jueves, 7 de junio de 2012

UN FARO DE LUZ


De Siria habían salido bandas armadas que se llevaron cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual se quedó al servicio de la mujer de Naamán. (2 Reyes 5:2).

Todos nos agrada tener un nombre atractivo, sin embargo, el  carácter de una persona es mucho más importante.
Un nombre que no conocemos es el de aquella jovencita que fue sirvienta de la esposa de Naamán.  Su nombre no ha sido registrado en la Biblia, sin embargo, su carácter no ha sido ensalzado por muchos. Aquella joven, al ver la situación de su amo, se sintió conmovida. Sabía que Naamán había contraído lepra, y estaba convencida de que Dios podía sanarlo a través de su siervo Elíseo.  Por lo tanto testifico de las valiosas lecciones que había aprendido en su hogar y le dijo a su patrona: «Si rogara mi señor al profeta que está en Samaría, él lo sanaría de su lepra» (2 Rey. 5:2).  Notemos la forma en que habló: con seguridad y convicción. Ella pudo ser un faro de luz y esperanza mientras compartía sus convicciones.
El rey de Israel se sintió muy preocupado al recibir de manos de Naamán una carta del rey de Siria, por lo que rasgó sus vestiduras diciéndole a Eliseo que aquello no era más que un pretexto para iniciar una disputa entre las dos naciones. Eliseo contestó pidiendo que le enviara a Naamán. Cuando Naamán llegó a la morada del profeta, Eliseo le envió un mensaje ordenándole que fuera al río Jordán y que allí se lavara siete veces. Notemos el marcado contraste existente entre el temor expresado por el rey y la admirable fe, valentía y confianza manifestadas por la joven sirvienta y por el profeta. Es de notar asimismo que Naamán tuvo que lavarse siete veces, no seis.
Naamán y su familia experimentaron un genuino gozo como resultado del testimonio de aquella joven sirvienta.  Así mismo aprendieron la importancia de la obediencia total y del respeto debido al Dios verdadero, así como a su profeta.
La pregunta que debemos hacernos es: «¿Podría yo, al igual que aquella joven sirvienta, ser un faro de luz a favor de mi Señor y Salvador?».

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Shirnet Wellington

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