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martes, 19 de enero de 2016

EL BALBUCEO DE DIOS

Como las niñeras hacen con los niños, Dios acostumbra a balbucear cuando habla con nosotros. Calvino

En su programa televisivo, el presentador estadounidense Jay Leno puso a prueba el conocimiento de la Biblia de su público pidiéndoles que citaran uno de los Diez Mandamientos. Alguien levantó la mano y dijo: “Ayúdate que yo te ayudaré”. Por increíble que parezca, nadie supo hacerlo mejor.* Así anda nuestra cultura.
A menudo dejamos de leer el Antiguo Testamento porque nos parece que no se entiende: genealogías, leyes, sacrificios, guerras… y sin damos cuenta, el conocimiento de tres cuartas partes de la Biblia se va perdiendo en la iglesia y en la sociedad. Eso conlleva consecuencias negativas para nuestra espiritualidad y nuestra cultura (que por cierto se encuentra bastante arraigada en él). No nos damos cuenta de que es especialmente en el Antiguo Testamento donde Dios “balbuceó” para hacer que su pueblo se volviera hacia un camino mejor. Una vez que Jesús vino al mundo, Dios ya no necesitó balbucear, pues Jesús era el Verbo y habló claramente.
¿Podemos prescindir de la lectura de esos treinta y nueve libros y seguir siendo fuertes espiritualmente? Lo cierto es que, aunque a nosotras nos cueste identificarnos con los personajes del Antiguo Testamento, ese era el libro de lectura de Jesús, su Biblia. ¿Y acaso no era Jesús un gigante de la fe?
Entonces habrá que darle crédito al “alimento que comió”. Poesía, historia, relatos, discursos, proverbios… todos se entrelazan de tal manera que apuntan en una sola dirección: Jesús. Él mismo dijo: “Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39, RV95), y no olvides que sus “Escrituras”, eran el Antiguo Testamento.
¿Cómo entender el Nuevo Testamento sin leer el Antiguo? No se puede. Jesús lo citó constantemente: “No solo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que salga de los labios de Dios” (Mat. 4:4/Deut. 8:3); “Hablaré por medio de parábolas; revelaré cosas que han estado en secreto desde que Dios hizo el mundo” (Mat. 13:35/Sal. 78:2); “No pongas a prueba al Señor tu Dios” (Mat. 4:7/ Deut. 6:16); “Vayan y aprendan el significado de estas palabras: ‘Lo que quiero es que sean compasivos, y no que ofrezcan sacrificios’ ” (Mat. 9:13/ Ose. 6:6). ¿Te atreverías a borrar esas palabras de los discursos de Jesús y esperar que queden intactos?
* Phillip Yancey, La Biblia que leyó Jesús (Miami: Editorial Vida, 1999), p. 18.

“Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39, RV95).

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
#AnteTodoCristiana #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual

domingo, 19 de mayo de 2013

¿A QUIÉN

Ruega para que el Señor tu Dios nos indique el camino que debemos seguir, y lo que debemos hacer. Jeremías 42:3

Encontrarse en un lugar desconocido, y además no saber a dónde ir, es una circunstancia que he vivido varias veces con mucha incomodidad. Si preguntas a alguien la dirección, los bien intencionados te darán indicaciones aunque desconozcan cómo llegar al lugar al que deseas ir. Otros te asegurarán que vas en la ruta correcta, en tanto que no faltará quien te asegure que vas por el camino equivocado. Qué gratificante es encontrar a alguien que conoce el lugar y además se ofrece para conducirte a tu destino.
Son tantas las personas que han perdido la ruta de la vida... Viven una existencia sin propósito, siguiendo a los demás; y son tantas las voces que se levantan indicando la dirección, supuestamente correcta, que la existencia puede volverse un caos.
¿A quién seguir? ¿A los que se proclaman dirigentes desde los pulpitos? ¿A los que en pos de «novedosas» filosofías creen sinceramente tener la verdad absoluta? ¿O a las voces que claman desde una plataforma y, según ellas mismas dicen, poseen el derecho a decir a los demás cómo vivir? En las palabras del apóstol Juan encontramos una declaración que viene muy bien al caso: «Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios» (1 Juan 4:1).
Querida hermana, tú que ejerces un poderoso liderazgo en tu familia y con otras mujeres que buscan en ti a alguien a quien seguir, has de estar segura de que Cristo Jesús va delante de ti marcando la senda de tu vida.
Es necesario que este día, antes de iniciar tus labores cotidianas, te preguntes: «¿Refleja mi vida la vida de Cristo? ¿Soy digna del liderazgo que Dios ha depositado en mí? ¿Me ha dado Dios la autoridad para decir a los demás "Hagan lo mismo que yo"? ¿El Espíritu de Dios es quien motiva mis acciones?».
Si tus respuestas a estas preguntas han sido afirmativas, alaba al Señor y asume tu liderazgo sin temor, pues él está contigo. Si, por el contrario, tus respuestas han sido negativas, escucha la voz de Dios que te dice: «Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti» (Sal. 32:8).

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

sábado, 19 de enero de 2013

EL ESTUDIO PERSONAL ES ESENCIAL

Hazme entender el camino de tus mandamientos, para que medite en tus maravillas. Salmo 119:27.

La Biblia no es exaltada según su lugar entre los libros del mundo, aunque su estudio es de importancia infinita para las almas de hombres y mujeres. Al buscar en sus páginas, la imaginación contempla escenas majestuosas y eternas.  Contemplamos a Jesús, el Hijo de Dios, que viene a nuestro mundo y se ocupa en el misterioso conflicto que desconcertó a los poderes de las tinieblas. ¡Oh, cuan maravilloso, cuan increíble es que el Dios infinito haya consentido a la humillación de su propio Hijo para que nosotros fuésemos elevados a un lugar con él sobre su trono! Que todos los estudiantes de las Escrituras contemplen este magno hecho, y no saldrán del estudio de la Biblia sin haber sido purificados, elevados y ennoblecidos...
Hermosos manantiales de verdad celestial, paz y gozo se encuentran esparcidos por todo el terreno de la revelación. Estos alegres manantiales de verdad se encuentran al alcance de cada indagador. Las palabras de inspiración, ponderadas en el corazón, serán como corrientes de agua viva que fluyen del río del agua de vida... Cada vez que estudiamos la Biblia con un corazón reverente, el Espíritu Santo se acerca para explicarnos el significado de las palabras que leemos...
La apertura de la Palabra de Dios siempre es seguida por una notable apertura y fortalecimiento de las facultades humanas, porque la llegada de las palabras de Dios trae luz...
Si los pilares de nuestra fe no soportan la prueba de la investigación, es hora de que lo sepamos, porque es necio asentarnos en nuestras ideas y pensar que nadie debe interferir en nuestras opiniones. Que todo sea traído a la Biblia, porque es la única regla de fe y doctrina.
Debemos estudiar la verdad por nosotros mismos; no debiéramos depender de ninguna persona viviente para que piense por nosotros, no importa quién sea o en qué posición se encuentre. No debemos acudir a ningún ser humano como un criterio perfecto para nosotros. Hemos de buscar consejo de otros y sujetarnos unos a otros, pero a la misma vez hemos de ejercitar la habilidad que Dios nos ha dado para aprender lo que es verdad.
Cada uno de nosotros debe acudir a Dios en busca de iluminación divina, a fin de desarrollar individualmente un carácter que soporte la prueba del día de Dios. — Signs of the Times, 6 de febrero de 1893.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

martes, 11 de septiembre de 2012

SU OPINIÓN ES LA QUE CUENTA


«Tan cierto como que yo vivo [...] que Moab vendrá a ser como Sodoma y los amonitas como Gomorra: se volverán campos de espinos y minas de sal» (Sofonías 2: 9, NVI).

En todos los lugares por donde caminamos, puedes verla. Me estoy refiriendo a la maleza o mala hierba. Ya hablamos de algunas hierbas venenosas, pero hoy te quiero hablar de una hierba mucho más común. De hecho, tal vez la tienes en tu jardín. Me refiero a unas plantitas conocidas como dientes de león. La mayoría de la gente las arranca de su jardín, y nadie quiere tenerlas en medio de la grama. Pero curiosamente, hay algunos granjeros en Nueva Jersey, Estados Unidos, a quienes les gustan. ¿Sabes por qué? Porque ganan cientos de millones de dólares gracias a ellas. Y es que algunas personas se las comen, y estos granjeros se las venden. No es un chiste, hay gente que se come las hojas verdes del diente de león. Aunque no lo creas, estas hierbas tienen muchas vitaminas. ¿Quién iba a pensar que algunos pueden comerse lo que otros desechan?
La gente valora y disfruta muchas cosas distintas, y tiene opiniones muy diferentes entre sí, pero tú, debes estar seguro de saber qué es lo que Dios quiere que pienses y disfrutes. Lee su Palabra diariamente. Su opinión es la que cuenta.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

miércoles, 2 de mayo de 2012

PROBANDO, PROBANDO


«El oído distingue las palabras, igual que el paladar reconoce los sabores» (Job 12:11).

¡Shhh!, hagamos silencio. Trata de no hacer ruido con las botas al pisar.  Hoy vamos a salir a buscar extraterrestres. ¡Mira! ¡Están allí! Son esos pequeños hombrecitos verdes que ves allá con antenas. Increíble, mira. Están diciéndonos algo en lenguaje extraterrestre. Espera, ¿qué es eso? Es un traductor de lenguaje extraterrestre. Ellos lo usan para que nosotros podamos entender lo que están diciendo. Escucha. Están diciendo: «Los hombrecitos verdes con antenas no existen».
¿Te lo has creído? Por supuesto que no existen hombrecitos verdes con antenas en otros planetas.  Recuerda, «no puedes creer todo lo que oyes». Eso es lo que nos está diciendo el versículo de hoy. Nos aconseja pensar y decidir si lo que oímos es verdad o no.  Algunas personas creen que todo lo que ven en la televisión o leen en el periódico es  cierto. Pero ten cuidado: las cosas que lees o escuchas no siempre son verdad.
En Hechos 17:11 Pablo dice que la gente de Berea hacía lo correcto al corroborar con sus Biblias si Pablo estaba diciéndoles la verdad. La Biblia es el libro que Dios nos ha dado para confirmar las cosas que oímos. Léela cada día para saber si las cosas que lees o escuchas son verdaderas.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

lunes, 20 de febrero de 2012

PIENSE EN ELLO

«Porque cuáles son sus pensamientos íntimos, tal es él» (Proverbios 23:7).

Todos los pecados se originan en el pensamiento. La tentación de hacer el mal empieza con un sencillo pensamiento. Cuando eso sucede todavía tenemos la posibilidad de escoger si resistimos o cedemos.
Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Una de las principales características con las que nos dotó es la capacidad de imaginar cosas. Gracias a la imaginación podemos vivir una experiencia incluso antes de que suceda. Esa facultad permite que el inventor cree algo que jamás ha existido excepto en su imaginación, es decir en sus pensamientos.
Antes del Diluvio, «la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y [...] todo designio de los pensamientos de su corazón solo era de continuo el mal» (Gén 6:5). La imaginación corrompida de aquella generación provocó la destrucción de la tierra por medio del Diluvio.
El primer lugar donde se libra la batalla entre el bien y el mal es la mente. Si queremos ganar esa batalla, antes tendremos que ganarla en nuestros pensamientos. Cuando pecamos con los actos, aun antes de que sea evidente, ya hemos pecado con el pensamiento.
Hay un viejo refrán que dice que somos lo que comemos. De la misma manera, la Biblia dice: "Porque cuáles son sus pensamientos íntimos, tal es él». En otras palabras, somos lo que pensamos. Jamás obtendremos la victoria sobre el pecado si antes no hemos vencido nuestros malos pensamientos.
Nadie «cae» en el pecado. Nos deslizamos o entramos en él. A veces podemos incluso correr a su encuentro. El pecado no es un pozo en el que caemos por accidente o un precipicio moral que nos engulle. Es un desliz, un desliz del pensamiento.
Oramos para que el Señor nos dé la victoria sobre nuestros actos. Sin embargo, teniendo en cuenta que el pecado empieza en la mente, también deberíamos orar para que el Señor nos ayude a vencer los pensamientos pecaminosos.
No habrá lugar para ellos si tenemos la mente llena de pensamientos puros. Es probable que en Filipenses 4:8 se encuentre el texto más poderoso de la Biblia en relación con los pensamientos: «Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad». Basado en Maceo 5:28

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill