domingo, 14 de octubre de 2012

UNA NUEVA VIDA


En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas. Isaías 61:10.


Avelina era una mujer sencilla que amaba a Dios.  Todos los días acudía a mi negocio de comida y. para hablarme de Dios. Siempre me decía: «¡Socorrito, acérquese a Dios y él la ayudará con sus problemas!». «¿Ayudarme? -decía yo-, si estoy sola y sin el apoyo de un esposo; cuidando de cuatro hijos y con tantas responsabilidades sobre mis hombros». No vislumbraba qué podría hacer para aspirar a un futuro mejor.
Para superar mis dificultades busqué salidas falsas: me refugié en las fiestas, en los amigos y en la diversión.  Intentaba olvidarlo todo y era feliz momentáneamente; aunque después me sentía más desdichada, sola y vacía que antes. Además, aquel estilo de vida estaba fracturando la relación con mis seres amados, propiciando una inevitable desintegración.
Yo amaba a mi familia, pero creía que trabajar me daba derecho a vivir como quisiera. Por esa razón mis hijos buscaban la manera de abandonar la casa. Así que un día, sintiéndome presionada por la incansable insistencia de mi amiga Avelina, decidí acompañarla a su iglesia. Cuando recuerdo aquel día, mi corazón se conmueve pensando en la forma en que todos cantaban en aquella congregación. Eso fue algo que me impactó en gran manera, al punto de que ese mismo día estuve dispuesta a entregarle mi vida a Jesús.
Jesús vino a llenar ese enorme vacío que había intentado ocupar con cosas vanas. Él me dio el valor que no tenía, me dio seguridad, paz y confianza. Hoy todos mis hijos, mis yernos y mis nietos servimos a Jesús, utilizando los talentos que él nos ha dado para su causa. No solamente eso, sino que Dios me ha dado el hermoso privilegio y la dicha de tener un hijo que es pastor y que le sirve.
Querida amiga, quizá te sientas como yo me sentí un día: sola, cansada y con una carga pesada. Si crees que nadie te ama y que no vale la pena vivir, ¡ven a Jesús! Él es el camino, la verdad y la vida y te espera con los brazos abiertos.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Socorro Gutiérrez García

No hay comentarios:

Publicar un comentario