lunes, 9 de julio de 2012

EL CIELO ABIERTO


«No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me envío» (Juan  5:30).

Cuando, ya en la orilla del río, Jesús se arrodilló para orar, «vio abrirse los cielos y al Espíritu como paloma que descendía sobre él» (Mar. 1:10). Era como si Dios mismo hubiera separado el cielo y se hubiera inclinado para escuchar a su Hijo.
Jesús levantó la mirada hacia ese espacio abierto y pronunció una de las oraciones más conmovedoras de su vida. Lástima que no hubiera discípulos presentes que pudieran escucharla y escribirla. Sin embargo, el Espíritu de Profecía nos explica que vertió su alma a Dios. Sabía hasta qué punto el pecado había endurecido el corazón humano y lo difícil que para ellos sería entender su misión y aceptar el don de la salvación. Suplicó al Padre que le diera el poder para vencer su incredulidad, para romper las cadenas con que Satanás los había encadenado y, en su nombre, aniquilar al destructor. Pidió una señal de que Dios aceptaba a la humanidad en la persona de su Hijo.
No oró como nosotros solemos. No pidió poder para sanar, ni que no lo alcanzaran el dolor o los peligros; tampoco reclamo llegar sano y salvo de regreso a Nazaret, o que todos lo amaran; y, aun menos, ser popular. Oro por la misión de su vida, pidió la ayuda del cielo en la tarea de salvar las almas.
«Nunca antes habían escuchado los ángeles semejante oración. Ellos anhelaban llevar a su amado Comandante un mensaje de seguridad y consuelo.
Pero no; el Padre mismo contestará la petición de su Hijo. Salen directamente del trono los rayos de su gloria. Los cielos se abren, y sobre la cabeza del Salvador desciende una forma de paloma de la luz más pura, emblema adecuado del Manso y Humilde» (El Deseado de todas las gentes, cap. 11, p. 89).
Nosotros podemos desear que todas nuestras oraciones sean respondidas con la apertura del cielo y un baño de luz procedente del trono, pero probablemente esta no sea la voluntad de Dios para nosotros en este momento. Sin embargo, sabemos que Dios nos escucha y que nos contestará según su voluntad. Señor, ayúdame a orar más por mi misión en la tierra y para que, así como el ministerio de Jesús te glorificó, mi misión también te glorifique. Basado en Marcos 1:9-11.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

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