domingo, 9 de enero de 2011

¿PIES DESCALZOS? - Parte 3

Así que, no os angustiéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propia preocupación (Mate 6:34).

E1 sol preparaba su nido para dar paso a la noche. Yo me senté en el sillón del pasillo y, con mí Biblia abierta, despedí aquel sábado que había constituido una prueba tan dura para mí. Las que sabían que yo era una mujer de fe comentaban en voz baja que había tomado una decisión equivocada. Yo no dejaba de darle, vueltas al asunto en mi cabeza. Cuando llegó el domingo, pedí permiso para ir a la tienda. La en¬fermera me lo concedió y, a pesar de que todo el mundo me advirtió de ¬que ya no encontraría nada, fui a buscar unas medias para mi bebé confiada en el poder de Dios.
No tardé nada en regresar, ¡y con las manos llenas! Por error, había quedado en la tienda un par de medias realmente hermosas. «Por error», según me habían dicho. Pero yo sabía que no había sido ningún error. Así que pude proveer para las necesidades de mi pequeño. La noticia se extendió rápidamente por todo el hospital, y no faltó quien se lanzara en busca de un milagro como el mío.
Dios había suplido no únicamente mi necesidad material, sino también mi necesidad espiritual. Había contestado mi plegaria y había demostrado públicamente que él cubre los pies de sus hijos con el calor de su amor.
No siempre nuestra fe se ve recompensada con un milagro. Si así sucediera, nuestra fe estaría sujeta a nuestras conveniencias. Pero Dios desea que confiemos en él incluso cuando aparentemente no recibimos lo que pedimos.
Dios nunca se equivoca a la hora de derramar sus bendiciones sobre nosotras. Si estás pidiéndole algo concreto y no lo recibes conforme a tu corazón, o si, por el contrario, recibes lo que no habías pedido, recuerda que tu fe se fortalecerá durante la espera. El Dios del pasado sigue siendo el Dios del presente y será el Dios del futuro, porque sus promesas no fallan. Confía en él, pues el mañana pertenece a nuestro buen Dios.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

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