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martes, 24 de enero de 2017

LA BIBLIA ES UNA INFLUENCIA POSITIVA

«Los que te temen me verán y se alegrarán, porque en tu palabra he esperado». Salmo 119: 74

Cuando las verdades de la Biblia forman parte de la vida práctica, elevan la mente de su degradación y mundanalidad. Si nos familiarizamos con las Escrituras seremos hombres y mujeres de influencia positiva. En la búsqueda de las verdades que el cielo nos ha revelado, el Espíritu de Dios entabla una estrecha conexión con el investigador sincero de las Escrituras. Cuando comprendemos la voluntad revelada por Dios y al poner nuestra mente en contacto con las magníficas verdades de la Biblia nuestra mente se amplia, se expande, se eleva y adquirimos nuevas fuerzas. Si el estudio de las Escrituras es relegado a un segundo plano, ocasionará una enorme pérdida. La Biblia estuvo durante un tiempo excluida de nuestras escuelas, y Satanás aprovechó esta oportunidad y trabajó con una rapidez asombrosa, cosechando resultados a su antojo.
Nuestra mente alcanza el nivel de aquellos temas con los cuales se familiariza. Si todos hiciéramos de la Biblia nuestro objeto de estudio, veríamos a un pueblo más desarrollado, capaz de pensar de un modo más profundo, tendríamos un mayor grado de inteligencia que aquel que se obtiene del estudio sistemático de las ciencias y las historias seculares. La Biblia le confiere al estudiante sincero una disciplina mental superior, y una vez ha tenido una vislumbre de los temas divinos sus facultades se desarrollan en gran medida. El orgullo es subyugado, mientras que Dios y su verdad son exaltados.
La razón por la que exaltamos tanto lo humano y le damos poca honra a Dios es la falta de conocimiento de estas valiosas historias bíblicas. La Biblia contiene la calidad de alimento que el cristiano necesita a fin de crecer y fortalecerse tanto en espíritu como en intelecto. Podemos investigar y estudiar todos los libros de ciencia y filosofía y aun así no obtendremos el beneficio intelectual y moral que se obtiene cuando estudiamos y practicamos la Biblia. A través del estudio de la Biblia tenemos la oportunidad de conversar con los patriarcas y profetas. La verdad se reviste de un lenguaje elevado que apela a la mente; el pensamiento se eleva por encima de las cosas terrenales, y es llevado a contemplar la gloria de la vida inmortal futura. ¿Qué sabiduría humana puede compararse con la grandeza de la revelación de Dios? El ser humano finito, que no conoce a Dios, puede tratar de rebajar el valor de las Escrituras, y puede sepultar la verdad bajo el supuesto conocimiento de la ciencia.— Fundamentáis of Christian Education, pp. 129-130.

Tomado de lecturas devocionales para Adultos 2017
DE VUELTA AL HOGAR
Por: Elena G. de White
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martes, 19 de enero de 2016

EL BALBUCEO DE DIOS

Como las niñeras hacen con los niños, Dios acostumbra a balbucear cuando habla con nosotros. Calvino

En su programa televisivo, el presentador estadounidense Jay Leno puso a prueba el conocimiento de la Biblia de su público pidiéndoles que citaran uno de los Diez Mandamientos. Alguien levantó la mano y dijo: “Ayúdate que yo te ayudaré”. Por increíble que parezca, nadie supo hacerlo mejor.* Así anda nuestra cultura.
A menudo dejamos de leer el Antiguo Testamento porque nos parece que no se entiende: genealogías, leyes, sacrificios, guerras… y sin damos cuenta, el conocimiento de tres cuartas partes de la Biblia se va perdiendo en la iglesia y en la sociedad. Eso conlleva consecuencias negativas para nuestra espiritualidad y nuestra cultura (que por cierto se encuentra bastante arraigada en él). No nos damos cuenta de que es especialmente en el Antiguo Testamento donde Dios “balbuceó” para hacer que su pueblo se volviera hacia un camino mejor. Una vez que Jesús vino al mundo, Dios ya no necesitó balbucear, pues Jesús era el Verbo y habló claramente.
¿Podemos prescindir de la lectura de esos treinta y nueve libros y seguir siendo fuertes espiritualmente? Lo cierto es que, aunque a nosotras nos cueste identificarnos con los personajes del Antiguo Testamento, ese era el libro de lectura de Jesús, su Biblia. ¿Y acaso no era Jesús un gigante de la fe?
Entonces habrá que darle crédito al “alimento que comió”. Poesía, historia, relatos, discursos, proverbios… todos se entrelazan de tal manera que apuntan en una sola dirección: Jesús. Él mismo dijo: “Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39, RV95), y no olvides que sus “Escrituras”, eran el Antiguo Testamento.
¿Cómo entender el Nuevo Testamento sin leer el Antiguo? No se puede. Jesús lo citó constantemente: “No solo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que salga de los labios de Dios” (Mat. 4:4/Deut. 8:3); “Hablaré por medio de parábolas; revelaré cosas que han estado en secreto desde que Dios hizo el mundo” (Mat. 13:35/Sal. 78:2); “No pongas a prueba al Señor tu Dios” (Mat. 4:7/ Deut. 6:16); “Vayan y aprendan el significado de estas palabras: ‘Lo que quiero es que sean compasivos, y no que ofrezcan sacrificios’ ” (Mat. 9:13/ Ose. 6:6). ¿Te atreverías a borrar esas palabras de los discursos de Jesús y esperar que queden intactos?
* Phillip Yancey, La Biblia que leyó Jesús (Miami: Editorial Vida, 1999), p. 18.

“Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39, RV95).

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
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