viernes, 22 de marzo de 2013

EL PRIVILEGIO DE OLVIDAR



Yo soy el que por amor a mí mismo borra tus transgresiones y no se acuerda más de tus pecados (Isaías 43:25).


Ayer te conté de Kim Peek, una persona que tenía la capacidad extraordinaria de recordar con precisión todo lo que leía y memorizó durante su vida alrededor de doce mil libros. Hace algún tiempo pregunté a un grupo de estudiantes universitarios si les gustaría tener una memoria perfecta como la de Kim Peek. Me imagino que él no pasaba la vergüenza de olvidar el nombre de una persona y no tenía que pasar horas preparándose para un examen de historia. Uno de los estudiantes me respondió, sin embargo, que no le gustaría. Su respuesta me sorprendió, pero creo que tenía razón.
La asombrosa memoria de Kim Peek no fue siempre fácil de sobrellevar para sus padres. Desde joven, Kim había memorizado una gran cantidad de obras musicales y también las de Shakespeare. El problema es que era muy estricto con todo lo que escuchaba. Los padres comentaron que tuvieron que dejar de ir a conciertos y al teatro, porque si uno de los músicos o de los actores se equivocaba, Kim se ponía de pie y corregía al actor en plena acción, o gritaba: «¡Un momento! El trombón tocó mal una nota».
La capacidad de olvidar las cosas negativas del pasado es también una bendición. En muchas ocasiones nuestra memoria es fuente de dolor y vergüenza. Cada vez que recordamos el mal que nos hicieron o la burla a la que fuimos sometidos, volvemos a sentir dolor y vergüenza. En otras ocasiones, quisiéramos que todos olvidaran los errores graves que hemos cometido. El problema es que así como no podemos recordar todo lo que queremos, tampoco podemos borrar de nuestra memoria, o la de otros, todo lo que deseamos.
Dios nos ha hecho, sin embargo, dos promesas maravillosas. La primera es que él ha decidido borrar de su memoria todos nuestros pecados y rebeliones. ¡Admirable! Podemos ser perfectos ante su mirada. La segunda promesa es que en la tierra nueva que creará, Dios ha prometido borrar de la memoria del universo las cosas pasadas (Isaías 65:17). Esto significa que no sufriremos dolor o vergüenza por nuestro pasado. ¿Por qué no le pides a Jesús que empiece en este mismo momento y borre tus pecados de su memoria y te prepare para que vivas en ese mundo donde el pasado ya no será recordado? Así comenzarás a disfrutar las maravillas del mundo venidero.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

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