lunes, 1 de abril de 2013

CADA CUAL SU ESPECIALIDAD


Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto (Mateo 5:48).

Uno de los temas más espinosos para los jóvenes tiene que ver con la perfección. ¿De verdad espera Dios que seamos perfectos? Pues así lo dice la Biblia. Pero no te angusties. Solo a través del poder de Dios obrando dentro de nosotros podemos alcanzar esos ideales, que son más altos que el más elevado pensamiento humano.
El pastor Leo Van Dolson, cuenta: «Un joven vendedor de aceite vivía en el Japón feudal. Al pasar un día junto a un antiguo almacén, el vendedor escuchó sonidos extraños que salían de ahí. Espió a través de una rendija de la pared y quedó fascinado con lo que vio. Unos jóvenes samurai estaban lanzando flechas a un blanco. La razón por la que lo hacían bajo techo es porque apenas estaban aprendiendo a tirar con el arco y no querían que otros vieran cuántas veces erraban el blanco.
»El vendedor no pudo menos que soltar una carcajada al ver sus errores de principiantes. Los samurai lo oyeron, salieron y lo atraparon entre todos.
»—¿Así que te estás riendo de nosotros? —le gritaron—. Si piensas que puedes hacerlo mejor, hazlo; si no, te daremos tu merecido por faltarnos al respeto.
»El vendedor tuvo que pensar rápido.
»—En realidad —les dijo—, nunca he tirado una flecha, tirar al blanco no es mi especialidad, pero puedo hacer algo que es mi especialidad. Algo que ustedes no pueden hacer.
»Sacando una moneda antigua, que tenía un orificio cuadrado en el centro, sacó un frasco de aceite, lo sostuvo con una mano en alto y luego vació el contenido en un finísimo hilo de aceite a través del hoyo, sin tirar una gota.
»Los samurai, asombrados, lo dejaron ir».
Cada cual su especialidad, ¿verdad? No todos tenemos que cumplir las mismas áreas. Por eso Dios nos dio dones. En el caso de la perfección, el Señor espera que seamos perfectos en nuestra esfera como él lo es en la suya. Nosotros nos movemos en el ámbito terrenal, él en el celestial. En realidad, el cielo espera que demos nuestro mayor esfuerzo en las diversas actividades que llevamos a cabo. Asimismo, Dios no espera los mismos resultados de todos, aunque sí espera el mismo esfuerzo.
Nuestra principal especialidad ha de ser imitar a Cristo. ¿Lo estás imitando día a día?

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

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