deseaba contestar. Orar en su nombre es hacer una proclamación audible de la fe que se tiene en Jesús como Salvador, Mediador y Redentor. Es reconocerse pecador y admitir que el Padre solo puede contestar los ruegos de quienes están en armonía con su santa ley. Como esto es imposible, humanamente hablando, entonces se presenta la alternativa de confiar en los méritos de Cristo, y de esta manera, por fe, el creyente se encuentra con la santidad de Jesús.
Orar en el nombre de Jesús es aceptar su vida como modelo y procurar imitarla. Es hablar como él habló, creer lo que él creyó y amar como él amó. Es manifestar humildad en cada aspecto de la vida y manifestar mansedumbre en el trato con otros, sabiendo que en este mundo estamos peregrinando, hasta que él regrese y termine con el pecado. Es hacer su voluntad, incluso cuando nuestros gustos o preferencias indicarían un camino contrario, porque en su nombre hay poder en el cielo y en la tierra, incluso sobre los gustos de los mortales.
En este día, cuando te entregues a Dios en oración y pongas todas tus actividades en sus manos, piensa en Jesús, tu Salvador. Al orar en su nombre, recuerda sus promesas y pídele fuerzas al Padre eterno para vivir como vivió su Hijo. Agradece a Dios por haberlo enviado, agradece por su sacrificio expiatorio, agradece porque en el nombre de Jesús hay poder. Comienza cada día de tu vida y cada actividad que hagas en el nombre de Jesús, y verás miles de bendiciones derramadas sobre ti.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

VOLVED

El guarda respondió: La mañana viene, y después la noche; preguntad si queréis, preguntad; volved, venid. Isaías 21:12.

Todos sabemos que la mañana viene y después la noche. No hay novedad ninguna en esta declaración, a no ser por un simple detalle: esta declaración es profética. En el contexto literal, se refiere a la tribulación que se aproximaba al pueblo desobediente, y a la recompensa y la liberación final de los justos, en los días de Judá. La mañana para unos, y la noche para otros.
Pero, como en la mayoría de las profecías hechas a Israel, el cumplimiento total se proyecta hacia el final de la historia de este mundo, cuando la paja y el trigo serán colocados aparte, las ovejas y los cabritos serán separados, y las vírgenes prudentes y las insensatas cosecharán lo que sembraron.
¡La mañana viene! Querámoslo o no, aceptémoslo o no, estemos preparados o no. La mañana gloriosa de la venida de Cristo se aproxima: Los índices de violencia de nuestros días lo anuncian; los cataclismos naturales, de una tierra herida por el ser humano, lo gritan a pulmón lleno; la incredulidad reinante del humanismo lo proclama. La mañana viene, trayendo la gloria del Cristo victorioso, para recompensar a sus fieles.
Pero, después de la mañana viene la noche. También es inevitable. Llega trayendo, en sus alas, la destrucción de una raza rebelde. Angustia, dolor y desesperación: el justo resultado de obras injustas, que realizaron hombres injustos.
Pero, lo que quiero destacar del versículo de hoy es la tierna invitación: "¡Volved, venid!" ¿Por qué volver? Porque un día te fuiste; te apoderaste de la vida que pertenece a Dios y corriste, como un niño que aprendió a andar, detrás de lo que llamabas "libertad". ¿Por qué venir? Porque estoy lejos, y debo acercarme al trono de la misericordia mientras haya tiempo. Esa decisión no la puedo dejar para mañana: no hay más tiempo que perder; la mañana está a las puertas. Y también la noche.
¿Dónde estás, en este exacto momento? ¿Qué estás haciendo con tu vida? ¿Hacia dónde te diriges? Este es un día para revisar tus caminos y volverte a tu Creador. No comiences las actividades de este día sin consagrarte al Señor, porque "el guarda respondió: La mañana viene, y después la noche; preguntad si queréis, preguntad; volved, venid".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

domingo, 18 de septiembre de 2011

UN TESORO QUE ESPERA POR TI

El entendido en la palabra hallará el bien; el que confía en Jehová es bienaventurado (Proverbios 16: 20)

Estudiando acerca de los depredadores encontré algunos datos interesantes. Se dice que cada especie tiene sus propias técnicas para cazar y alimentarse. Los guepardos, por ejemplo, llegan a alcanzar velocidades de más de 95 km/h, gracias a las cuales pueden cazar gacelas fácilmente. Por su parte los leones, que no son tan rápidos, tienden a agazaparse para abalanzarse sorpresivamente sobre su presa. Otros animales prefieren cazar en manadas, aunque al final se peleen entre sí para quedarse con la presa. Leyendo sobre estos interesantes métodos de supervivencia pensaba que mientras los animales se esfuerzan por satisfacer sus necesidades básicas y las de sus familias, nosotras a veces descuidamos nuestra nutrición emocional, educativa y espiritual.
El cuerpo humano cuenta con un mecanismo que nos mantiene al tanto de la necesidad de alimento físico, pero cabe hacerse la pregunta: ¿Estamos bien alimentadas en otros ámbitos como el espiritual? Por ejemplo, ¿cuánto tiempo dedicas a fortalecer tu sistema emocional, alimentándolo con buenos seminarios y materiales que te proporcionen una autoestima saludable? O, ¿cuánto tiempo dedicas a la lectura edificante e instructiva? Sobre todo, ¿qué haces con tu nutrición espiritual, que es la más importante, porque tiene consecuencias eternas?
El versículo de hoy afirma que atender la instrucción es beneficiarse con el bien que encierra. A veces dedicamos tiempo a alimentarnos física y emocionalmente con pura chatarra, y aparentemente nuestro sistema funciona bien, pero más temprano que tarde, al enfrentar las inclemencias de la vida, nuestra construcción se desvanecerá.
La segunda parte del versículo presenta el mayor tesoro que podemos obtener: la felicidad que proviene de la confianza en Dios. Pero, ¿cómo adquirir esa confianza? La Biblia nos dice que la fe se obtiene por medio de la Palabra de Dios. ¿Y cómo llega hasta nosotras? A través de la lectura, del estudio, dedicando tiempo a preparar banquetes espirituales. Si haces esto, tu vida será una fuerte torre construida sobre la Roca viva que es Jesús. Así podrás enfrentar los vendavales y permanecer firme.
La inteligencia sin sabiduría es como un baúl sin tesoro.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

PERSEVERANCIA EN LA ORACIÓN

También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar. Lucas 18:1.

Cuando se utiliza la oración para rogarle a Dios por algo que nunca podríamos tener por nuestros propios medios, las Escrituras presentan "requisitos" para que Dios actúe y conteste el pedido. No es que el Señor necesite de esos requisitos, sino que estos tienen el propósito de acercarnos a él y ayudarnos a crecer espiritualmente.
Desde los tiempos de Jesús, muchas personas le pedían al Padre algo determinado, y al pasar el tiempo y no recibir respuesta, esas personas se "cansaban" de orar, y dejaban de hacerlo. Jesús vio esto, y entonces les narró "una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar". Esa parábola habla de pedir con perseverancia hasta que la oración sea contestada.
¿Qué es la perseverancia? Una niña de tres o cuatro años desea jugar con las ollas que su madre utiliza en la cocina, pero al pedírselas la madre le explica que no son un juguete y se niega a dárselas. La niña comienza a tirar de la falda de su madre, llora, por momentos grita, y continúa pidiendo las ollas para poder jugar. Después de unos quince minutos, la madre tiene los oídos "taladrados" por los gemidos de su hija, y ya bastante molesta termina dándole las ollas para que no insista más. ¿Qué hubiera pasado si la hija no insistía? Nunca hubiera tenido las ollas para jugar.
La parábola de Jesús presenta la vida de una viuda que con perseverancia va a un juez para que la defienda de su adversario. Como el juez era corrupto, no quiso escucharla, pero como la viuda no se cansaba de pedirle justicia, finalmente el juez accedió. Al terminar la parábola, Jesús preguntó: "¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?", para luego dejar la gran promesa: "Os digo que pronto les hará justicia" (Luc. 18:7, 8).
Si hay algo que deseas con todo tu corazón, que honrará a Dios y será una bendición para ti y tus semejantes, pídelo en oración a tu Padre celestial. Si la respuesta se tarda, no abandones tu ruego. "La perseverancia en la oración ha sido constituida en condición para recibir" (El camino a Cristo, p. 97). Dios conoce cuál es el mejor momento para contestar tu oración, por eso continúa orando como lo hacía la viuda. La respuesta llegará como un gran regalo de cumpleaños.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

SOBERBIA

Pero acontecerá que después que el Señor haya acabado toda su obra en el monte de Sión y en Jerusalén, castigará el fruto de la soberbia del corazón del rey de Asiría, y la gloria de la altivez de sus ojos. Isaías 10:12.

El versículo de hoy es una declaración profética. Tiene que ver con la restauración final de los hijos de Dios y con la destrucción completa del enemigo simbolizadas, en este texto, por el rey de Asiría. Hay dos características, en el carácter del rey de Asiria, que Dios desaprueba. Todas las acciones despiadadas y pecaminosas que él realizó fueron fruto de estas dos características: la soberbia de su corazón y la altivez de sus ojos.
Percibe que el pecado siempre comienza en el corazón. Pero, lo que el rey de Asiria tiene no es nada "moralmente malo". En otras palabras, nadie va a la cárcel por acariciar la soberbia; ninguna iglesia reprendería a un miembro por anidar este sentimiento. Primero, porque no se ve; está en el corazón, protegido por las cuatro paredes de las intenciones escondidas. Pero, en segundo lugar, porque la soberbia no "le hace mal a nadie". ¿No es así como pensamos?
El adulterio, el robo, la drogadicción, la prostitución, esos sí que son "pecados condenados". Pero, Dios afirma que todo eso es fruto de la soberbia, acariciada en el corazón. La soberbia es la alocada idea de que puedes vivir sin Dios: tú eres tu propio dios; nadie tiene que decirte lo que debes o no debes hacer; tú eres el dueño de tu vida.
El tiempo, sin embargo, se encarga de demostrarte que esa loca idea te hace descender a las profundidades más oscuras del comportamiento humano.
La segunda característica que Dios reprueba es la altivez de los ojos. Esta es la segunda etapa de la soberbia: primero piensas, no te atreves a decirlo; crees que eres el mejor, pero te lo guardas solo para ti. Los días pasan, y la repetición constante de un mismo pensamiento te lleva, finalmente, a la acción: tus ojos empiezan a revelar lo que tu corazón abriga. Te atreves a decirlo y a luchar, con tus propias armas, para alcanzar lo que tu corazón anhela.
Esa fue la tragedia de Lucifer; así comenzó el pecado en el cielo. Y esa, también, puede ser nuestra tragedia hoy, si no buscamos a Dios y nos sometemos a él.
Haz de este un día de humildad. Ríndete a Jesús, entrégale tus planes, colócate en sus manos. Y recuerda la advertencia; "pero acontecerá que después que el Señor haya acabado toda su obra en el monte de Sión y en Jerusalén, castigará el fruto de la soberbia del corazón del rey de Asiria, y la gloria de la altivez de sus ojos".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón