jueves, 11 de abril de 2013

PELIGROS DE LA OCIOSIDAD


Nos hemos enterado de que entre ustedes hay algunos que andan de vagos, sin trabajar en nada, y que solo se ocupan de lo que no les importa. A tales personas les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo que tranquilamente se pongan a trabajar para ganarse la vida (2 Tesalonicenses 3:11,12).

La vagancia es uno de los vicios más comunes entre muchos jóvenes. Ahí está el germen donde se forman las pandillas juveniles, que pueden llegar a convertirse en graves focos de delincuencia en la sociedad.
Román era un chico cuya familia gozaba de una buena posición económica. El jovencito siempre llevaba dinero en la bolsa y presumía de su costosa bicicleta de aluminio con sus amigos. Mientras sus compañeros de clase estaban estudiando y cumpliendo tareas escolares, a él se le podía ver todas las tardes paseando en su bicicleta por las calles de la ciudad. Tampoco le gustaba ir a la escuela, así que era común que se escapara a jugar al billar en horas de clase. La situación empeoró cuando su padre le obsequió un automóvil. La vagancia se acrecentó notablemente. Por supuesto, los fines de semana el muchacho estaba listo para asistir con sus amigos a cuantas fiestas se organizaran. Al poco tiempo dejó la escuela. Luego se juntó con otros muchachos a los que también les gustaba la vagancia. Un par de años después apareció en los periódicos como parte de una banda de delincuentes que la policía había capturado.
¿Te das cuenta del precio tan alto de la vagancia? Creo que no es ningún juego. Es entendible que a muchos jóvenes les moleste que los manden a trabajar cuando desean un poco más de descanso. Pero lo cierto es que adquirir hábitos de trabajo durante la juventud es muy importante. En realidad, es un asunto más relevante de lo que te imaginas.
La filosofía del trabajo es de vital importancia para darle sentido a la vida. Puede ser que no «prosperes», como otros, pero siempre tendrás lo necesario para dar salud a tu cuerpo y a tu alma. Como indica el Comentario bíblico adventista refiriéndose al versículo de hoy, «el verdadero cristiano se ocupa de sus deberes callada y modestamente, es diligente en sus actividades y sirve al Señor».
No todos podemos tener en nuestros esfuerzos los mismos resultados que ciertas personas exitosas, porque eso depende de otros elementos que escapan a nuestro control. Pero todos podemos disfrutar del fruto de una vida diligente: comer sosegadamente nuestro pan, ganado honestamente, cumpliendo los consejos prácticos de Dios. Entonces tendrás una vida de mejor calidad que glorificará siempre al Señor.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

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