jueves, 9 de agosto de 2012

OTRO SALÓN DE LA FAMA


Por lo tanto, ya no mientan más, sino diga cada uno la verdad. Efesios 4:25.

Si hubiera un Salón de la Fama para las excusas más asombrosas, creo que la competencia sería muy dura. Una de esas excusas que lucharía por un lugar en el Salón de la Fama es la del colchón encendido, según nos cuenta Robert Fulghum. Cierto día los bomberos recibieron la noticia de que se quemaba un apartamento. Al llegar al sitio, detectaron que el humo provenía de un colchón encendido, ¡y encontraron a un hombre durmiendo sobre él! Después de extinguir el fuego, los bomberos le preguntaron al hombre: —¿Cómo comenzó el fuego?
—¿Y cómo voy a saberlo? —respondió—. ¡El colchón ya estaba prendido cuando me acosté! (ít Was On Pire When 1 Lay Down On h [Ya estaba encendido cuando me acosté], p. 3). ¿Qué te parece?
Y aquí va otra excusa muy conocida. Moisés estaba en el monte Sinaí recibiendo las tablas de la ley, pero después de cuarenta días de ausencia el pueblo comenzó a impacientarse. Entonces le dijeron a Aarón: «Anda, haznos dioses que nos guíen, porque no sabemos qué le ha pasado a este Moisés que nos sacó de Egipto» (Éxo. 32:1).
En vez de resistir la presión del pueblo, Aarón cedió a sus exigencias. Les pidió que recolectaran joyas de oro, las fundió e hizo un becerro que el pueblo adoró.
Entonces Dios ordenó a Moisés que regresara, porque el pueblo se había descarriado. Al llegar al campamento, un Moisés muy enojado arrojó el becerro de oro al fuego, y luego enfrentó a su hermano: «¿Qué te hizo este pueblo que le has hecho cometer un pecado tan grande?» (vers. 21).
Y aquí viene la «famosa» respuesta de Aarón: «Ellos me dieron el oro, yo lo eché en el fuego, ¡y salió este becerro!» (vers. 24). ¡Qué bárbaro! Culpó al pueblo y culpó al homo. Solo le faltó culpar a Dios.
«Desde que se inventaron las excusas —reza el dicho— todo el mundo queda bien». ¿Qué piensas? ¿Cierto o falso? ¡Falso! Podremos quedar bien ante los demás, pero no ante nosotros mismos, y mucho menos ante Dios.
Una señal de que estás madurando es tu disposición a responder por tus actos. Pídele a Dios que te ayude a decir siempre la verdad, aunque duela.
Dios mío, ayúdame a aceptar responsabilidad por mis acciones y a aprender de mis errores.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

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