lunes, 7 de septiembre de 2009

HONRAR A DIOS ANTE TODO

No olvides mis enseñanzas, hijo mío; guarda en tu memoria mis mandamientos. Proverbios 3:1

Lucile Lacy era adventista del séptimo día y profesora de música en una universidad. Había obtenido e! grado de maestría, pero después de dedicarse unos años a la enseñanza, le pidió a Dios que le permitiera doctorarse. Cuando le ofrecieron una beca de 10,000 dólares sintió que Dios le daba el espaldarazo para volver a los estudios. Solicitó el ingreso en la Universidad Estatal de Ohio y estuvo entre los diez alumnos admitidos de entre los cuatrocientos que habían presentado la solicitud. Todo iba a la perfección. Pero Lucile encontró a un profesor que le dijo que nunca aprobaría porque, como adventista del séptimo día, se perdería las clases del viernes por la noche y el sábado por la mañana. Por tanto, según le interesase, debería renunciar a su fe y asistir a las clases en sábado o abandonar la facultad. Lucile escogió una tercera opción. Se quedó en la universidad y no asistió a las clases en sábado. Un viernes, al final del trimestre, el profesor entregó un examen para hacer en casa, Era preciso entregarlo el lunes siguiente. Dos horas antes de la puesta de sol, Lucile apartó los libros y empezó a prepararse para recibir el sábado. La tarde del sábado, algunos de los compañeros de dase la lla­maron para animarla. Habían pasado todo el viernes y todo el sábado en la biblioteca y todavía no tenían nada hecho. El domingo, Lucile fue a la biblioteca y trabajó durante diez horas en el examen, pero solo acabó tres de las preguntas. Según parecía, la predicción del profesor sería cierta. Le catearían la asignatura. Pero, en lugar de rendirse, Lucile puso a un lado la investigación y oró durante más de una hora a Único que podía ayudarla. Mañana seguirá el resto de la historia.

Tomado de la Matutina El Viaje Increíble.

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