sábado, 29 de enero de 2011

¡VIVE, NO MUERAS!

Todo aquel que vive y me en mí, no moma eternamente, ¡Crees esto?(Juan 11:26)

En un colegio de educación primaria, una maestra explicaba la teoría de la evolución tratando de convencer a sus alumnos de que la tierra no había sido creada por Dios. Pidió a un niño que saliera al patio y trajera un informe de lo que viera en él. Cuando regresó, el pequeño contó con detalle todo lo que había visto. Al terminar, la maestra le preguntó: «¿Has visto a Dios en lo que has contemplado?». «No, maestra, no he visto a Dios», contestó el joven.
Una pequeña, que se movía intranquila en su asiento, pidió permiso para realizar unas cuantas preguntas a Juancito. Como si no hubiera presenciado la escena anterior, preguntó a su compañero: «¿Viste a Dios en los árboles?». «No», dijo él. «¿Lo viste en las flores?». «No», respondió de nuevo. «¿Ves a la maestra?», continuó preguntando ella. «Sí», afirmó el muchacho. «¿Ves el cerebro de la maestra?», fue la última pregunta. «Por supuesto que no». «Entonces -declaró enfáticamente la niña—, la conclusión de lo aprendido en clase, es que la maestra no tiene cerebro».
El versículo de hoy comienza diciendo: «Todo aquel que vive y cree en mí». Es interesante notar que no todo el que vive cree en Jesús. Aunque todos salimos de sus manos, nos movemos, respiramos y vivimos por su constante amor y poder, algunos prefieren borrar la mano invisible de un Dios visible en cada cosa creada.
Un alumno universitario intentaba demostrar a su profesor de ciencias que la galaxia a la que pertenecía era producto de explosiones producidas millones de años atrás. El alumno tomó una paleta y con productos químicos reprodujo cómo creía él que había sido la explosión primitiva. Orgulloso de su logro, esperó la respuesta de su profesor. Este, muy tranquilo, le dijo: «Todo esto es realmente asombroso, pero dime: ¿quién tomó la paleta y combinó toda esa materia?».
Querida hermana, tienes hoy la oportunidad de creer en el Dios de la vida. Sus manos te han hecho especial y desea compartir contigo la vida eterna, si tan solo crees en él.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

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