miércoles, 10 de junio de 2009

EL RESTO DE LA HISTORIA

Señor, tú me has examinado y me conoces. Aún no tengo la palabra en la lengua, y tú. Señor, ya la conoces. Salmo 139:1,4.
Habíamos llevado a los alumnos de noveno y décimo a un retiro de salud. Durante dos días estuve dudando en tomar una gran decisión. ¿Escribía otro libro o no? El último día del retiro, durante el culto matutino, decidí llamar a mi editora y contarle que había cambiado de opinión respecto de escribir el libro. Pero tan pronto como el culto matutino acabó y antes de que yo pudiera acercarme al teléfono, se me acercó una mujer.
—¿Es usted la señora Renee Coffee, la autora de la matutina? Le respondí que sí.
—Verá, encontramos el libro en la librería y nos ha encantado. Lo usamos cada día para el culto familiar.
Habían pasado diez años desde la primera edición del libro. No podía creer que alguien todavía lo leyera. ¿Acaso Dios intentaba decirme algo? ¿Era su manera de hacerme saber que quería que escribiera otro libro?
Después de que la mujer se fuera, quise pensar que la conversación había sido solo una coincidencia. Pero unos minutos más tarde alguien más se me acercó. Esta vez era una joven que todavía no había cumplido los veinte años.
—Mi mamá acaba de hablar con usted. Me dijo que es la autora de la matutina que usamos en casa. Quería decirle lo mucho que me gustan sus historias.
Eso fue la gota que colmó el vaso. No cabía duda de que Dios había usado a dos extrañas para hacerme llegar un mensaje. No llamé a mi editora y tú estás leyendo el libro que debía escribir.
Esa experiencia me demostró que Dios sabe que sucede en nuestra vida. Incluso conoce nuestros pensamientos. Cuando pienses que solo eres un número, una persona entre miles de millones, recuerda que Dios lo sabe todo de ti, tu pasado, tu presente y tu futuro.

Tomado de la Matutina El viaje increíble.

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