sábado, 5 de noviembre de 2011

NO DEBEMOS JUZGAR

No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. Mateo 7:1, 2.

Si en la iglesia hay personas que cometen pecados a sabiendas, ¿por qué tengo que asistir a esa iglesia?" "¿Es necesario ir a la iglesia, cuando se conoce que hay gente hipócrita?" Escuchaba a menudo preguntas como estas de labios de los alumnos del colegio donde me tocó trabajar, y notaba en ellos que de alguna manera estaban buscando una razón para dejar de asistir los sábados al templo.
Tengo que admitir que en cierta medida ellos tenían razón. A la iglesia asisten personas que cometen pecados voluntarios y a sabiendas, personas que tienen una doble personalidad, que sirven a Dios y a su enemigo; personas que pretenden ganar el cielo solo por asistir a un templo, cuando su vida espiritual está muy lejos del modelo divino que Dios dejó en su Palabra. La parábola del trigo y la cizaña dejó en claro que en el mismo campo habrá dos tipos distintos de "plantas". La presencia de cizaña no debe ser la razón para que nosotros dejemos de congregarnos en la iglesia.
Por otro lado, ¿cómo sabemos que otras personas son falsas o hipócritas? ¿Tenemos nosotros el derecho de juzgar el corazón y las intenciones de otros?
En general, a las personas no les gusta que se las juzgue o se las critique, y la Biblia apoya este sentimiento. Los labios de Jesús dijeron: "No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido". Es decir, quienes vamos a la iglesia no tenemos derecho a juzgar a los demás, ya que esa misma medida usará Dios para juzgarnos a nosotros. Además, Santiago agrega otras razones por las cuales no debemos juzgar. "Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley, y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?" (Sant. 4:11, 12).
Por lo tanto, al asistir a la iglesia cada sábado, recuerda esto: No importa quienes vayan o porqué lo hacen, tu asistencia tiene que ser por amor a Jesús y para encontrarte sábado a sábado con él.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

TOMA TU CRUZ

Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Marcos 8:34.

Qué significa tomar la cruz? ¿A qué cruz se refiere el Maestro? En el caso del joven rico, por ejemplo, mucha gente piensa que la cruz es la pobreza: el joven "tendría" que renunciar al dinero y hacerse pobre, para seguir a Jesús. Es una buena deducción, pero no es correcta. Tener dinero nunca fue problema para seguir a Jesús.
Hoy, Jesús no pide a nadie que renuncie a su dinero, o a su profesión o a su familia, para seguirlo. La expresión "Tome su cruz" está explicada por la frase anterior, y que dice: "Niéguese a sí mismo". Negarse a sí mismo no es fácil; tomar la cruz, de alguna forma, puede serlo. Negarse a sí mismo es despojarse del deseo de hacer las cosas como a uno le parece; es volverse un hombre de Dios; aprender a depender de él, a ser humilde, manso, a guiar a las personas por el poder del amor, y no por el poder de la fuerza.
Para que eso sea una realidad, es necesario levantarse temprano y deponer el alma a los pies de Cristo. No se trata solo de un discurso bonito: no es asunto solo de palabras, sino de vida.
Tú puedes decir muchas cosas bonitas, pero si la dependencia de Dios, en tu vida, es solo teórica, se notará en el momento en que la crisis aparezca. Porque, entonces, "en el nombre de Dios" querrás hacer las cosas como tú quieres. Y, de tanto usar la expresión "en el nombre de Dios", pasarás a creer que realmente estás haciéndolo en el nombre de Dios, cuando lo estás haciendo, en realidad, en tu propio nombre.
El versículo de hoy empieza relatando que Jesús llamó a las personas y a sus discípulos. Quiere decir que este consejo se aplica a todos los seres humanos; sirve para todas las circunstancias, a pesar de las culturas, los países, las razas o el tipo de actividad que se realice.
Haz de este día un día de servicio, en tu vida. Pregúntate en qué puedes mejorar; en qué necesitas crecer; qué tienes que pulir y dónde necesitas que Dios trabaje en ti. Recuerda que la vida cristiana involucra crecimiento, y que el crecimiento es un proceso que demanda tiempo. Ten paciencia contigo, pero no te quedes parado en el mismo lugar: lo que lograste hasta hoy está bien para hoy, pero ya no estará bien para mañana; mañana será otro día, y debes haber crecido.
No salgas, para tus actividades hoy, sin recordar: "Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

viernes, 4 de noviembre de 2011

¡SOY YO! ¡NO TEMAS!

Viéndolo ellos andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y gritaron. (Marcos 6:49).

Muchas historias aterradoras de fantasmas tienen como base la creencia casi universal en la inmortalidad del alma. Contadas a veces a modo de chistes y otras como relatos de terror, todas ellas generan gran ansiedad y expectativa en las mentes humanas.
La creencia en la inmortalidad de alma tiene su origen en la afirmación que la serpiente hizo a Eva en el Edén: «No moriréis» (Gen. 3: 4). Desde entonces, a medida que la tierra ha ido poblándose, el ser humano ha ido inventando distintas deidades en las que alimentar esta creencia, depositar su confianza y reducir así sus temores. Satanás ha creado un falso sistema de adoración en el que el ser humano puede suplir su necesidad de protección. Tal ha sido su éxito que Dios tuvo que ordenar-nos enfáticamente que nos alejáramos de este tipo de creencias, cada vez más populares. Por eso hasta nuestros días llega la triste amonestación: «¿No hay Dios en Israel para que vayáis a consultar a Baal-zebub, dios de Eerón?» (2 Rey. 1:3).
Para mí, que crecí en un hogar cristiano, no cabe la posibilidad de que existan almas que vagan por un universo paralelo al nuestro. Los ángeles de Dios sí obran milagros sobrenaturales, pero en la Biblia no encontraremos evidencia de personas que hayan muerto y sigan en contacto con los vivos. Por esta razón me causa tanto asombro la inesperada reacción de los discípulos que, habiendo convivido con el Maestro durante algún tiempo, todavía conservaban cierta clase de idolatría o superstición en sus creencias.
Los discípulos, cumpliendo a regañadientes la orden de Jesús, habían vuelto al mar. Sintiéndose turbados y decepcionados, permitieron que su mente se centrara en las dudas y el temor. Por eso, cuando el Señor se les apareció, no pudieron reconocerlo. ¿Sabes? Cuando damos cabida a los pensamientos negativos dejamos de divisar la presencia divina. Dios te ayude a no perder nunca de vista que tienes un Salvador que está siempre contigo. Él es un Dios real, el único que puede salvarte.
Jesús te dice hoy: «¡Animo! ¡Soy yo! ¡No temas!» (ver Mar. 6: 50).

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

TODOS JUNTOS, HASTA EL FINAL

Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega. Mateo 13:30.

Susy era una alumna en su último año de educación media y se estaba preparando para ingresar a la universidad. Conocí a su padre, anciano en una iglesia adventista, casi de casualidad, y después de ese encuentro me invitó a predicar. En lo poco que lo conocí, lo vi como un hombre maduro, responsable, que desempeñaba su cargo con fidelidad.
Susy era mi alumna en la materia de Historia Sagrada, y a medida que fue entrando en confianza descubrí que decía malas palabras. En el aula, en los recreos, en las clases de educación física, Susy decía siempre alguna mala palabra que arruinaba el ambiente. Abordé este tema en charlas personales y en clases generales, pero nada la hacía cambiar. Una mañana, mientras yo estaba dando la materia, a Susy se le "escapó" nuevamente una grosería. Sintiendo que ya no tenía recursos para producir algún tipo de cambio, le pregunté: "¿Susy, hasta cuándo vas a decir malas palabras? ¿En tu hogar tus padres no te dicen nada cuando hablas así?" Inmediatamente Susy respondió: "Capellán, si usted escuchara las malas palabras que dice mi padre, nunca me llamaría la atención".
Desafortunadamente, algunos cristianos adventistas no practican lo que predican. Estoy seguro de que a esta altura tú también recordarás algún incidente ocurrido en tu iglesia por alguien que parecía un excelente cristiano, pero que en determinado momento manchó el nombre de Cristo haciendo algo que no debía.
Cuando los siervos del Señor notaron que en el campo había cizaña con el trigo, le preguntaron a su amo: "¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?" El dueño del campo respondió: "No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega" (Mat. 13:28-30). Y de allí se desprende una lección muy importante: el trigo y la cizaña crecerán juntos hasta la venida de Jesús.
No te desanimes si notas lo mal que se conduzcan algunos miembros de tu iglesia, lo que más importa es que tu vida esté en armonía con el único Modelo genuino: Cristo Jesús.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

GLORIA VENIDERA

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Romanos 8:18.

¡No es fácil seguir a Jesús! No es fácil, para la naturaleza humana, renunciar a los apetitos del propio corazón. Hasta cuando creemos que estamos siendo sinceros, podemos estar siendo mal intencionados, y no lo percibimos.
¿Te acuerdas de los dos discípulos que sugirieron a su madre que le pidiese a Jesús un lugar importante, para ellos, en el futuro reino? ¿Crees que eran mal intencionados? Yo creo que no. Ellos, simplemente, no habían entendido lo que era el Reino de Dios. Por eso, Jesús tuvo que explicárselo, en detalle, muchas veces.
Les dijo que el Hijo del Hombre no tenía dónde reclinar la cabeza, mientras que las zorras tenían cuevas y los pajarillos nidos; les dijo que era necesario dejar al padre y a la madre para seguirlo. Incluso, dijo a una persona que ni siquiera se tomase el trabajo de ir a enterrar a su padre, si quería seguirlo. Todo esto, para que ellos no se confundiesen, y lo siguiesen por motivos equivocados.
La vida de un seguidor de Jesús tiene que estar llena de sufrimientos. El discípulo necesita entender que, a pesar de vivir una experiencia de comunión diaria con Jesús, puede haber dificultades a lo largo del camino.
Sin embargo, Jesús no solo les mostró el aspecto difícil del discipulado. No les habló únicamente de renuncia y de entrega, sino también les afirmó que, a pesar de eso, habría, también, maravillosas promesas para ellos.
Es verdad que, mientras vivamos en este mundo, habrá aflicciones para el pueblo de Dios. ¿Por qué no las habría, si vivimos en un mundo de dolor y en medio de seres humanos que, muchas veces, desprecian todo lo que tiene que ver con Jesús?
Pero, el tiempo presente es solo como un segundo comparado con la eternidad, en la que disfrutaremos de las bendiciones del Señor Jesús, que no tendrán fin. Eso es lo que afirma San Pablo, en el versículo de hoy. Él no niega la realidad dolorosa del presente: él afirma que, en esta vida, vamos a encontrar aflicciones. Tal vez, en este mismo instante tú estás viviendo unos de esos momentos terribles. Pero el apóstol afirma que todo ese sufrimiento es nada, comparado con la gloria de la presencia de Jesucristo en la eternidad.
Con estos pensamientos en mente, sal, recordando que "pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

jueves, 3 de noviembre de 2011

DIFERENTES

Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios. (1 Pedro 2:9).

Cuenta la leyenda que mientras Hércules sostenía en brazos a su pequeño hijo, afirmó: «Un día crecerás, y te darás cuenta de que eres diferente a los demás. Entonces tratarás de cambiar tu destino, pero no lo conseguirás. Así que deberás aceptarlo. Ser diferente resulta difícil, pero puedes convertirlo en algo especial. ¡Puedes ayudar!».
Tú y yo no somos hijas de un semidiós creado por la imaginación de mentes humanas, sino del único y verdadero Dios. También él un día nos tomó en sus poderosas manos para decirnos con inmenso amor: «Has sido creada para realizar grandes cosas. Eres especial porque eres mi hija. Ser diferente es difícil, pero te da la oportunidad de hacer grandes cosas. Tienes como destino la vida eterna. No trates de cambiar el futuro glorioso que reservo para ti por un presente temporal. Aunque la derrota parezca acecharte, no temas, yo estaré contigo».
El texto de hoy nos asegura que hemos sido llamadas para formar parte de un linaje escogido, de un real sacerdocio, de una nación santa y de un pueblo adquirido por Dios, y yo añado, a un precio infinito. ¿Para qué? Pedro nos dice que para que anunciemos las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a la luz admirable. Nuestra vida, a diferencia de la de este héroe de la mitología griega, no está regida por dioses sin escrúpulos que se deleitan en tergiversar nuestro presente para vengarse y acarrearnos desgracia. Aunque existe el mal, tenemos un Dios que venció todo pecado y su gracia nos da la victoria.
Qué privilegio tan grande poder anunciar el amor, la misericordia y el perdón de un Dios que no tenía por qué arriesgar su felicidad, pero lo hizo porque, somos especiales ante sus ojos. Nos tomó en sus manos y, con gran compasión, decidió colocar sobre nuestras cabezas una corona incorruptible. Si alguien quiere hacerte mirar atrás, recordándote tus errores pasados y tu debilidad presente, no olvides que eres diferente, porque eres hija del Dios eterno. Solo debes aceptar tu posición gloriosa y caminar con paso firme.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

EL ARCA DE DIOS

No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. Hebreos 10:25.

Jesús profetizó que como ocurrió "en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre" (Mat. 24:37-39).
Si empleamos nuestra imaginación, podemos ver a Noé en la construcción de la gran embarcación. Lo podemos ver trabajando duro, y de tanto en tanto, dejando las maderas y mirando a la multitud para amonestarla con el mensaje de que "el fin del mundo" estaba cerca, que habría un diluvio universal.
Al principio, como toda novedad, su mensaje llamó la atención y ganó un buen número de adeptos, pero con el paso de los años, poco a poco, estos racionalizaron la veracidad del diluvio.
La gente se dijo: "Jamás hubo un diluvio universal, ¿por qué habría de cambiar ahora el clima? Parecía imposible que sucediera algo nunca antes sucedido. Una vez terminada el arca, muchos notaron que era incómoda. Cuando los animales entraron, los comentarios se hicieron oír: "El arca tiene un olor horrible. Además, ¿cómo podríamos dormir en paz, si todos se ponen a chillar? El arca debería ser solo para personas, no para animales". Finalmente, Noé y su familia entraron en el arca, y después de siete días de espera Dios cumplió su promesa. Un diluvio universal acabó con la civilización humana, y aunque muchos se negaron a verlo, al rechazar el arca aceptaron la muerte.
Actualmente, Dios también posee un arca de salvación: su iglesia. Quienes trabajan en ella llevan años predicando que el fin del mundo se aproxima con la venida de Jesús. De alguna manera, para muchos también la iglesia es un lugar "incómodo". En ella no hay solo gente santa, también asisten personas falsas, mentirosas y traicioneras. Pero aunque esto sea verdad, cuando Jesús vuelva a la tierra, no vendrá a buscar a cristianos "islas", sino a un pueblo que enalteció sus mandamientos por sobre todas la cosas. Por eso, más allá de lo que sientas o hayas visto en tu iglesia, contribuye para que ella sea un instrumento de salvación, para ti mismo y para otros.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

¡DECÍDETE!

Respondió Rut: no me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y donde quiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios mi Dios. Rut 1:16.

Edson sufría. Su dolor era el dolor del espíritu. Su lucha, interior, aquella que, cuando te hiere, no sangra por fuera; aquella que nadie ve y, sin embargo, te incomoda de día y de noche.
Todo había empezado al encontrarse con verdades ignoradas. Estaban allí, en la Biblia; un libro tan antiguo y tan nuevo, al mismo tiempo. La actualidad, la practicidad y la relevancia de esas verdades lo asustaban y lo sorprendían; lo fascinaban y le causaban temor.
¿Puede la Biblia asustar? ¡Claro que sí! Remueve los fundamentos de todo lo creído; sacude tus convicciones; estremece tu realidad.
Frente a la Biblia, solo tienes tres caminos: la aceptas, la niegas o la relativizas (es decir, la acomodas a tu gusto, creas tu propia verdad, la particularizas, solamente para aplacar el grito de la conciencia).
Negarla sería falto de inteligencia. ¿Cómo negar el día, si el sol brilla, esplendoroso, en medio del cielo azul? Más fácil sería razonar en torno a esa realidad. Decir, por ejemplo, que es de día aquí, pero la noche envuelve a los que habitan el otro lado del planeta.
¡Olvídate de quienes viven al otro lado de la tierra! Estamos hablando de tu realidad. ¿Por qué no la aceptas?
Edson sufría. Sentía el dolor de Rut, cuando le dijo a la suegra: "Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios, mi Dios"; era el dolor de la decisión. Decidir jamás fue fácil; confortable es quedarse encima del muro, esperando ver de qué lado sopla el viento. Confortable, en palabras. Porque el espíritu sufre, se desintegra, se divide, se inhabilita para la felicidad.
Hay momentos, en la vida, en que es necesario dar el paso definitivo. Avanzar o retroceder: decidir.
La decisión de Rut, la joven moabita, quedará registrada en la historia como una de las decisiones más extraordinarias. Miró hacia su pasado sin miedo; contempló el nacimiento de un nuevo día. No renunció a sus convicciones: les dio otra dirección.
La verdad no borra tu pasado; le da sentido, lo restablece. Te ubica en la única realidad que vale: la que proviene de Dios. Por eso, Rut dijo a Noemí: "No me ruegues que te deje y me aparte de ti, porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y donde quiera que vivieres, viviré; tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón