domingo, 29 de abril de 2012

¿TÚ QUÉ DIRIAS?


Jesús entró en el templo y echó de allí a todos los que estaban vendiendo y comprando. Mateo 21:12.

Un grupo de universitarios adventistas estaba de visita en una institución oficial. Cuando el encargado del protocolo les dio la bienvenida, los presentó así: «Estos jóvenes son adventistas del séptimo día. Ellos no beben, no fuman, no comen carne...».
El profesor que los acompañaba, Chris Blake, dice que por momentos sintió como si el presentador oficial estuviera describiendo a personajes de un circo; a un grupo de jóvenes «raros», comparables, por su forma de vivir, a seres de otro planeta. Al analizar más tarde lo ocurrido, ese mismo día, el profesor y los alumnos se preguntaron: «Si nos hubieran dado la oportunidad de presentamos a nosotros mismos, ¿qué habríamos dicho?» (Adventist Review, 17 de abril de 2008, pp. 26,27).
¿Qué habrías dicho tú? Si tuvieras que describir públicamente a un joven adventista del séptimo día, ¿qué dirías? Y si tuvieras que definirte a ti mismo, ¿qué dirías? ¿Dirías solamente las cosas malas que no haces (no fumar, no beber alcohol, no tener sexo fuera del matrimonio, etc.)?
Al relatar las lecciones que les enseñó ese incidente, el profesor dice que para un adventista no tiene que ser suficiente tan solo abstenerse de hacer cosas malas; hay que luchar contra ellas y, mejor aún, hay que sabotearlas.
¿Luchar en qué sentido? Lo primero, por supuesto, es no participando en ninguna actividad o vicio que dañe tu cuerpo. Pero también puedes organizar, o al menos colaborar activamente, en programas en contra de las drogas, el alcohol y el cigarrillo. Y siempre puedes ayudar a tus amigos, tus compañeros de estudio y vecinos que ahora mismo están atrapados en las redes de estos u otros vicios.
¿Por cuánto más tiempo permitiremos que el mundo siga definiendo a los jóvenes adventistas por lo que no hacen?. ¿Será que llegó el momento de ser más frontales en nuestro testimonio? El ejemplo de nuestro Señor apunta en esa dirección. Cuando fue necesario, tomó el látigo y echó a los mercaderes del templo (Mat. 21:12), llamó zorra al malvado Herodes (Luc. 13:32), y sepulcros blanqueados a los hipócritas fariseos (Mat. 23:27). Y, por supuesto, siempre llamó al pecado por su nombre. Por eso lo crucificaron.
Señor Jesús, quiero imitar tu ejemplo al abstenerme de lo malo, pero  también al luchar contra el mal.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

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