miércoles, 15 de julio de 2009

ABANDONARNOS A NOSOTROS MISMOS

Dejen todas sus preocupaciones a Dios, porque él se interesa por usted. 1 Pedro 5:7
Hay un colibrí en el garaje —dijo Tom mientras entraba corriendo a la casa—. Dame el plumero del polvo. Mientras volaba, el pajarillo se metió en nuestro garaje y no sabía cómo encontrar el camino de regreso a la libertad. Una y otra vez volaba hacia el techo, se golpeaba la cabeza, caía y volvía a subir. Tom quería usar el plumero para guiar al pájaro para que pudiera salir del garaje, pero seguía volando hacia el techo. Sabíamos que al final acabaría agotado. Nuestra esperanza era que, entre tanto, no se hiciese daño. Entramos en casa durante unos minutos y cuando regresamos no se oía el aleteo. —Mira por ahí —dijo Tom apuntando hacia la luz del techo. El pajarillo estaba colgando cabeza abajo, con las patas enredadas en una telaraña. Con suavidad, Tom puso sus manos alrededor del exhausto cautivo y lo liberó de la telaraña. Entonces lo llevó al comedero para colibríes y metió su pico en el agua azucarada. No estábamos seguros de si el colibrí tendría suficientes fuerzas para beber. Perol empezó a mover ligeramente las plumas del cuello. Cuando, unos momentos más tarde; Tom abrió las manos, el colibrí levantó el vuelo de vuelta a los árboles. Exactamente como el pajarillo, los humanos insistimos en hacer las cosas a nuestra manera y meternos en verdaderos líos. No nos es preciso —o no queremos— que nadie nos ayude, ni siquiera Dios. Pero él es paciente. Y cuando finalmente nos rendimos, siempre está ahí para ayudarnos.

Tomado de la matutina El viaje Increíble.

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