sábado, 2 de abril de 2011

VOLVERAS A DARME VIDA

Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darme vida, y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra. Aumentarás mi grandeza, y volverás a consolarme. Salmo 71:20,21.

Pocos sufrieron tanto en la vida como David. Fue golpeado de todos los ángulos. Sus mejores amigos lo traicionaron; el hijo amado ambicionaba su trono, y fue desleal con él. Lucho contra tendencias que lo llevaban hacia el mal. Anduvo errante por los desiertos, durmiendo en cuevas y, muchas veces, comiendo del favor de los otros. ¿Puede existir una vida más llena de angustias y de contrariedades?
Sin embargo, atravesando una de esas circunstancias difíciles, David escribió el salmo 71, y afirmo: "Sé que me levantaras de los abismos de la tierra".
Nada está perdido para los que confían en el Señor. Las circunstancias que te rodean pueden ser, en este momento, de las más tenebrosas. Desde el punto de vista humano, puede parecer que las cosas escaparon de tu control; pero, para aquellos que confían en el Señor, nada está perdido, porque tienen la seguridad de que Dios los sacará de los abismos de la tierra.
Paola llego, un día, con su vida hecha pedazos. Estaba embarazada, a los 18 años, y no sabía qué camino seguir: sus padres la habían expulsado de la casa, sus amigos le aconsejaban realizar un aborto y el novio no quería saber más de ella.
Fue en esas circunstancias que asistió a una cruzada evangélica, y entendió el plan maravilloso que Dios tenia para ella. Claro que ella no sabía. Hasta aquel día, había vivido como si Dios no existiese; tenía la impresión de que la religión era cosa para gente vieja. Pero, en el momento de dolor y de desesperación, acudió a una iglesia y descubrió que nada está perdido para los que confían en Dios.
Los años pasaron. Hoy, Paola está casada con un hombre cristiano, que cuida de su hijito como si ambos fuesen los padres. Con la ayuda del esposo, logro terminar sus estudios, y trabaja, como enfermera, en un gran hospital.
Emocionada, mira hacia atrás, y reconoce que realmente Dios la saco de los abismos de la tierra. Por eso, hoy, a despecho de las dificultades que se aglomeran delante de ti, confía en el Señor y di, como David: "Tu, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darme vida, y de nuevo me levantaras de los abismos de la tierra. Aumentaras mi grandeza, y volverás a consolarme".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

viernes, 1 de abril de 2011

SI ÉL CUIDA DE LAS AVES

Mirad las aves de los cielos [... ] vuestro padre celestial las alimenta, ¿No valéis vosotros mucho más que días? (Mateo 6:26).

¿Cómo podré estar triste, como entre sombras ir, cómo sentirme solo y en el dolor vivir? Si Cristo es mi consuelo, mi amigo siempre fiel, si aún las aves tienen seguro asilo en él. Si aún las aves tienen seguro asilo en él
«Nunca te desalientes», oigo al Señor decir. Y en su Palabra fiado hago al dolor huir. A Cristo paso a paso yo sigo sin cesar y todas sus bondades me da sin limitar. Y todos sus bondades me da sin limitar.
Siempre que soy tentado o que en la sombra estoy, más cerca del camino y protegido voy. Si en mi la fe desmayara, y caigo en la ansiedad, ¡tan solo él me levanta, me da seguridad! ¡Tan solo él me levanta, me da seguridad!
Letra: Civilla D Martín
Música: Charles H Gabriel.

Coro: ¡Feliz cantando alegre, yo vivo siempre aquí. Si á cuida de las aves, cuidará también de mí!
Tras saber que la salud de los esposos Doolittle estaba seriamente deteriorada, la señora C D. Martín compuso este himno lleno de fe, confianza y optimismo: «Si el cuida de las aves, también cuidará de mí».
¡Cuánta fe, cuánta confianza, cuánta seguridad en un Dios que, a pesar de las luchas y dolores que hemos de enfrentar aquí, no nos abandona, sino que nos fortalece en nuestras debilidades! Estas palabras alentadoras han impulsado a muchos corazones desesperados por la enfermedad, la escasez e incluso por la muerte, a hallar un refugio confiable en los brazos de un Dios que solo tiene planes de progreso para el ser humano, que únicamente desea la felicidad y la prosperidad de todas sus criaturas.
¿Te has sentido atormentada alguna vez por las circunstancias de tu vida? ¿Tal vez la enfermedad o el remordimiento del alma, el vicio, la droga o la soledad te han golpeado fuerte? Si piensas que no hay salida para ti más que la muerte, recuerda las palabras de este himno y eleva a tu Dios una oración: «Señor, estoy al borde de! abismo, pero no me dejes caer, porque si cuidas de las aves, sé que también puedes y quieres cuidar de mí. En tus manos me entrego».

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

SUPERACION ESPIRITUAL

Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios. Deuteronomio 28:13.

Alo largo de la historia humana ha habido miles de personas que lucharon por años con tenacidad y presteza para alcanzar una meta. Es bien sabido que para adquirir lo que realmente vale en esta vida, son sumamente necesarios el esfuerzo y el sacrificio.
Las metas a alcanzar dependen de cada persona y pueden ser de carácter económico, profesional, social, afectivo u otro. Detrás de los tremendos avances científicos que marcaron a la humanidad, como por ejemplo la informática, la navegación espacial, las comunicaciones, etc., hubo miles de horas de trabajo sacrificado y esmerado, para lograr lo que hoy conocemos.
Todo este impulso de superación personal y esfuerzo está genuinamente apoyado por Dios y su Palabra. A través de Moisés y como condición a la obediencia, la Biblia nos dice: "El Señor te pondrá en el primer lugar, y no en el último; siempre estarás por encima de los demás, y nunca por debajo, con lal que atiendas a los mandamientos del Señor tu Dios, que yo te ordeno hoy, y los pongas por práctica" (Deut. 28:13, Dios habla hoy), y estas bendiciones para la nación de Israel están también aseguradas para el Israel espiritual.
Dios está dispuesto a darnos la posibilidad de distinguirnos en todos los órdenes de la vida. Por lo tanto, es normal y lógico que deseemos la superación y nos superemos, siempre y cuando esa superación esté sujeta a la voluntad divina.
Por demás está decir que para llegar a concretar cualquier tipo de logro, la constancia, el espíritu de sacrificio, el tiempo empleado en el trabajo y otras cualidades que se asocian a la perseverancia, son necesarios e indispensables. No existe meta a alcanzar que no pida a cambio algún tipo de sacrificio o inversión.
Aunque a menudo se habla de la conducta apropiada del cristiano, pocas veces se nos anima a superarnos en la vida espiritual. Para que se realice esta superación, es necesario entregarle nuestra voluntad a Dios, ya que no hará vida sin que nosotros se lo permitamos.
A lo largo de este mes veremos diferentes conceptos bíblicos que te ayuda mi a tomar decisiones para que Dios te permita crecer espiritualmente, así Minio es normal crecer y superarse en todas las facetas de la vida. Si amas a Dios, también desearás superarte en tu vida espiritual. Comienza hoy pidiéndole al Señor que te permita ser "cabeza y no cola" en tu cristianismo diario.


Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuela

"MI PAZ OS DOY"

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Juan 14:27.

Anochece. Siempre anochece. El sol puede brillar en todo su esplendor, pero eso no significa que el día será eterno. En este mundo, la noche llega más tarde o más temprano. Las sombras vienen y, con ellas, muchas veces, vienen también las inseguridades y los miedos. Es la ley de la vida: hay día, pero también hay noche.
Aquella noche, sin embargo, en la vida de Casiano, era la más terrible. Su hogar había sido destruido por una insensatez suya. El peso de la culpa lo abrumaba; golpeaba su cabeza como un martillo. Lo atormentaba, y lo crucificaba en el madero de sus errores. Cómo hubiese querido volver a ser niño, despreocupado con la vida, ajeno a los problemas de los adultos. Un niño cansado de correr por los campos verdes de su tierra, que dormía en paz cuando la noche llegaba.
¿Paz? ¡Hace mucho tiempo ignoraba lo que era paz! Pero, ¡cómo son las ironías de la vida! Acababa de regresar de una misión de paz, en un país extranjero. Él, buscando paz para los demás cuando, en lo recóndito de su ser, no sabía lo que era eso.
Hundido en su mundo de dolor y remordimiento, una noche se detuvo en un programa de televisión. Allí se hablaba del maravilloso amor de Jesucristo. No le prestó atención, al principio. Pero, a medida que el pensamiento del presentador avanzaba, despertó su interés.
El hombre de traje oscuro y voz suave, hablaba de paz. No se refería a una paz pasajera, humana. No hablaba de un acuerdo de concordia entre seres humanos; hablaba de un sentimiento de quietud y bonanza que se apodera del corazón, a pesar de las circunstancias terribles que la vida presenta.
Casiano anheló esa paz para él. Con asombro, veía describir la historia de su vida; sus encuentros y desencuentros; sus noches de amargura, sin poder dormir.
Repentinamente los ojos del presentador se fijaron en los suyos. "¿Adonde irás", le preguntó, "si no vienes a Jesús?" Casiano no lo pensó dos veces. Se ¿ipróximo a la televisión, y cayó arrodillado, entregando el corazón a Jesús.
Ya pasaron más de veinte años desde aquel día. Hoy, Casiano sabe, por experiencia propia, lo que Jesús quiso decir al anunciar: "La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

jueves, 31 de marzo de 2011

DERECHO A NACER

Den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús (1 Tesalonicenses 5:18).

Mi pasado se remonta al momento en que el milagro de la vida se hizo una realidad en mí. A las dos de la tarde de un día como hoy respiré por primera vez el aire de este mundo. Aunque el enemigo luchó para que mi concepción no tuviera éxito, Dios manejó todo, y hoy vuelvo a cumplir otro año más de esa vida que me dio como regalo. ¿Por qué tuvo Dios tanto interés en mí? ¿Por qué luchó para que yo naciera? ¿Poiqué veló constantemente por conservarme la vida? Por la misma razón que lo hace contigo: porque su amor es eterno, porque somos especiales y quiere regalarnos la oportunidad de disfrutar a su lado por toda la eternidad.
¿Sabes cuál es el propósito de Dios para tu vida en esta tierra? La respuesta a esta interrogante puede variar, pero una cosa es cierta: no has venido al mundo por casualidad. No eres un accidente. Agentes humanos tuvieron que ver con tu concepción, pero no fueron los responsables de darte la vida. Solo el aliento divino, el amor de un Dios que permitió que se unieran óvulo y espermatozoide, fue el que te hizo tal como eres.
Vivir en este mundo sin esperanza y sin optimismo es decirle a Dios que se equivocó al darte la oportunidad de nacer. Dios te ha dado el derecho de nacer porque te ama y tiene para ti grandes propósitos. Si no los has descubierto aún, si crees que le has fallado a tu Creador, si no ves motivo alguno para tu existencia, mira al cielo y escucha la voz divina diciéndote: «No te he prometido cielos azules y senderos bordeados de flores durante toda la vida; no te he prometido el sol sin la lluvia, ni gozos sin tristezas, ni paz sin dolor. Te he prometido fuerza para el día, descanso después de tu labor, luz para el camino, gracia en todas tus pruebas, anida celestial, simpatía inagotable e imperecedero amor» (Annie Johnson Flint).
La voluntad de Dios para tu vida ha sido darte el derecho a nacer.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

EL NOVIAZGO: UNA ETAPA DE ORO

Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. 1 Juan 4:12.

Este es el último día que hablaremos del "tiempo de amar", como lo es la adolescencia y la juventud, y no quiero hacerlo sin mencionar algunos aspectos que creo son necesarios recordar y tener en cuenta sobre el propósito del noviazgo.
Pregúntate, ¿para qué está el noviazgo? Enumera las razones por las que deseas, como la mayoría de las personas de tu edad, tener una persona especial.
¿Me permites darte algunas razones?
Una de ellas es para que te sientas completo como persona. A medida que creces en la vida, te irás dando cuenta que hay actividades que deseas realizar para sentirte satisfecho contigo mismo. Quizá cuando eras pequeño tus padres debían impulsarte y hasta presionarte para que estudiaras, pero con los años, tu madurez y experiencia te hicieron ver que el estudio es una parte importante en tu capacitación profesional, y ya no necesitaste que te dijeran: "debes estudiar". Lo hiciste porque deseabas sentirte realizado. De igual manera, el noviazgo ayuda a completar ese sentido de realización que llega a su climax en el matrimonio.
Otra de la razones es suplir una necesidad que Dios colocó dentro de ti. No es casualidad que sientas el deseo de dar y recibir amor, no es casualidad que con tus amigos y gente de tu edad, este sea casi el único tema de conversación; nuestro Creador puso esa característica propia en ti y para hacerla efectiva necesitas de otra persona. Sentirte querido y a su vez querer a un semejante es parte de la naturaleza humana.
La última razón que daré es que el noviazgo te ayudará a prepararte para el matrimonio. El noviazgo es una escuela y no es una cadena que te lleva obligadamente a formar un hogar. No debes casarte con una persona que tenga un carácter que no te agrade, hábitos perniciosos o simplemente te convenzas que no serás feliz con ella. Recuerda que los besos no son contratos, ni los abrazos compromisos. Si prevés que será un error continuar con él o con ella, ¡detente! Termina la relación lo antes posible.
Si bien Juan está hablando del amor al prójimo en general cuando nos dice que "Dios permanece en nosotros... si nos amamos unos a otros", sin lugar a dudas lo podemos aplicar también al noviazgo. Nuestro Padre también desea que expresemos su amor a través de la persona que queremos, y ese dar y recibir amor es un reflejo del amor que Dios da y que espera que nosotros también le manifestemos.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuela

¡CONFÍA EN EL SEÑOR!

Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Jeremías 17:7.

El versículo de hoy fue escrito, por Jeremías, en circunstancias dramáticas. La destrucción del pueblo se acercaba; era inevitable. Los ejércitos enemigos se preparaban para el ataque. Y el propio Jeremías era el portador de malas noticias para su gente.
A pesar de eso, el profeta asegura que, aun en medio del dolor y de la tristeza, el varón que confiase en el Señor sería bendito. ¿De qué bendición estaba hablando?
El versículo 8 trae la respuesta: quien confía en el Señor, "será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de su sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto".
Interesante, la promesa divina. No dice que el calor no vendrá ni que la sequía no llegará. Afirma que, en medio de las situaciones adversas, sus hojas estarán verdes y producirá mucho fruto.
La tragedia de las personas no consiste en las luchas y las dificultades que se presentan cada día, sino en la falta de confianza para ir en pos de la victoria. Cuando el dolor llega, el que confía en Dios es como el árbol cuyas raíces saben dónde buscar agua.
Aun en medio del desierto, es posible encontrar palmeras; árboles gigantescos y erectos, en medio de la sequía y de los vientos. Las palmeras están allí no porque carezcan de dificultades; el secreto de su permanencia es la fuente de vida que sustenta su existencia. Las inclemencias del clima les enseñaron a introducirse hondamente. Sus raíces se deslizan, silenciosas, en busca de agua.
Si hoy es un día terrible, y sientes que estás solo; si te faltan fuerzas y estás a punto de desanimarte y abandonar la batalla, quita tus ojos de las cosas en las cuales confiaste y deposítalos en el Señor. Puede parecer infantil, a veces. En este mundo pragmático en el que vives, puedes tener la impresión de que estás actuando como un niño.
Pero, las cosas divinas son así. Tal vez por eso, el Señor Jesús dijo un día que, si no nos volvemos como niños, no entraremos en el Reino de los cielos.
No temas. Los ejércitos enemigos pueden estar allá afuera, armados hasta los dientes, pero "bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

miércoles, 30 de marzo de 2011

LLÁMAME AMARGA

Ya no me llamen Nohemí, repuso ella. «Llámenme "Mará, porque el Todopoderoso ha colmado mi vida de amargura. (Rut 1:20 NVI).

Cuando nacemos, nuestros padres nos inscriben en el registro civil con los nombres que han escogido para nosotros. Y aunque nuestro nombre nos acompañará toda la vida, resulta irónico que en realidad nosotros no hayamos tenido nada que ver con su elección. Sucede a veces que no estamos conformes con el nombre que nos han puesto y deseamos cambiarlo por otro. Si bien hay personas que lo han hecho, por lo general todo el mundo conserva el que le han puesto sus progenitores.
Por tradición todos en mi casa tenemos nombres bíblicos. Cuando era pequeña me resultaba chistoso pronunciar los largos nombres de mis abuelos. Más tarde comprendí que era un honor llevarlos porque se aseguraba de alguna forma la continuidad de esas personas.
El texto de hoy nos presenta a una mujer que cambió su nombre, caso extraño en Israel, pues el nombre era considerado casi una señal del destino. Quizás fue por eso que Noemí, «la placentera», la que tenía augurada una vida feliz, ahora envuelta en amargura, desconsolada por la pérdida de sus hijos y de su esposo, regresaba a su tierra natal trayendo no solo su pena, sino un nuevo nombre que le permitiera poner distancia con su vida anterior: «Amarga». Sí, ese era el nombre que había escogido. «El Todopoderoso ha colmado mi vida de amargura», decía mientras trataba de explicar a otros su desdicha.
A veces la vida no sigue el curso que habíamos planificado. Por el contrario, comienzan a llegar tristezas, enfermedades, separaciones y hasta la muerte, cargando de gran amargura nuestra alma. ¿Te sientes identificada con Noemí, «la amarga»? ¿Al igual que ella, piensas que el Todopoderoso te ha afligido? La historia le demostró que su nombre original era el correcto, que Dios no la había afligido y que estaba al tanto de su sufrimiento.
De igual forma Dios vela por ti. Quizás no comprendas los caminos divinos, pero si de algo puedes estar segura es de que algún día recibirás un nombre nuevo que te coronará como triunfadora por toda la eternidad.
Señor, ayúdanos a recibir esa piedrecita blanca con nuestro nuevo nombre.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera