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domingo, 9 de febrero de 2020

NO TE PREOCUPES POR LO QUE TE FALTA

«Testificando Dios juntamente con ellos, con señales, prodigios, diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo» (Heb. 2: 4, RV95).

Era la Navidad del 2013 y nuestros corazones rebosaban de gozo. Dieciocho misioneros nos dirigíamos por el largo camino que lleva a una de las regiones indígenas de Costa Rica. Un camión repleto de sacos para repartir, más el picop de mi esposo también lleno, escoltaban el pequeño bus de misioneros gozosos. Ansiábamos el momento de poner nuestros pies en aquellas tierras otra vez. El camino sinuoso y polvoriento parecía estrecharse y unirse a la vegetación que rodeaba ambos lados. Finalmente, llegamos… Allí estaba la montaña, imponente como siempre, acicalada con pinos y plantas silvestres, majestuosa bajo el espléndido cielo azul y adornada por el cantar sonoro de aves exóticas. Todo parecía darnos la bienvenida.  Dany Rojas, de nuestro equipo, impartiría la Palabra de Dios; pero para ello necesitaba un traductor de español a cabécar. Se habían hecho los arreglos para que alguien tradujera; pero ese alguien nunca llegó. ¿Cómo predicaría Dany el evangelio? Dios sabía cómo; él hizo el milagro. A pesar de las limitaciones del idioma, las personas entendieron la verdad que allí se expuso y muchos decidieron comprometerse a estudiar la Biblia con un laico de una iglesia cercana. ¡Qué Navidad de éxito y bendición fue aquella!
Tal vez en alguno de tus esfuerzos por llevar el mensaje de salvación a quienes te rodean, sientes que te falta algo qué te parece esencial. Puede ser dinero, pueden ser recursos materiales, tal vez alguien que predique o tal vez consideres que te falta conocimiento bíblico, don de hablar en público o. un traductor. Sea lo que sea que crees que te falta, confía. El Señor es el primer interesado en que un hijo suyo conozca más de su amor; así que él suplirá lo que a ti te falta. Él aportará lo necesario para la ocasión, a la par que su Espíritu obrará en los corazones receptivos. Dios jamás abandona a quienes predican su Palabra y se esfuerzan por aliviar el dolor humano,
«Verán los que nunca habían tenido noticias de él; entenderán los que nunca habían oído de él», dice la Biblia (Rom. 15:21). Puedo dar fe de que así es. Porque Dios mismo está pendiente de que así sea. No te preocupes por lo que crees que te falta; él proveerá.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2020
UN DÍA A LA VEZ
Patricia Muñoz Bertozzi
Lecturas Devocionales para Mujeres 2020.

lunes, 19 de marzo de 2012

UN MONO EN LA ESPALDA

Echa sobre Jehová tu carga y él te sostendrá. Salmo 55: 22, NRV95.

¿Te imaginas cómo sería tener un mono sobre la espalda todo el día? Creo que la palabra que mejor describiría esa experiencia es pesadilla.
Escuché la expresión «tener el mono en la espalda» en una entrevista por televisión, de labios de una celebridad del deporte. Era un hombre dueño de, por lo menos, dos de las tres «moneditas de oro» que el mundo codicia: dinero y fama (la otra es el amor). Pero ¡qué curioso! Su rostro no reflejaba felicidad. «He sido un estúpido, un idiota, un ingenuo», decía.
¿Quién era? ¿Y por qué se expresaba así de su persona?
Se trataba de Alex Rodríguez, para muchos, el mejor jugador de béisbol del mundo. Por cierto, el mejor pagado, y probablemente el más envidiado. En ese momento, ante las cámaras de ESPN, Alex Rodríguez estaba confesando que había usado esteroides durante tres temporadas de béisbol (2001-2003), mientras jugaba ruta los Rancheros de Texas.
¿Qué necesidad tenía Alex de usar drogas si ya era el mejor?
«Cuando llegué a Texas en 2001 —explicó—, sentí una presión enorme. Me parecía que tenía sobre mí todo el peso del mundo y que yo debía rendir al máximo cada día».
Es cierto que había firmado un contrato millonario: 25 millones de dólares por temporada y que ese monto de dinero se traduce en presión pero, ¿no había otra razón?
«Quería probar que yo era uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Me dejé llevar por eso de que "Todo el mundo lo está haciendo"».
«Todo el mundo lo está haciendo». ¿Justifica este hecho el uso de sustancias indebidas? Tenía razón Alex de llamarse a sí mismo «estúpido». Por momentos, sentí compasión de él, al verlo en ese pequeño infierno que él mismo se había creado. Pero al fin de la entrevista, me contentó saber que había tenido el valor de admitir su falta, y de pedir que se le perdonara.
«Lamento mucho lo que hice —expresó—. Hoy quiero quitarme este mono de mis espaldas». ¡Qué manera tan gráfica de expresar lo se siente hacer lo malo!
¿Hay en tu vida algún pecado que no hayas confesado al Señor? Pues no hay necesidad de que «cargues con ese mono sobre tu espalda»
¡La sangre de Cristo todavía perdona pecados!
Gracias, Jesús, por la preciosa sangre que derramaste en la cruz por mí.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala