lunes, 16 de enero de 2012

UNA HERENCIA VALIOSA

Herencia son los hijos, cosa de estima el fruto del vientre. (Salmo 127:3)

Mi padre nos dejó como herencia varios hábitos, entre ellos el amor hacia la naturaleza, el gusto por la música inspiradora, la lectura y la adoración a Dios.
Nacimos y nos criamos en Perú, en una hermosa ciudad llamada Huaraz, ubicada al norte del país. Los paisajes que disfrutábamos de niños eran espectaculares: arroyos cristalinos, nieves perpetuas, lagunas de color turquesa, campos verdes, peces de agua dulce, llamativas flores, pájaros por doquier. Todo era una fiesta. Saltábamos, corríamos y jugábamos como libres mariposas, llenos de vida, mientras nuestros padres sonreían satisfechos. Mi papá alquilaba de vez en cuando un autobús para veinte o treinta pasajeros. Nosotros éramos cinco hermanos, pero él invitaba a los niños y jóvenes de la iglesia para ir de paseo algunos domingos. Mi madre preparaba comida para todos y partíamos a gozar de la naturaleza.
Papá era aficionado a la música y a diario escuchaba obras de Chopin, Beethoven, Mozart, Vivaldi o Schubert. Los niños y los adultos del vecindario disfrutaban muchas de las composiciones de los grandes clásicos. Nunca nos compró un televisor para que embotáramos nuestras mentes, más bien nos proporcionaba libros de historias y de literatura. A los ocho años podíamos hablar con facilidad de la literatura universal y de la música clásica.
Podría seguir hablando durante un buen rato de lo atento y amoroso que fue mi padre con sus hijos, con sus amistades y con todo el mundo. Amaba la bondad y la fe; oraba a Dios de rodillas con una fe absoluta y una devoción indescriptible. Mi padre y mi madre nos dieron lo mejor y nunca nos abandonaron en nuestras tristezas y alegrías. Desearon que tuviéramos una vida plena y rica y lo lograron.
Si eres madre, dedica tiempo para compartir con tus hijos. Hazte amiga de ellos y enséñales a amar la naturaleza, que es uno de los libros de Dios. El ejemplo de los padres será la mejor herencia que los hijos puedan recibir, y sin duda los ayudará a asegurarse un lugar especial en el Edén.

Toma de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Danitza E. Montalvo es doctora en Educación

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