jueves, 18 de agosto de 2011

UN PACTO QUEBRANTADO

Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre, como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles. Hechos 4:36, 37.

La iglesia cristiana estaba naciendo y necesitaba los recursos económicos de todos sus feligreses para la expansión del evangelio. Los apóstoles hicieron llamados fervientes con el propósito de que cada cristiano se comprometiera y le entregara a Dios parte de sus recursos.
Bernabé, uno de esos cristianos sinceros, se sintió llamado a vender la propiedad que poseía, y luego trajo el dinero y lo entregó en manos de los dirigentes eclesiásticos. Todo el resto de la hermandad alabó grandemente este hecho de desprendimiento y generosidad, y muchos otros se sintieron llamados a imitarlo.
Entre ellos estuvieron Ananías y Safira. Ellos eran una pareja casada que se había bautizado y formaba parte de esa iglesia naciente, y como también querían colaborar, le prometieron a Dios vender una heredad y traer el dinero a los apóstoles. Una vez que lo hicieron, notaron que habían recibido mucho más dinero del que esperaban, y poniéndose de acuerdo, sustrajeron del precio.
Ananías llegó ante los apóstoles y fingió traer el total de lo prometido. Entonces Pedro le dijo: "Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo?" (Hech. 5:3). Dios había revelado a los apóstoles el engaño que había planeado este matrimonio, y la sentencia divina no tardó en llegar. Ambos murieron de forma dramática.
El ejemplo de lo narrado en Hechos capítulo 5 es una amonestación para los cristianos de todos los tiempos. Las promesas a Dios tienen la misma seriedad que las hechas a los seres humanos. Aunque a Dios no se lo pueda ver, aunque no haya una confirmación audible de que escuchó la promesa, quien promete y no cumple está pecando contra su vida. En este aspecto, el sabio Salomón advierte: "Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes" (Ecles. 5:4).
Si Dios cumple sus promesas contigo, no tardes en cumplir tus promesas para con él. El resultado será una gran bendición.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

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