sábado, 6 de junio de 2009


BIENAVENTURADO QUIEN TIENE MISERICORDIA DEL POBRE


Peca el que menosprecia a su prójimo; mas el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado. Proverbios 14:21
Los cristianos han ido dejando a través de la historia las hazañas del amor de Dios que brilla en sus corazones. Un viejo pastor chino salió una mañana de su casa para predicar. Llevaba dos centavos para su almuerzo. Mientras caminaba, se le acercó un mendigo. Como lo único que tenía era el dinero de su almuerzo, el pastor le dijo que no podía ayudarlo. Entonces Dios le dijo que le diera al pobre lo que tenía para el almuerzo; a cambio, el Señor prometió darle un dólar al pastor. Cuando terminó de predicar su sermón, sentía mucha hambre, pero sabía que no tenía ninguna esperanza de comer algo. Tenía algo que hacer por la tarde, pero tenía tanta hambre que tuvo que volver a casa. Cuando le contó a su esposa el hambre que tenía y por qué había vuelto tan temprano, ella comenzó a regañarlo, porque consideraba que había sido una tontería regalarle su dinero al mendigo, y lo dejó sin comer hasta la cena. Finalmente, llegó la hora de cenar. Cuando terminaron, la esposa preguntó:—¿Dónde está el dólar?—Ya vendrá —le contestó el pastor con sencillez.—¿Dónde está el dólar? —preguntó sarcásticamente la esposa a la hora de acostarse.En ese preciso momento llamaron a la puerta. Eran dos representantes del gobierno que necesitaban información acerca de la historia de la región, y el pastor les había sido recomendado como el único que tenía aquella información. Durante dos horas el pastor contestó sus preguntas. Al terminar, le dieron las gracias y pusieron dos dólares sobre la mesa. El pastor levantó uno de los dólares y se lo devolvió, diciéndoles: «Por favor, llévense este de vuelta. Dios me prometió solo un dólar». De muchas maneras, providenciales y misteriosas, obra Dios para recompensar a los que son generosos y misericordiosos con los pobres. Procuremos que no se apliquen a nosotros estas palabras: «Los observadores del sábado se están volviendo más egoístas a medida que aumentan sus riquezas. Disminuye su amor por Cristo y su pueblo. No ven las necesidades de los desvalidos ni sienten sus sufrimientos ni dolores. No se dan cuenta que al descuidar al pobre y al doliente, descuidan a Cristo, y que al aliviar las necesidades y los sufrimientos de los pobres [...] ministran a Jesús» (El ministerio de la bondad, pp. 43,44).


Tomado de la Matutina Siempre Gozosos

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