sábado, 1 de diciembre de 2012

EL PODER DE ELEGIR


Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. 1 Corintios 10:31. 

Mi padre siempre fue una persona inquisitiva y reflexiva. Desde muy joven se preocupaba por vivir en forma saludable, tanto física como espiritualmente. En su tiempo libre leía libros y artículos de filosofía oriental y de salud. Se ejercitaba a diario y estimulaba a mi madre para que cocinara utilizando productos de origen vegetal. Mis padres decidieron proveernos la mejor educación y una buena alimentación. Cada dos o tres semanas se trasladaban a las afueras de la ciudad de Monterrey, México, para adquirir de los agricultores productos no procesados y libres de pesticidas.
Mi madre cubría dos turnos como maestra de escuela primaria. A pesar de que tenía poco tiempo libre se encargaba de hervir la leche, de hacer queso y de lavar y desinfectar los huevos y las verduras y hortalizas. Un día, mi padre se enteró de que la Universidad Autónoma de Nuevo León tenía una planta de lácteos donde vendían leche y otros productos lácteos semiprocesados.
El encargado de aquella planta se dio cuenta del interés que tenía mi padre en el tema de la alimentación y le comentó que era miembro de la Iglesia Adventista, donde había muchas personas vegetarianas. Además le dijo que también se ofrecían clases de cocina vegetariana y charlas sobre salud y alimentación. Mi padre se interesó en el acto y, muy entusiasmado, se lo comunicó a mi madre. Juntos comenzaron a asistir a los seminarios de salud y a las clases de cocina vegetariana. Muy pronto se inició un ciclo de conferencias evangelizadoras, al final de las cuales mis padres entregaron sus vidas al Señor.
«La salud del cuerpo debe considerarse como esencial para el crecimiento en la gracia y la adquisición de un carácter templado. Si no se cuida debidamente el estómago, será estorbada la formación de un carácter moral íntegro» (Consejos sobre alimentación, cap. 23, §. 719, p. 345).
Hasta el día de hoy sigo siendo vegetariana y le doy gracias a Dios porque la alimentación fue el medio por el cual mis padres conocieron al Señor y vinieron a su rediI.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Lilian Cavazos 

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