martes, 30 de julio de 2013

CRISTO, EL CORDERO PASCUAL

Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre. Éxodo 12:24.

Muchos de los egipcios habían sido inducidos a reconocer, por medio de las manifestaciones de señales y maravillas reveladas en Egipto, que los dioses a quienes ellos habían adorado no tenían el conocimiento ni el poder para salvar o destruir, y que el Dios de los hebreos era el único Dios verdadero.
Suplicaron que se les permitiese ampararse en los hogares de Israel cuando el ángel exterminador hiriera a los primogénitos de los egipcios. Los hebreos recibieron a estos egipcios crédulos en sus hogares, y estos se comprometieron a servir de allí en adelante al Dios de Israel como su Dios, y a salir de Egipto e ir con los israelitas a adorar al Señor.
La Pascua señalaba el pasado y la liberación de los hijos de Israel; también era simbólica, al señalar hacia el futuro y a Cristo, al Cordero de Dios, herido por la redención de la humanidad caída. La sangre rociada sobre los dinteles prefiguraba la sangre expiatoria de Cristo, al igual que la dependencia continua de los pecadores de los méritos de esa sangre para estar a salvo del poder de Satanás y para la redención final. Cristo comió la cena pascual con sus discípulos poco antes de su crucifixión, y esa misma noche instituyó la ordenanza de la Cena del Señor, a ser observada en conmemoración de su muerte… Después de participar de la Pascua con sus discípulos, Cristo se levantó de la mesa y les dijo: “¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca!” (Luc. 22:15). Entonces él cumplió la humillante función de lavar los pies de sus discípulos. Cristo les a sus seguidores la ordenanza de lavarse los pies para que la practicaran, lo que les enseñaría lecciones de humildad…
El ejemplo del lavamiento de los pies de sus discípulos fue dado para el beneficio de todos los que creyeran en él…
La salvación de hombres y mujeres depende de una aplicación continua de la sangre purificadora de Cristo al corazón. Por lo tanto, la Cena del Señor habría de observarse con mayor frecuencia que la Pascua anual. Esta ordenanza solemne conmemora un evento mucho mayor que la liberación de los hijos de Israel del cautiverio en Egipto. Aquella liberación era un tipo de la gran expiación lograda por el sacrificio de Cristo, al dar su propia vida por la redención final de su pueblo -Signs of the Times, 25 de marzo de 1880.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

No hay comentarios:

Publicar un comentario