miércoles, 6 de junio de 2012

UNA GRACIA QUE SOBREABUNDE


Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi Casa.  Probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos. (Malaquías 3:10).

A principios de enero de 2001 me encontraba trabajando en el Dispensario Adventista de Caracas.  Para ese tiempo vivía en un sector que quedaba aproximadamente a dos horas de camino. Tenía que salir de casa muy temprano cada mañana. Por lo general: esposo me acompañaba hasta la parada del autobús, ya que a esa hora todavía era muy oscuro y el barrio donde vivíamos era bastante peligroso. Pero aquel día le dije: «No bajes. Quédate acostado y descansa un poco más. ¿ Qué puede pasarme? Dios irá conmigo».
Salí de casa y me dirigí a la parada. De repente, a mitad de camino, me acosó un muchacho joven y me dijo que le entregara la cartera. Yo no sabía qué hacer, así que grité y me enfrenté a él, pero fue inútil. Me tiró al suelo, me quitó la cartera y salió corriendo por un callejón oscuro, Con gran impotencia lo perseguí hasta que lo perdí de vista.
Cuando llegué de nuevo a la calle me di cuenta de que tenía un zapato roto, los lentes quebrados y un tremendo chichón en la cabeza a consecuencia de la caída. Regrese a casa y le conté lo sucedido a mi esposo hecha un mar de lágrimas. Oramos, y él salió a ver si encontraba la cartera tirada en algún lugar, pero no encontró nada. Yo estaba preocupada, ya que en la cartera tenía el dinero para las compras del supermercado y medicinas para mi madre.
Al día siguiente era sábado y no pude ir a la iglesia, pues el dolor de cabeza era insoportable. Algunos hermanos nos llamaron para decir que nos visitarían en la tarde. Cuando llegaron me sorprendí, pues traían una enorme cesta de alimentos. Cuando se fueron comenzamos a sacar las cosas de la cesta y en el fondo encontramos un sobre cerrado. ¡Imagínense lo que contenía! Sí, dinero en efectivo. Cuando lo contamos y sacamos los diezmos y las ofrendas, quedó lo justo para comprar los medicamentos para mi madre. Dios utilizó a nuestros hermanos para responder a nuestras oraciones y para suplir nuestras necesidades inmediatas. El Señor recompensa en forma abundante nuestra fidelidad, nosotros pudimos comprobarlo. ¿Lo has comprobado tú?

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Ana de Jesús Da Rocha

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