martes, 20 de enero de 1976

SALVADO POR UNA TORTUGA MARINA

Yo Jehová, Santo vuestro, Creador de Israel, vuestro Rey. Así dice Jehová, el que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas. Isa. 43:15, 16.

Las tortugas marinas llegan a pesar de cuatrocientos a quinientos kilos, pero en término medio pesan entre ciento cincuenta y doscientos kilos según la especie. Viven en las aguas templadas y tropicales, y son muy conocidas por su habilidad para nadar año tras año, sin equivocarse, por el océano sin senderos, para llegar a las pequeñas islas en que nacieron. Allí depositan sus huevos en la arena y regresan al mar para merodear por miles de kilómetros antes de volver al año siguiente.

Hace poco un joven marinero coreano se cayó al agua desde un barco en la costa del Pacífico frente a Nicaragua. Nadie se dio cuenta de su ausencia y sus gritos de auxilio no pudieron sobreponerse a los ruidos del barco. Quince horas más tarde el barco sueco "La Ciudadela" navegaba por esas mismas aguas cuando uno de los miembros de la tripulación descubrió lo que le parecía la cabeza de un hombre. Al principio los marineros no lo podían creer, hasta que vieron emerger el cuello y los hombros por sobre el agua. El joven coreano fue rescatado inmediatamente y manifestó que poco después de caerse se acercó una tortuga marina y él trepó encima; fortuita o providencialmente, la tortuga no se sumergió durante las quince horas en que él estuvo aferrado a su caparazón.

Este es un extraordinario ejemplo de la forma en que Dios nos salva mientras flotamos sobre las procelosas aguas del mar de la vida. Cuando Jonás cayó al agua, Dios le proporcionó un gran pez para que no se ahogara. Yo estoy seguro de que Dios le proporcionó una gigantesca tortuga marina a ese marinero coreano para que no pereciera.

Jesús es el Rey del mundo y él conoce el sendero que recorren todas las criaturas que nadan por el mar. También conoce la orientación de tu vida. Sabe de dónde viniste, dónde te encuentras y hacia dónde vas. No solo es capaz de proporcionar medios para tu salvación enviando peces o tortugas si fuere necesario, sino que desea que tú te conviertas en esperanza y apoyo de los que están luchando en medio de la confusión. Con solo mantenernos en sintonía con Jesús, tal como debe haber ocurrido con la tortuga cuando Dios la necesitaba, podemos ser de gran ayuda para los demás.


Devoción matutina

Por: Santiago A. Tucker.

«Maravillas de La Creación»

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