miércoles, 12 de diciembre de 2012

VUÉLVETE A MÍ


Si te volvieres, oh Israel, dice Jehová, vuélvete a mí. Y si quitares de delante de mí tus abominaciones, y no anduvieres de acá para allá. (Jeremías 4:1).

Muchas veces, al finalizar un año más, hacemos inventario de los propósitos que nos habíamos planteado llevar a cabo a comienzos de año y ¡qué sorpresa!, quizá con incredulidad y vergüenza hemos de admitir el fracaso de no haber alcanzado muchas de las metas que nos habíamos propuesto. Entonces nos reclamamos a nosotras mismas: «¡Cuántas veces te prometiste algo! ¡Cuántas veces fallaste!».
Al volver nuestra vista a Dios podremos recordar su invitación: «Venid luego y estemos a cuenta» y su bella promesa: «Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos, aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana» (Isa. 1:18). Acudamos a él tomando en cuenta que de manera constante nos trata con una misericordia infinita. Si lo hacemos, jamás seremos defraudadas; más bien seremos cubiertas con su justicia.
La gracia de Dios es muy abundante, tan extensa como el horizonte infinito, así también lo es su perdón; lo mismo que su amor, sin límites. Alabado sea nuestro Dios por ello.
«Necesitamos comprender más claramente de lo que solemos las contingencias del gran conflicto en que estamos empeñadas. Necesitamos comprender más ampliamente el valor de las verdades de la Palabra de Dios, y el peligro de consentir que el gran engañador aparte de ella nuestra mente.
»El valor infinito del sacrificio requerido para nuestra redención, pone de manifiesto que el pecado es un tremendo mal, que ha descompuesto todo el organismo humano, pervertido la mente y corrompido la imaginación. El pecado ha degradado las facultades del alma. Las tentaciones del exterior hallan eco en el corazón, y los pies se dirigen imperceptiblemente hacia el mal.
»Así como el sacrificio de Cristo en beneficio nuestro fue completo, también debe ser completa nuestra restauración de la corrupción del pecado» (El ministerio de curación, p. 357).
Aceptemos con gozo su invitación. Ojalá que su infinita gracia nos ayude a caminar con él el resto del sendero y a perseverar, ya que mediante su poder ¡obtendremos la victoria!

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa

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