Uno de los viajes más peligrosos del mundo es el que emprende la pata madre cuando conduce a sus patitos por primera vez al mar. Esos patitos marinos se dirigen instintivamente hacia el océano y viven exclusivamente de lo que este les proporciona. Hacen sus nidos en lugares que están junto al mar y que se hallan ubicados a veces sobre acantilados que pueden tener de tres a seis metros de altura.
Las gaviotas son muy aficionadas a servirse para el almuerzo o la cena un patito marino extraviado. Sobrevuelan la zona en que se encuentran los nidos y vigilan constantemente para ver si pueden atrapar a un patito perdido o que se ha caído en una grieta de las rocas. Cuando la pata madre avanza hacia el acantilado con todos sus patitos detrás, a menudo estos forman una fila, lo que constituye la oportunidad perfecta para que las gaviotas atrapen a uno de ellos. Pero durante ese crítico viaje, las hembras que todavía no se han apareado se unen a la procesión y forman una firme escolta para proteger a los patitos en peligro. Cuando llegan al acantilado, los patitos siguen a su madre tan rápidamente como les resulta posible. Este es el momento más peligroso porque ni siquiera las "tías" que les están ayudando pueden acompañarlos mientras se lanzan desde las alturas detrás de su madre.
Una pareja que estaba estudiando las costumbres de los patos marinos observó que solo cuatro o cinco patitos se encaminaban hacia el mar con su madre. Estos dos amigos se apresuraron para llegar a la orilla del acantilado y ahuyentaron a las gaviotas que estaban descendiendo en picada para atrapar al patito que había caído en una grieta. Sin pérdida de tiempo el hombre tomó al patito y lo acercó a su madre tanto como le resultó posible. Entonces la pareja ahuyentó a las gaviotas hasta que la madre rescató a su patito.
Esta es una buena ilustración de la forma en que Jesús nos rescata y nos ayuda a reunirnos con la familia eterna. A veces nos parece que nos encontramos muy lejos de su reino, pero siempre podemos estar seguros de que él ahuyentará a los enemigos y se preocupará de que lleguemos a salvo a su hogar.
Devoción matutina
Por: Santiago A. Tucker.
«Maravillas de La Creación»

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