sábado, 28 de enero de 2012

EN CUALQUIER NECESIDAD

Pedid y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá, porque todo aquel que pide, recibe (Mateo 7: 7-8).

Se suponía que aquel fin de semana yo debía asistir a un congreso que se celebraría en la ciudad de Barcelona, España. Ya era viernes de mañana y debía viajar a la ciudad de México para tomar el vuelo que me llevaría a Barcelona a mediodía. Sin embargo, debido a una serie de contratiempos, tuve que pasar la noche en la ciudad de México, para tomar un vuelo al siguiente día por la noche. Ese sábado decidí asistir a una iglesia que me era conocida: la de la colonia Narvarte, que quedaba cerca del hotel donde acostumbro hospedarme.
Mientras aún estaba en el hotel, pensé que quizá el día se me haría muy largo y solitario. Fue entonces cuando le pedí a Dios que me ayudara a no sentirme sola y que alguien me invitara a comer para no tener que ir a un restaurante. Aquel viernes había sido muy estresante, con tantos cambios en el itinerario de viaje, y realmente me sentía cansada y sola.
Al llegar me senté en el lugar donde acostumbraba hacerlo cuando visitaba aquella iglesia. Saludé a los conocidos y me mantuve atenta al programa de la Escuela Sabática. De repente, se me acercó una hermana y me preguntó si estaban vacíos los asientos que quedaban a mi lado. Le contesté afirmativamente, por lo que se sentó a mi lado junto con una amiga.
Después de la Escuela Sabática, me saludó amablemente. Quedé sorprendida cuando además me preguntó si deseaba ir con ella y con su amiga a comer a su casa. En aquel momento tuve que darle gracias a Dios por la forma sorprendente en que responde a nuestras más sencillas solicitudes.
Cuando elevamos una plegaria a Dios, antes incluso de que la expresemos, él comienza a planificar cómo dar respuesta a nuestras necesidades, por más insignificantes que parezcan. Doy gracias infinitas y abundantes a Dios porque a lo largo de mi vida él ha dado respuesta a mis peticiones en el momento oportuno. Reconozco asimismo que todo lo que soy y hago se lo debo a su eterna misericordia.
¡Sigamos confiando en su fidelidad y en su eterno amor!

Toma de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por María Elena Acosta es profesora en la Universidad de Montemorelos

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