domingo, 15 de enero de 2017

NADIE SE DARÁ CUENTA DE TUS LIMITACIONES

“‘¡Ay, Señor!’, respondió Moisés, ‘Yo no tengo facilidad de palabra, y esto no es solo de ayer ni de ahora que estás hablando con este siervo tuyo, sino de tiempo atrás. Siempre que hablo, se me traba la lengua’.  Pero el Señor le contestó: ‘¿Y quién le ha dado la boca al hombre? […] Así que, anda, que yo estaré contigo cuando hables, y te enseñaré lo que debes decir'” (Éxodo 4:10-12).

Aunque llevo tocando el arpa 23 largos años, todavía soy una pésima arpista. Soy lenta para leer las partituras, no tengo oído musical y no soy capaz de memorizar una pieza. He tocado en docenas de bodas, funerales, banquetes, galas e Iglesias de todo el país pero, sinceramente, todo lo que toqué lo aprendí cuando tenía ocho años, ¡y todavía cometo los mismos errores! Me he vuelto bastante tímida para tocar en público y le ruego a todo el mundo que no me pida que lo haga. El otro día, en la iglesia, cuando el coordinador de música me pidió que tocara en el programa de Navidad, le dije: “¡Perdóneme, pero soy un desastre! Pídaselo a otra persona”. Luego, me di cuenta de algo: el hombre no tenía idea de cuán pésima soy y, de hecho, nadie más lo sabe. Además, el arpa es un instrumento que suena bien aunque lo toques con los pies. Así que soy la única persona que sabe cuáles son mis limitaciones. Sin embargo, como yo las conozco, me da miedo y siempre digo que no.
Por esa misma razón, Moisés tenía miedo de sacar al pueblo de Israel de Egipto. Cuando Dios le habló a través de la zarza ardiente y le pidió que fuera al faraón, él solo pensó en sus limitaciones. Enumeró sus fracasos y le rogó a Dios que enviara a otro. Pero Dios, sencillamente, le respondió: “¿Hay algo difícil para mí? Si yo fui quien diseñó tu boca, ¿no crees que puedo enseñarte cómo usarla?”
Tenemos miedo de hacer cosas para Dios porque nos fijamos demasiado en nuestras limitaciones. Olvidamos que él puede ayudarnos a superarlas. La próxima vez que tengas la oportunidad de decir o hacer algo para Dios, recuerda que él estará allí para ayudarte. Como hizo con Moisés, te mostrará qué decir o qué hacer. Tu parte es dejar de concentrarte en tus limitaciones y estar dispuesto a dejarte usar por él de la manera en que él lo necesite. MH

Tomado de lecturas devocionales para Adolescentes 2017
FUSIÓN
Por: Melissa y Greg Howell
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