jueves, 29 de diciembre de 2011

UNA CIUDAD PERFECTA

Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Apocalipsis 21:2.

Durante esa mañana había estado colportando, y cerca del mediodía, al llegar a la iglesia donde nos hospedábamos, me sorprendió una fuerte discusión entre dos de mis compañeros de colportaje, Darío y Nelson. ¿La razón del altercado? Como Darío había nacido en Córdoba y Nelson en Mendoza (ambas provincias de Argentina, con características similares en geografía, clima, población y desarrollo turístico) querían establecer cuál de ellas "era mejor". Como yo había nacido en otra provincia, aunque no quería, ellos me eligieron como "arbitro". Cada uno exponía lo mejor de su provincia. Lo que nunca imaginé fue que esa conversación entre amigos terminaría en una disputa sumamente acalorada (y, para colmo, nunca pudimos definir cuál era "la mejor" provincia).
Siempre existieron personas orgullosas de sus raíces y de los lugares que los vieron nacer y crecer. Actualmente, hay ciudades que son el asombro del mundo, no solo por su tamaño y población, también por sus construcciones arquitectónicas, sus puentes y rascacielos y sus atracciones turísticas.
Hay ciudades que son un deleite para el gusto humano y, sin embargo, pertenecen a este mundo de pecado, y son pequeñas y lúgubres comparadas con la Nueva Jerusalén que Juan vio en su visión.
¿Cómo será la Nueva Jerusalén? La visión de Juan nos dice que su resplandor era parecido al de una piedra preciosísima, tenía un muro grande y alto con doce cimientos que son piedras preciosas, con doce puertas que serán doce perlas alrededor de toda la ciudad. Toda la ciudad era "de oro puro, semejante al vidrio limpio", y "la calle de la ciudad era de oro puro". No tendrá templo "porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella" y no necesita de la luz del sol, porque "la gloria de Dios la ilumina" en todo momento (Apoc. 21:18, 21, 22, 23).
¡Qué deleite será recorrer esa ciudad! A todo esto, si recordamos que Dios nos está preparando "cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre" (1 Cor. 2:9), podemos concluir que la descripción que Juan hace de la Nueva Jerusalén es pobre comparada con lo que en realidad veremos. Jesús, el tierno Amigo que murió para salvarte, está preparando esa ciudad para que vivas con él eternamente, y hoy nuevamente te invita a que abras tu corazón y decidas seguirlo por siempre.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

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