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lunes, 20 de enero de 2020

NO TE CONCENTRES EN TUS DESVENTAJAS


 “Atiende al consejo, y acepta la corrección; así acabarás siendo sabio” (Proverbios 19:20).

Joás, el futuro rey de Judá, perdió a su padre (Ocozías) cuando apenas era un bebé. Al poco tiempo, una revuelta política organizada por su propia abuela, la malvada Atalía, acabó con la descendencia real; él salvó la vida gracias a la intervención de su nodriza, quien lo escondió durante seis años en el templo. Su infancia transcurrió entre las tragedias, las amenazas de muerte y la falta de sus padres. ¿Qué iba a ser de un niño en semejantes condiciones de vida? La Biblia dice que durante todo ese tiempo, Joás recibió el afecto y la instrucción del sacerdote Joiada. Años después, el régimen de Atalía fue derrocado y Joás, con apenas siete años de edad, ascendió al trono, donde permanecería cuarenta años. El chico no se concentró en sus problemas ni se abandonó a la autocom- pasión ni se llenó de odio contra los que habían enlutado su infancia. Más bien, logró vivir a la altura de los desafíos que la vida le presentó y sacó adelante a su pueblo en medio de condiciones muy complicadas. Al final de su vida, el registro bíblico dice que él “hizo lo recto a los ojos del Señor” (2 Crónicas 24:2).
Más de una vez he visto jóvenes de ambos sexos marcados por la desgracia. Ya sea por la muerte de sus padres, el lastre de alguna enfermedad que los acosa desde pequeños o la falta de recursos económicos, les toca vivir situaciones dramáticas que los obligan a madurar a muy temprana edad. ¿Qué hacer en estos casos? ¿Buscar explicaciones? ¿Reclamar al Padre celestial por haber permitido que vinieran a este mundo marcados por la tragedia? ¿Vivir para despertar la lástima de los demás contando nuestras desgracias una y otra vez? Ese es un camino, pero no es el único. También podemos asumir una actitud distinta, como hizo Joás, quien aceptó la orientación del sacerdote Joiada y se preparó para gobernar dignamente a su pueblo.
Todos tenemos condiciones adversas en este mundo. Solo Dios sabe por qué ha permitido que las padezcamos. Lo cierto es que, cualquiera que sea la dificultad que nos golpea, el Señor nos ha dado la facultad de superarla:
 “Pero Dios es fiel, y no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podáis aguantar” (1 Corintios 10:13, CST).
No te concentres en tus debilidades. Mejor acércate a Dios y pídele que te ayude a cumplir la misión para la que te ha traído a este mundo.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020
UNA NUEVA VERSIÓN DE TI
Alejandro Medina Villarreal
Lecturas devocionales para Jóvenes 2020

jueves, 3 de marzo de 2016

QUE NADIE APAGUE TU LUZ

Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto. Henry Ford

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Fil. 4.13).

Fred Astaire reconoció en una entrevista que, tras una prueba para la productora cinematográfica RKO, había recibido esta calificación: “No sabe actuar. Ligeramente calvo. Sabe bailar”. El prestigioso productor de Hollywood, David O. Selznik, había tildado aquella prueba de “espantosa”. A pesar de tan mal comienzo de su carrera, Fred Astaire, a juicio del mismísimo Rudolf Nuréyev, llegó a convertirse en el mejor bailarín del siglo XX.
Albert Einstein no empezó a hablar hasta los cuatro años, por lo que muchos pensaban que tenía un retraso mental. A los quince, su profesor, Joseph Degen- hart, le dijo: “Nunca llegarás a nada en la vida.
Tu sola presencia aquí mina el respeto que me debe la clase”. Posteriormente Einstein intentó matricularse en la Escuela Politécnica de Zúrich, Suiza, pero no logró pasar la prueba de acceso.
Finalmente, aquel muchacho que algunos veían como poco prometedor se convertiría en uno de los físicos más importantes de la historia.*
Nadie es inmune al desaliento que causa un comentario negativo. “Tú no sirves para esto”.
“Nunca llegarás a ser nadie”. “Fíjate en fulanita, ella sí lo hace bien”… ¿Quién no ha sido objeto de palabras tan duras? La clave está en lo que llegamos a creer como cierto. Como afirmó Eleanor Roosevelt: “Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu permiso”.
Dios, que sí sabe cuánto valemos realmente cada uno de nosotros, nos hace una invitación: “Sean ustedes perfectos, como su Padre que está en el cielo es perfecto” (Mat. 5:48). Puedes creértelo: con la ayuda de Dios, es factible llegar a la perfección que él desea para tu vida. El primer paso: creer en él, pues “a los que creen en su nombre, les ha dado el derecho de ser hijos de Dios” (Juan 1:12, NVI). Cuando te ves a ti misma como una hija del Rey, no hay límites al impacto que puedes causar en este mundo.
Así como un padre desea conceder a sus hijos lo que le piden, Dios nos dice: “Pidan, y Dios les dará; busquen, y encontrarán; llamen a la puerta, y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama a la puerta, se le abre” (Mat. 7:7, 8). Pide a Dios que te anime cuando alguien te hiera, y él te recordará lo que realmente vales, y los planes que tiene para ti.

* Adaptado de Daniel Colombo, Historias que hacen bien (Buenos Aires: V&R Editoras, 2006), pp. 31-34.

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
#AnteTodoCristiana #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

sábado, 31 de agosto de 2013

UNA OBRA BIEN TERMINADA

Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Juan 17:4.

Cuando Cristo expiró en la cruz y clamó en gran voz “Consumado es”, su obra había terminado. El camino había sido abierto; el velo había sido rasgado. La humanidad podía acercarse a Dios sin una ofrenda de sacrificio; sin el servicio de sacerdotes terrenales. Cristo mismo era un sacerdote según el orden de Melquisedec. El cielo era su hogar. Vino a este mundo a revelar al Padre. Respecto de su humillación y conflicto, su obra en lo concerniente a ello ya estaba hecha. Ascendió al cielo y se sentó para siempre a la diestra de Dios.
La vida de Cristo en esta tierra había sido de fatiga; una vida ocupada e intensa. Resucitó de los muertos y durante cuarenta días permaneció con sus discípulos, instruyéndolos en preparación para su partida de entre ellos. Estaba listo para irse. Había demostrado el hecho de que era un Salvador vivo; sus discípulos no necesitaban asociarlo más con la tumba de José. Podían pensar en él en términos de su glorificación entre los ejércitos celestiales…
Todo el cielo esperaba con ansiosa vehemencia el fin de la demora del Hijo de Dios en un mundo quemado y marcado con la maldición. La exaltación de Cristo habría de ser en proporción a su humillación y sufrimiento. Llegó a ser el Salvador, el Redentor, únicamente porque primero llegó a ser el Sacrificio…
Cristo vino a la tierra como un Dios disfrazado de humanidad. Ascendió al cielo como el Rey de los santos. Su ascensión fue digna de su carácter exaltado.
Ascendió desde el Monte de los Olivos en una nube de ángeles, quienes lo escoltaron triunfalmente a la ciudad de Dios. Él no fue por su propio interés, sino como el Creador del pacto y el Redentor de sus hijos e hijas creyentes, que han llegado a creer por la fe en su nombre. Vino como uno poderoso en batalla, un conquistador, que llevó cautiva a la cautividad, entre aclamaciones de alabanza y cánticos celestiales…
¡Qué contraste entre la recepción de Cristo cuando regresó al cielo y su recepción en esta tierra! En el cielo solo había lealtad, no había penas ni sufrimiento con los cuales toparse constantemente…
Había llegado el momento para que el universo del cielo aceptara a su Rey —Signs of the Times, 16 de agosto de 1899.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

domingo, 25 de agosto de 2013

LA ALIMENTACIÓN DE LOS CINCO MIL

Dadles vosotros de comer. Mateo 14:16.

Los discípulos pensaban haberse retirado a donde no serían molestados; pero tan pronto como la multitud echó de menos al divino Maestro, preguntó: “¿Dónde está?” Había entre ella algunos que habían notado la dirección que tomaran Cristo y sus discípulos. Su número fue en aumento, hasta que se reunieron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
Desde la ladera de la colina, él miraba a la muchedumbre en movimiento, y su corazón se conmovía de simpatía. Aunque interrumpido y privado de su descanso, no manifestaba impaciencia... Abandonando su retiro, halló un lugar conveniente donde pudiese atender su pobreza espiritual...
La gente escuchaba las palabras misericordiosas que brotaban tan libremente de los labios del Hijo de Dios.
Oían las palabras de gracia, tan sencillas y claras que les parecían bálsamo de Galaad para sus almas. El poder sanador de su mano divina impartía alegría y vida a los moribundos, y comodidad y salud a los que sufrían enfermedades. El día les parecía como el cielo en la tierra, y no se daban la menor cuenta de cuánto tiempo hacía que no habían comido.
“Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada. Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan, pues no tienen qué comer. Respondiendo él, les dijo: Dadles vosotros de comer”. Sorprendidos y atónitos, le dijeron: “¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer? Él les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo. Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces. Y les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde... 
Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos. Y comieron todos, y se saciaron. Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de lo que sobró de los peces” (Mar. 6:30-44). 

El que enseñaba a la gente la manera de obtener paz y felicidad se preocupaba tanto por sus necesidades temporales como de las espirituales –Signs of the Times, 12 de agosto de 1897; ver un texto similar en El Deseado de todas las gentes, pp. 332, 333.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

miércoles, 7 de agosto de 2013

LOS NEGOCIOS DE MI PADRE

¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar? Lucas 2:49.

Los padres de Jesús visitaban Jerusalén todos los años, en cumplimiento de la ley judía. Su hijo Jesús, de doce años de edad, los acompañaba. Al regresar a su casa, después de un día de camino, se llenaron de ansiedad al notar que Jesús no estaba… Regresaron apresurados a Jerusalén, con sus corazones cargados de pesar…
Mientras los padres de Cristo lo buscaban, vieron que muchas personas se congregaban en el Templo; al entrar, la voz conocida de su Hijo les llamó la atención. No podían verlo por causa de la multitud, pero sabían que no se equivocaban, porque no había otra voz como la suya, caracterizada por una solemne melodía. Los padres contemplaron asombrados la escena: su hijo, en medio de los doctores y los escribas serios y cultos, daba evidencia de un conocimiento superior, por sus preguntas discretas y sus respuestas. Sus padres se sintieron complacidos de verlo honrado de tal manera. Pero, la madre no podía olvidar la pena y la ansiedad que había sufrido por causa de su tardanza en Jerusalén, y en tono de reprensión le preguntó por qué se había comportado así con ellos, y compartió los temores y el dolor que él le había causado.
Jesús le dijo: “¿Por qué me buscabais?” Está pregunta perspicaz sugería que si ellos hubieran estado al tanto de su deber, no se habrían marchado de Jerusalén sin él. Entonces añadió: “¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” Entretanto que ellos habían descuidado la responsabilidad encomendada a ellos, Jesús estaba ocupado en la obra de su Padre. María sabía que no se refería a su padre terrenal, José, sino a Jehová…
Jesús decidió regresar de Jerusalén solo con sus padres, porque al viajar solos, su padre y su madre tendrían más tiempo para meditar en las profecías que se referían a sus sufrimientos y su muerte futuros… Después de la celebración de la Pascua, lo buscaron entristecidos durante tres días. Cuando le tocara ser herido por los pecados del mundo, sería separado de ellos [sus seguidores], perdido para ellos, durante tres días. Pero después se les revelaría, ellos lo encontrarían y su fe dependería de él como el Redentor de la raza caída, su abogado para con el Padre -Review and Herald, 31 de diciembre de 1872.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

lunes, 17 de junio de 2013

SI ESTOS CALLAREN...

Desde Sidón zarpamos y navegamos al abrigo de Chipre, porque los vientos nos eran contrarios (Hechos 27: 4).

Desde los días del apóstol Pablo hasta Michael Belina Czechowski, la vida de los misioneros no fue fácil. La vida de este último misionero fue más difícil porque ni los mismos adventistas lo apoyaron. Czechowski fue, cuando menos, un adventista muy interesante. Después de obtener el apoyo de los adventistas del primer día para su empresa misionera, zarpó rumbo a Italia donde predicó las doctrinas adventistas del séptimo día. Salió el 14 de mayo de 1864, exactamente diez años antes de que partiera el primer misionero oficial de la Iglesia Adventista hacia el extranjero.
Durante catorce meses Czechowski trabajó entre los valdenses de los Alpes italianos. Allí bautizó a varios creyentes y organizó el primer grupo de adventistas observadores del sábado fuera de Norteamérica. Pero una oposición cerrada lo hizo huir a Suiza donde predicó de casa en casa y en edificios públicos; asimismo, comenzó la publicación de una revista titulada L'Evangile eternei [El evangelio eterno]. Cuando salió de Suiza, en 1868, dejó atrás cuarenta nuevos creyentes reuniéndose en varios grupos.
No conociendo con certeza lo que estaba enseñando, pero sabiendo que había sido ignorado por los adventistas del séptimo día, sus patrocinadores adventistas del primer día encomiaron elocuentemente las virtudes de Czechowski y siguieron apoyándolo económicamente. Czechowski predicó el mensaje adventista del séptimo día en Rumania, Hungría y otros países de Europa. Cuando murió en Austria, en 1876, había puesto el fundamento de la futura misión adventista en Europa.
Para fines del año 1869 la Iglesia Adventista del Séptimo Día había descubierto la naturaleza de la misión europea de Czechowski y vio la mano de Dios en la obra que este misionero había llevado a cabo. Durante el congreso de la Asociación General de 1870, los dirigentes de la iglesia reconocieron oficialmente la mano de Dios en su misión: «Como consecuencia de nuestros temores para confiar nuestro dinero al hermano Czechowski, y nuestro incumplimiento de nuestro deber de instruirlo cuidadosamente en el uso adecuado de los fondos sagrados, Dios utilizó a nuestros decididos opositores para llevar adelante la obra [...]. Reconocemos la mano de Dios en todo esto».
Los hombres de Dios, antiguos y actuales, han llevado a cabo la misión que Dios encomendó a su iglesia. Y tú, ¿quieres participar en esta gran misión?

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

viernes, 7 de junio de 2013

LENTOS PARA APRENDER

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Juan 1:4,5.

Cristo era el fundamento del sistema entero de la adoración judía, y en él se presentaba una sombra de la realidad viva: la manifestación de Dios en Cristo. Por medio del sistema de sacrificios, todos podían ver la personalidad de Cristo y anticipar a su divino Salvador. Pero cuando él estuvo ante ellos representando el Dios invisible, —porque en él "habitaba corporalmente toda la plenitud de la Deidad" (Col. 2:9)— ellos no pudieron discernir su carácter divino debido a su propia carencia espiritual. Sus propios profetas lo habían profetizado como un Libertador... Pero aunque su carácter y misión habían sido delineados tan claramente, aunque a lo suyo vino, los suyos no lo recibieron. Ocasionalmente, la divinidad fulguró a través de la humanidad; la gloria se escapaba a través del disfraz de la carne y causaba una expresión de homenaje de parte de sus discípulos. Pero no fue sino hasta que Cristo ascendió a su Padre, hasta el descenso del Espíritu Santo, que los discípulos apreciaron enteramente el carácter y la misión de Cristo. Después del bautismo del Espíritu Santo, comenzaron a advertir que habían estado en la presencia misma del Señor de la vida y la gloria. En tanto que el Espíritu Santo traía a sus recuerdos los dichos de Cristo, su entendimiento fue ampliado para comprender las profecías, para captar los poderosos milagros que él había obrado... A su propia estimación, estos parecieron de mucha menor importancia después de despertar al hecho de que Cristo había estado entre ellos que antes de que advirtieran tal cosa. Nunca se cansaban de repasar cada detalle notado en conexión con sus palabras y obras. A menudo se llenaban de remordimiento por su insensatez y torpeza al recordar las lecciones entendidas a medias cuando él las pronunciara en su presencia, y que ahora les llegaban como una revelación fresca. Las Escrituras se tornaron en un libro nuevo para ellos...
Los discípulos recordaron que Cristo les había dicho: "Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad' (Juan 17:17). La Palabra habría de ser su guía y director. En tanto que los discípulos buscaban en Moisés y los profetas lo que testificaba de Cristo, fueron traídos a la comunión con la Deidad, y aprendieron nuevamente de su gran Maestro, quien había ascendido al cielo para completar la obra que había comenzado en la tierra.— Review and Herald, 23 de abril de 1895.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

viernes, 3 de mayo de 2013

MENSAJE INDESEADO

Lugar: Uganda
Palabra de Dios: Isaías 6:8

Un sábado de tarde, el joven Timeteo se detuvo en la casa de Omwami Mukasa, un hombre adinerado de la aldea que se oponía al cristianismo. Cuando un chico atendió a la puerta, Timeteo le entregó un pequeño folleto acerca del sábado, y le pidió que se lo entregara a su padre.
Esa noche, cuando el señor Mukasa volvió a su hogar, su hijo le dio el folleto.
-Uno de los muchachos de la escuela de la misión del sábado trajo esto - le dijo a su padre.
Inmediatamente, Mukasa le arrebató el folleto y lo arrojó al fuego, que estaba encendido en el patio. Pero, no se dio cuenta de que el viento había alejado el papel de las llamas.
A la mañana siguiente, la señora Mukasa comenzó a barrer el patio. Al encontrar las hojas arrugadas, decidió guardarlas; podría usar el papel para envolver los huevos que llevaba al mercado. La siguiente vez que tuvo huevos para vender, la señora arrancó una página tras otra del folleto, y envolvió con cuidado cada huevo.
Un hombre llamado Mwanje le compró una docena de huevos. Cuando desenvolvió los huevos en su casa, una frase del papel le llamó la atención, luego otra, y otra. Rápidamente desenvolvió todos los huevos, estiró las hojas y las puso en orden.
Lo que leyó lo fascinó. Sacó su vieja Biblia y buscó los textos. Y, por cierto, ¡eso era lo que decía la Biblia! Impresionado, llenó una encuesta de interés y la envió. Pronto, Mwanje recibió más información, y lo visitó alguien de la escuela de la misión, para estudiar con él. Al final, Mwanje decidió bautizarse, y todo porque Timeteo había hecho su parte.
Tú y yo también podemos tomar parte en compartir las buenas noticias. Quizá nunca sepamos cómo Dios nos utilizará, pero, al igual que el profeta Isaías, podemos decir: "Aquí estoy. ¡Envíame a mí!."

Tomado de Devocionales para menores
En algún lugar del mundo
Por Helen Lee Robinson

lunes, 5 de noviembre de 2012

DIOS TIENE UN PLAN


No fui rebelde a la visión celestial. Hechos 26:19, RV95

Tratemos de imaginar la escena. Saulo de Tarso se dirige a la ciudad de Damasco para consumar lo que se había convertido en una verdadera obsesión: perseguir y apresar a los seguidores de Cristo.
Cuando parece que Saulo cumplirá su misión sin obstáculo alguno, el Cristo a quien perseguía se le atraviesa en el camino. Una luz de intenso resplandor lo encandila y lo derriba del caballo. Entonces, escucha una potente voz que lo llama por nombre:
—Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? —¿Quién eres, Señor?
—Yo soy Jesús, el mismo a quien tú persigues. Levántate, porque me he aparecido a ti para designarte como mi servidor y testigo.
¿Qué te parece? Solo a Dios se le puede ocurrir escoger al perseguidor más despiadado de su iglesia, para que sea su «servidor y testigo». En apariencia, una locura. Pero no para Dios. Para el Padre celestial esto fue algo así como un sueño hecho realidad. Fue el inicio de lo que se convertiría en una preciosa amistad entre el perseguidor y el perseguido.
¿Por qué escogió Dios precisamente a un perseguidor de su iglesia como su testigo? Sencillamente, porque Dios vio, no lo que era ese hombre, sino lo que podía llegar a ser. Vio el potencial. Más allá del perseguidor, vio al predicador; más allá de Saulo, el celoso fariseo, vio a Pablo, el apóstol.
En otras palabras, Dios tenía un plan para Pablo, un sueño. Por eso, ese mediodía, Cristo se atravesó en su camino, y le dijo algo así como: «Oye, Saulo, tengo un plan especial para ti. Si estás de acuerdo, a partir de ahora trabajaremos juntos. Tú le dirás a la gente lo mucho que los amo, y yo estaré contigo adondequiera que vayas». Y dice la Biblia que Saulo no fue rebelde a la visión celestial (Hech. 26:19, RV95).
Dios también ve el potencial que hay en ti. Vino solo lo que eres, sino especialmente lo que puedes llegar a ser, si permites que el sueño que tiene para tu vida se cumpla a plenitud.
¿Qué le dirás a Dios? Mi deseo es que, al igual que Saulo, no seas rebelde al plan que Dios tiene para tu vida.  Es más, si tú lo permites, hoy mismo puede comenzar entre Dios y tú una larga  y preciosa amistad.

Padre celestial, acepto tu plan para mi vida, comenzando hoy mismo.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

viernes, 4 de mayo de 2012

SOMOS SEMBRADORES


«Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla, pero al volver vendrá con regocijo trayendo sus gavillas» (Salmo 126:6).

¿Cómo se gana usted la vida? ¿Trabaja en una oficina? ¿Trabaja al aire libre? ¿Es maestro? ¿Se dedica a la carpintería o a la enfermería? Tal vez usted sea estudiante o ama de casa. Tengo una noticia para usted: Si ama al Señor y quiere que su reino crezca, también es agricultor.
Jesús dijo que aquellos que difunden el evangelio son como un sembrador que esparce semillas en un campo. El campo no es suyo, sino de su amo. El sembrador tampoco esparce su semilla, sino la de su Señor. Cuando acudimos a Jesús  y le pedimos que nos enseñe su evangelio, él llena nuestro cesto con la buena semilla del reino. Luego podemos ir en nombre de nuestro Señor y esparcir la preciosa verdad.
El buen sembrador esparce mucha semilla en todas las direcciones. Si apuntamos bajo, tendremos  la certeza de dar en el blanco. Sin embargo, nuestro deber es apuntar alto y sembrar con generosidad, sin desanimarnos. No podemos seguir desaprovechando las oportunidades de sembrar que se nos presenten. Estamos rodeados de campos. No espere que Dios lo guíe, porque él ya lo hizo. No diga que está buscando una puerta abierta; la puerta está abierta de par en par; y estará así hasta el día no muy lejano en que Dios la cierre y entonces ya no será posible sembrar más. 
¿Cómo tenemos que sembrar? Con generosidad  «Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará» (2 Cor. 9:6).
Siembre apasionadamente. Aquí aparecen las lágrimas. «Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla, pero al volver vendrá con regocijo trayendo sus gavillas» (Sal. 126:6). Si no las regamos con nuestras lágrimas, las semillas no germinan.
Siembre con paciencia. «No nos cansemos, pues, de hacer bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos» (Gal. 6: 9). ¡No se rinda! El sembrador no siembra el lunes para segar el martes, ni aun la semana o el mes siguiente. Sencillamente, deposite la semilla y confíe los resultados a Dios. Basado en Mateo 13:1-9.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

miércoles, 23 de noviembre de 2011

ACEPTACIÓN DE JESÚS Y UNIÓN A SU IGLESIA

Pedro les dijo: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Hechos 2:38.

Cuando conocí a Alejandra nunca pensé que se bautizaría. Era una joven simpática, algo extrovertida, que vivía de una manera mundana porque no conocía otra cosa. Comenzó a estudiar la Biblia por indicación de su madre, y poco a poco comenzó a identificarse con las creencias adventistas. Al asistir a un bautismo como visita, pasó al llamado que el pastor realizó desde el frente, mostrando así su deseo de bautizarse.
En su hogar me preguntó: "Pastor, ¿qué debo hacer para bautizarme?" Le expliqué que estaba siguiendo los pasos correctos al estudiar la Biblia sistemáticamente; pero tenía un gran obstáculo: el cigarrillo. "Necesitas abandonar ese vicio para que te bautices e ingreses a la iglesia". Quedó pensativa, pero no me dio respuesta. Días más tarde, mientras estaba dando una semana de cosecha en la iglesia de esa localidad, al término de una reunión me dijo: "Pastor, hace doce días que no fumo y no lo voy a hacer más. ¿Me puedo bautizar el sábado?" Yo no puedo expresar totalmente la alegría que sentí en ese momento al ver la obra maravillosa que el Espíritu Santo había realizado. Al finalizar ese año, Alejandra dio muestra pública de aceptar a Cristo como su Salvador y llegó a ser parte de nuestra iglesia.
El bautismo bíblico es necesario para la salvación (Mar. 16:16), porque a través de este rito sagrado la persona da testimonio de haber aceptado a Jesús como el Salvador de su vida y también recibe el perdón de sus pecados. Muchas personas piensan que no tiene importancia pertenecer a una iglesia, que si son "buenas" entonces Dios les dará igualmente la salvación. Pero las Escrituras difieren enormemente de esa manera de pensar. Cuando los hombres de Israel se sintieron lejos de Dios y culpables de la sangre de Cristo, preguntaron: "Varones hermanos, ¿qué haremos?" Pedro, con absoluta seguridad, les respondió: "Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados". El resultado: "Los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas" (Hech. 2:37, 38, 41).
Quienes se bautizan reciben el perdón de sus pecados (porque aceptaron a Cristo como Señor de sus vidas) y sus nombres son añadidos a la iglesia remanente. Y tú, ¿ya diste este gran paso para tu salvación? Si no es así, no dejes pasar el tiempo. Decide hoy mismo entregarte a Cristo.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

lunes, 15 de agosto de 2011

PREPARAR EL CAMINO

Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti. Mateo 11:10.

El versículo de hoy se refiere a Juan el Bautista. Jesús afirmó, en cierta ocasión, que no se ha levantado, en todos los tiempos, un profeta más grande que este siervo humilde, morador del desierto.
Pero, si te pones a investigar la vida de Juan, verás que él nunca predijo ningún acontecimiento extraordinario. Desde el punto de vista humano, no brilló, no desfiló con una corona de oro ni recibió laureles: todo lo que hizo fue preparar el camino para la llegada del Mesías.
Un día, vio aparecer al Prometido en una colina y, señalándolo, anunció a sus discípulos: "He ahí, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo". Y después del bautismo de Jesús, desapareció; fue tomado preso. Y, en la prisión, dijo, con referencia al Maestro: "Conviene que él crezca y que yo disminuya". Finalmente, fue decapitado, sin aparente pena ni gloria.
A los ojos del mundo, podría parecer un fracaso; no obstante, Jesús afirmó que fue el más grande. La página gloriosa que escribió fue, simplemente, preparar. ¡Extraño! Porque, al ser humano natural, le gusta aparecer, ser la estrella de la fiesta. ¿Preparar? ¡Deja eso para los peones! Las estrellas solo aparecen a la hora del espectáculo.
Pero, en el Reino de Dios, las cosas no son como en el reino de los hombres; el mismo Señor Jesús nos enseñó eso. Su escenario fue una cruz; su gloria, la humillación máxima; sus aplausos, los gritos ensordecedores de una multitud histérica: ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo! ¿Por qué con Juan podría haber sido diferente? ¿Por qué tendría que serlo conmigo o contigo?
Sal hoy, para andar por los extraños senderos de esta vida. Pero, sal a "preparar"; atrévete a servir. Deja que los otros busquen el fulgor de las luces y el calor de las pantallas; tú, simplemente, prepara. Pero, prepárate para una sorpresa: quienes buscaron el brillo a cualquier costo podrán brillar por un instante, pero se apagarán; y el tiempo se encargará de hacerlos desaparecer en el polvo del olvido.
Tú, sin embargo, brillarás por toda la eternidad, al lado de Juan y del Señor Jesús. Entonces ¡prepara! Porque: "Éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón