miércoles, 6 de abril de 2011

IDENTIDAD CRISTIANA

Sed, pues, imitadores de Dios coma hijos amados. Efesios 5:1.

A medida que crecemos, todos los seres humanos vamos aprendiendo por medio de la observación y la imitación. En el proceso de formación de nuestra identidad, lo que observamos genera patrones de conducta en nuestra mente, que luego repetimos en nuestra vida.
Cuando vi por primera vez a un alumno varón del colegio donde yo trabajaba con un aro en la oreja, no me impresiono nada bien. Me parecía que estaba fuera de lugar. Pero, con el paso del tiempo y al ver a cientos de jóvenes con aros en sus orejas, ya no lo vi tan repulsivo como antes. ¿De donde salió "esa moda"? ¿Nació de repente en la mente de miles de jóvenes en todo el mundo como por arte de magia? No, no nació por arte de magia. Tuvo su comienzo en algún lugar.
Hace unos diez años que surgió en Argentina un grupo de música "pop" integrado por cinco jovencitas. Estas jóvenes usaban pañuelos en sus cabezas, y a partir de alii, miles de adolescentes y jóvenes fans de este grupo, salían a las calles con pañuelos en la cabeza. No era para taparse del sol, no era por alguna enfermedad ni tampoco para evitar la pediculosis; simplemente era la moda impuesta por cinco jóvenes que habían alcanzado la fama con la música.
Pablo conocía perfectamente el modo en que opera la psiquis del ser humano, y para que nadie se equivoque a la hora de observar para imitar, exhorto: "Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados". El Dios soberano y poderoso es el gran modelo a imitar, y para lograrlo es necesario estudiar la vida de su Hijo, quien vino a este mundo a mostrar el carácter de su Padre.
Hoy no nos llamamos cristianos por usar un nombre, tampoco vale llamarse así por haber nacido en un hogar adventista y mucho menos porque está de moda. Ser cristiano significa hablar como Jesús, amar como Jesús y vivir como Jesús. Eso se logra observando, mirando, aprendiendo día a día del gran "Yo Soy". De esta manera podremos decirle a los demás que somos cristianos porque vivimos como Cristo. Hoy Jesús te invita a que lo observes a través de las páginas de tu Biblia, porque así es que tu identidad será la de un cristiano.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuela

¿CAUSA O CONSECUENCIA?

Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros. 2 Corintios 13:11.

Da la impresión de que el consejo de Pablo a los corintios presenta ciertas condiciones a fin de recibir el amor de Dios. Las condiciones serian: "Tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir y vivid en paz". Si hiciereis esto, entonces, "el Dios de paz y de amor, estará con vosotros".
La pregunta que surge de manera natural es: si podemos vivir una vida "maravillosa" sin Dios, ¿para que necesitamos de él? El aparente problema se resuelve al analizar la preposición "Y". En griego, es kaí. Puede ser traducida como "Y", pero también significa "realmente" o "en verdad".
El texto reza, literalmente: "Por lo demás, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, vivid en paz, y en verdad, el Dios de paz y de amor estará en vosotros". Quiere decir, la evidencia de que Dios está en ti es los frutos del amor.
Tu puedes pasar por la vida tratando de ser bueno, comprensivo, altruista y pacificador; pero, si no tienes al Dios de amor en tu corazón, esas virtudes serán frutos de plástico, productos de tus propias manos, artificiales y huecos. Nadie es bueno porque sabe que debe ser bueno; el cambio de carácter no depende de la información; no es fruto del esfuerzo humano. Proviene de Dios, manantial de pensamientos, sentimientos y acciones puros.
El cementerio de las buenas intenciones es la disciplina humana. El dominio propio y la fuerza de voluntad solo te conducen al fracaso y a la frustración; sirven apenas para disfrazar, y engañar a los demás. Peor, acaban engañándote a ti mismo.
¿Quieres ser genuino? ¿Deseas vivir la vida victoriosa de verdad? ¿Aquella que no necesita de barniz? ¿Anhelas la autenticidad del ser? Ve a Jesús, llevándole tu insuficiencia, y dile: "Señor, te necesito en mi vida. Sin ti, no soy nada. Ven, y crea en mí un nuevo corazón.
No te olvides: "Por lo demás, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, vivid en paz, y en verdad, el Dios de paz y de amor estará en vosotros".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

martes, 5 de abril de 2011

DIOS SABE, DIOS OYE, DIOS VE

No dará tu pie al resbaladero ni se dormirá el que te guarda. (Salmo 121:3)
Uno de los sentidos que yo más valoro es el de la vista. En mi familia ha habido casos de personas que no han gozado de buena visión, afectados por una malformación genética o por la enfermedad, e incluso por accidentes. Mi abuelo materno sufrió la desgracia de no poder ver durante quince años de su vida. Aunque era una persona muy jovial y todos lo queríamos muchísimo, el sufría porque no podía vernos. Por más que nos tocara y tratara de imaginar nuestra sonrisa, no podía disfrutarla como nosotros la suya.
Los médicos, reticentes a la hora de dar un pronóstico alentador, aconsejaban una intervención quirúrgica para evitar complicaciones. Mi madre elevo una oración pidiendo que se cumpliera la voluntad divina; y ante el asombro de la ciencia, mi abuelo no solo pudo ver a sus nietos, sino que volvió a leer los periódicos. Su restauración fue milagrosa.
No sé cuánto valoras tus ojos, pero yo no solo los aprecio mucho, sino que alabo el nombre de mi Dios porque sus ojos no son propensos a ninguna enfermedad ni malformación. Al contrario, los ojos de mi Dios velan por mí en todo momento.
Medita en este mensaje musical: «Tu que te sientes pequeña, / dirige tus ojos a Dios. / No dejes que las sombras te embarguen, / confía tu vida a Jesús. / Tu que muy triste te encuentras, / sumida en la soledad, / no temas clamar al Maestro, / promete a tu lado siempre estar».
Ante las perplejidades de la vida, frente al dolor o el sufrimiento, ¡puedes decir, como el salmista: «Mi socorro viene del Señor? Te invito a que en este momento leas el Salmo 121. Allí donde dice: «No se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel, coloca tu nombre, el de tus hijos, el de tu esposo, los de tus familiares, amistades, y de todos aquellos a los cuales quieras presentar delante del Señor sabiendo que tienes un Dios que sabe, un Dios que oye y un Dios que ve.
El Señor te guarde de todo mal; y guarde tu alma. Jehová guarde tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

DEJAR TODO

Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostrare. Génesis 12:1.

A medida que crecemos hay cosas materiales que nos rodean y forman parte de nuestra vida. Esas cosas en alguna medida son parte de nosotros, y algunas veces nos apegamos tanto a ellas, que nos parece que si no las tuviéramos no podríamos vivir.
Piensa un momento en tu propia vida, en aquellas cosas materiales que hoy tienes, quizá desde que eras pequeño, pero que si te faltan te sientes mal hasta que las recuperas. Podríamos enumerar el televisor, el equipo de música, la computadora, tu habitación, tu pelota de fútbol, y tu podrías mencionar algunas más.
Claro, las cosas materiales no son las únicas que nos acompañan en nuestra existencia ni las más valiosas. También están esas otras que no podemos palpar, como el amor de nuestros padres, el tiempo con nuestros amigos in-timos y el cariño de la persona que amamos.
Algunas personas valoran tanto estas cosas, tanto materiales como no materiales, que hasta llegan a contemplar el suicidio cuando les faltan. Quizá te parezca que estoy exagerando, pero para Genaro García fue tan terrible que su padre le prohibiera mirar televisión, que escribió: "En mi corazón llevare mi televisor conmigo. Te amo", para luego quitarse la vida de un disparo (Sunday Times, Londres, 20 de febrero de 1983).
Abram, un hombre que vivía en la ciudad de Ur, en Mesopotamia, recibió el llamado de Dios para abandonar su "tierra", su "parentela", la casa de su padre, sus hermanos, sus amigos, e ir errante al lugar que Dios tenia destinado para él. Supongo que no debe haber sido fácil para el tomar esa decisión, pero confiando en que cuando Dios nos pide algo, lo hace por nuestro bien, se fue confiado en la providencia divina.
Hoy, el mismo Dios de Abram te pide que dejes todo lo que ocupa el primer lugar en tu corazón y vayas tras las huellas de Jesús. Sé que no es fácil, que hay decisiones que son difíciles de tomar. Pero así como con el patriarca, cuando nuestro Padre nos pide algo es para darnos mucho más. Pedro, al contarle a Jesús que habían abandonado todo por seguirlo a él, recibió la respuesta de su Maestro: "Cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredara la vida eterna" (Mat. 19:29). Abraham se animó, Pedro también, ¿te animaras tu a dejar todo lo que ocupe el primer lugar en tu corazón, para dárselo a Dios?

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuela

¡HIJOS!

Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo. Gálatas 4:7.

La mente pecaminosa del ser humano ha desfigurado el carácter divino. La tradición le ha hecho creer que Dios es un ser de rostro serio y ceño fruncido, sentado en su trono de santidad con una vara en la mano, vigilando y esperando obediencia estricta de sus vasallos.
"Inclínate delante de él, como el esclavo delante de su señor", le ha ordenado durante siglos. Y el ser humano lo ha creído, y ha vivido con miedo de Dios. Ha tratado de aplacar la ira de su "señor" con penitencias, peregrinaciones y sacrificios. Se ha arrastrado delante de él, como criatura indigna. Ha cargado el fardo horrible de la religiosidad desprovista de gracia.
Lo peor que el pecado consiguió fue desfigurar el amor divino; presentarte a Dios como un ser rencoroso y vengativo. Te hace huir, esconderte, anularte; como Adán y Eva en el Jardín del Edén después del pecado. Desesperados, vacíos, desnudos y ridículos; e intentando cubrir su desnudez con miserables hojas de higuera. Aquella triste tarde, Dios se presentó en el Jardín buscando al hijo amado, pero el pecado gritaba a los oídos de este: "No eres hijo, eres esclavo".
Tal vez, sí; seguramente que sí. Pero, no esclavo de Dios: esclavo del enemigo de Dios. Castigado impiadosamente por el peor verdugo que alguien pueda tener: la conciencia tergiversada por el pecado.
El versículo de hoy, sin embargo, trae la más extraordinaria noticia que alguien pudiera recibir: ya no eres esclavo de nadie; no necesitas serlo: el Señor Jesús pago el precio de tu rescate. Si crees en la promesa divina, pasas a ser hijo, heredero de la promesa. Tus culpas han sido perdonadas; no necesitas vivir huyendo ni escondiéndote. El Señor Jesús te da el derecho de reclamar la promesa y de vivir como hijo del Rey, príncipe en el vasto universo de Dios.
Por eso, hoy, ¡yergue la cabeza! Deja que el Sol de justicia ilumine la penumbra de tu ser. No tienes que vivir como si le debieses algo a la vida; no existe motive para que te sientas esclavo. El Señor Jesús cargo el peso de tu culpa en el Calvario y te liberto. "Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

lunes, 4 de abril de 2011

DIOS COMPRENDE TUS LÁGRIMAS

Porque estas a mi diestra no seré conmovido (Hechos 2:25).

Dios siempre comprende tus lágrimas. Este es uno de mis himnos favoritos. No solo porque vivo en un mundo donde las lágrimas forman parte de la cotidianidad, ni porque al ser mujer suelo derramarlas con bastante frecuencia, sino porque me da la completa seguridad de que tengo un Dios real, que siempre comprenderá mi dolor. Cuando lloro, él llora conmigo, porque es capaz de comprenderme aun cuando no exista ningún ser humano que lo haga. ¿Has experimentado esto alguna vez? ¿Te has sentido tan sola que únicamente Dios ha sido tu compañía y consuelo?

Muchas veces sucede que no encontramos comprensión en nuestros esposos, ni en nuestros hijos, porque solo las mujeres podemos comprender ciertas cosas que nos pasan. Estoy segura de que mientras lees estas líneas, tu mente te proyectara al pasado y te hará recordar de nuevo incidentes de tu vida en los que, aunque estabas acompañada de seres muy amados que te mostraban su cariño, solo Dios comprendió verdaderamente lo que tu corazón estaba afrontando. Solo Dios comprendió tus lágrimas. No las juzgo, ni tal vez les busco solución inmediata, pero si las escucho, las comprendió y te dio su paz.

Quieto compartir contigo el contenido de este mensaje musical: «Preguntas tu: "¿Por qué lagrimas ves caer?". / Sufriendo estas y ya no puedes soportar. / Dios siempre a tu lado esta, él no te dejara / pues siempre comprende tus lágrimas. / Pruebas siempre tendrás, y el sufrir vendrá, / el cruel dolor oprimirá tu corazón, / más sola nunca estarás, el enjuga tu llorar, / pues siempre comprende tus lágrimas. / Te cuidara cuando herida y abatida estés. / Aún si le falta fe, a tu lado fiel te sostendrá. / Contigo llorará y te ayudara a vencer. / Dios siempre comprende tus lágrimas.
¿Te sientes identificada con estas palabras? ¿Has sentido la mano de Dios a tu lado en los momentos más difíciles de tu existencia? La enfermedad, la muerte o la separación, ¿te han hecho llorar hasta no quedar más lágrimas en ti? Entonces haz tuyas las palabras de consuelo: «Dios siempre comprende tus lágrimas». Él está a tu diestra.
Cuando estas abatida, Dios tiene un pañuelo. El siempre está a tu lado.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

CAMINAR CON JESÚS TODOS LOS DÍAS

Camino, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevo Dios. Génesis 5:24.

Otro de los grandes hombres de la Biblia que supo distinguirse como seguidor de Dios fue Enoc. En la Epístola a los Hebreos, Enoc forma parte de aquellos que tuvieron en alto el estandarte de la fe (Heb. 11:5), Judas lo llama profeta y enuncia una profecía dada por el sobre la segunda venida de Cristo (Jud. 14) y Lucas lo nombra en su genealogía para establecer la ascendencia humana de Jesús (Luc. 3:37).
Su nombre podría haber sido mencionado como el resto de la descendencia de Adán, pero dentro de la lista de los "engendro" de Génesis 5, se hace un alto para señalar que "camino Enoc con Dios" (Gen. 5:22).
Los dos primeros años de colegio secundario los realice en una institución que distaba 24 cuadras de mi hogar. Como el dinero no sobraba y detrás mío habían tres hermanos que demandaban los mismos cuidados que había requerido yo, la situación económica me obligó a prescindir de los medios de transporte y a caminar diariamente esas 24 cuadras. En ese colegio conocí a Juan Manuel, un buen compañero, con quien forme una gran amistad con el paso de los días. Era poco el tiempo que nos veíamos fuera del aula, y como nuestros hogares quedaban relativamente lejos pero en la misma dirección, comenzamos a caminar juntos al terminar cada Jornada de estudio.
Así cultivamos nuestra amistad, y aún hoy recuerdo con mucha nostalgia las largas conversaciones que manteníamos en los 30 minutos que demandaban esas 24 cuadras. Anhelos, alegrías, sueños, tristezas, todo era un buen motive para iniciar una conversación y disfrutar del trayecto juntos. Sin lugar a dudas podría afirmar que nuestra amistad creció porque caminábamos juntos todos los días.
Enoc camino con Dios "después que engendro a Matusalén, trescientos años" (Gen. 5:22). ¡Te imaginas a alguien que camine trescientos años sin parar! Pues así ocurrió con Enoc, y en esta larga caminata, invito a Jesús a que le hiciera compañía. Jesús y Enoc caminaron juntos todos los días. Esta es la corta historia de un gran hombre, un hombre que se animó a caminar acompañado; y en premio a semejante travesía, Dios se lo llevo a vivir con él sin ver la muerte.
¡Que agradable sería que se hable de nosotros como de personas que están caminando con Dios! No pierdas esta oportunidad, comienza hoy a caminar con Jesús, porque él desea acompañarte.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuela

CONSUELO

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. 2 Corintios 1:3,4.

El dolor tiene un propósito. Siempre. Aunque no lo entiendas ahora; aunque las lágrimas te impidan ver los brazos abiertos de Jesús. Dios te consuela, para ensenarte a consolar. Fuiste colocado en este mundo con el propósito de ser un agente de consolación. Las personas sufren; lloran; se desesperan. No saben adónde ir en busca de ayuda. Y Dios te hizo un rayo de esperanza entre las tinieblas del dolor ajeno.
Pero, nadie nace sabiendo consolar; necesitas prepararte en la escuela del dolor. Es imposible entender el sufrimiento leyendo un libro o participando de un seminario. La única forma de aprender es sufriendo; solo entiendes el valor de una lagrima, llorando...
El versículo de hoy no dice que Dios te envía el sufrimiento; nada que te cause dolor proviene de las manos de Dios. Él es el manantial solo de cosas buenas. El problema es que vives en un mundo de dolor; el sufrimiento es la ley de este mundo de pecado. Sufren los malos, y sufren también los buenos.
Dios, entonces, toma el dolor y lo transforma en un instrumento de enseñanza. Viene y te consuela para que aprendas a consolar; después, te envía a fin de que seas un agente de consolación.
¿Cómo podrías consolar al padre que llora delante del cuerpo inerte del hijo, muerto en un accidente de tránsito, si tú no hubieses pasado por un momento tan doloroso como aquel?
¿Qué podrías decir a la mujer desesperada porque el esposo la abandono, si en algún momento no hubieses, también, tenido tus días de lágrimas y de soledad?
Por eso, no desesperes si hoy el dolor tocó a la puerta de tu vida. Dios está ahí, cerca de ti, consolándote, aunque no lo veas. Esta ahí, enjugando tus lágrimas, porque "él te consuela en todas tus tribulaciones, para que puedas también tu consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que eres consolado por Dios".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón