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miércoles, 1 de junio de 2016

EXPLOSIÓN DE IRA

Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones (Santiago 4:7, 8).

Patricia, una niña dulce con un temperamento ardiente, vivía con su maestra, quien la había adoptado. Cuando ella pidió permiso para asistir a un programa acerca de la muerte de Cristo en una iglesia cercana, se le permitió ir; pero luego le surgieron un montón de preguntas acerca de lo que le había sucedido a Jesús y por qué.
-¿Por qué los hombres colgaron a Jesús en la cruz? -le preguntó a su maestra-. ¿Por qué no huyó? ¿Por qué no se defendió?
La señorita Ávalos le respondió lo mejor que pudo, pero Patricia se ponía cada vez más nerviosa, repitiendo las preguntas una y otra vez. Cinco días después explotó: gritando, aullando, trepándose a los muebles, tirando las cosas y dándose golpes contra las paredes. Nada la calmaba, y la señorita Ávalos, desesperada, pidió ayuda a la policía. A medida que el oficial hablaba con la niña, ella se fue calmando poco a poco.
Cuando la niña finalmente recobró el aliento, su maestra le preguntó: -¿Patricia, qué te lleva a hacer estas cosas?
-Estaba pensando en la obra que vimos acerca de Jesús -dijo-. No fue justo que aquellas personas le hicieran eso. Realmente me hizo enojar mucho.
La señorita Ávalos oró con Patricia y luego llamó a un amigo para que viniera a ungir a la niña y pedirle a Dios que sanara la ira que la controlaba tan a menudo.
-¿Sabes? -le dijo este amigo a Patricia-, Santiago 4:7 nos recuerda quién tiene el poder. La próxima vez que te sientas a punto de expresar tu ira de esta manera, puedes pedirle a Dios que te ayude. Solamente está esperando que nosotros lo aceptemos.
Estaba verdaderamente arrepentida. Ella alabó a Jesús por sanar su mente y quitarle el deseo de ser destructiva.

¿Y AHORA?
Menciona ejemplos bíblicos de la ira de Dios. ¿De qué formas puedes expresar tu enojo correctamente? ¿Qué prácticas ayudan a clamar tu enojo?

SPLASH:
En 2006 investigadores nombraron a la ira con comportamiento hostil o agresivo Trastorno Explosivo Intermitente; generalmente llamado mala educación, falta de madurez o rabietas. El Roanoke TIMES se preguntaba si se trata de trastorno o falta de autocontrol.

Tomado de Matinal para Adolescentes 2016
“Intensamente, Ejercita tu Cerebro”
Compilado por Penny Estes Wheeler
#IntensamenteEjercitaTuCerebro #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaAdolescentes #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

lunes, 16 de mayo de 2016

JESÚS VERSUS PILATO

La iglesia es la única sociedad que existe para aquellos que no son miembros de ella. William Temple

Solo podemos tener dos actitudes frente al mundo agonizante que nos rodea: la de Pilato o la de Jesús. Pilato, quien podía haber hecho algo a favor de un inocente injustamente acusado, endureció su corazón contra un clamor justo. A pesar de haberse dado cuenta de que “habían entregado [a Jesús] por envidia” (Mat. 27:18), “se lavó las manos delante de todos, diciendo: ‘Yo no soy responsable de la muerte de este hombre’ ” (Mat. 27:24). Si Pilato era o no responsable es discutible, pero lo que no es discutible es su actitud ante quienes piden ayuda: lavarse las manos, mostrar indiferencia, dar la espalda; para descubrir, pasado el tiempo, que la culpa no desaparece con el agua.
La otra actitud es la de Jesús: el compromiso total. Ensuciamos las manos. Mirar el dolor que nos rodea y mostrar que nos importa. Dar la cara a quien pide ayuda, amarlo con la convicción de que Dios nos ha llamado a hacerlo. Porque Dios “hizo cielo, tierra y mar, y todo lo que hay en ellos. El siempre mantiene su palabra. Hace justicia a los oprimidos y da de comer a los hambrientos. El Señor da libertad a los presos; el Señor devuelve la vista a los ciegos; el Señor levanta a los caídos; el Señor ama a los hombres honrados; el Señor protege a los extranjeros y sostiene a los huérfanos y a las viudas” (Sal. 146:6-9). La máxima prueba de ello es la vida y la muerte de Jesús.
Tú y yo somos guardianas de la creación, y “la creación entera se queja y sufre como una mujer con dolores de parto” (Rom. 8:22). ¿Ignoraremos los quejidos que nos rodean para seguir practicando una religión cómoda, sintiéndonos protegidas tras las paredes de una iglesia? Jesús, el enviado del Cielo, tomó como propio nuestro dolor; nos mostró su amor alimentando al hambriento, haciéndose amigo del marginado, oponiéndose a la injusticia, sirviendo a los demás y cargando sobre sí mismo nuestros pecados; y cuando estaba a punto del volver al Padre nos dijo: “Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes” (Juan 20:21). Por tanto, “ve y haz tú lo mismo” (Luc. 10:37).

“Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes” (Juan 20:21).

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
#AnteTodoCristiana #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

domingo, 20 de marzo de 2016

ANTE LA INJUSTICIA…

La injusticia, allí donde se halle, es una amenaza para la justicia en su conjunto. Martin Luther King

Nada más entrar en el salón de clases, el nuevo profesor preguntó a un alumno: “¿Cómo te llamas?” “Me llamo Juan”, contestó el joven. “Juan, vete de mi clase y no vuelvas en lo que queda de año”. Desconcertado, Juan se levantó y se fue. Ante el grupo restante de caras asustadas, el profesor preguntó entonces: “¿Para qué sirven las leyes?” Poco a poco fueron llegando respuestas tímidas e inseguras: “Para que haya orden en la sociedad”. “¡No!”, respondió el profesor. “Para cumplirlas”. “¡No!” “Para que la gente mala no salga impune”. “¡No!” “Para que haya justicia”, susurró una muchacha. “¡Exactamente! -confirmó el profesor-. Y ¿para qué sirve la justicia?”
De nuevo el tumo de respuestas: “Para salvaguardar los derechos humanos”; “Para que la gente haga lo correcto”… Finalmente el profesor añadió: “¿Actué con justicia al expulsar a Juan?” Silencio sepulcral. “Quiero una respuesta decidida y unánime”, urgió el profesor. “¡No!”, exclamó la clase al completo. “¿Podría decirse que cometí una injusticia?” “¡Sí!” “¿Por qué, entonces, nadie hizo nada al respecto?” De nuevo silencio. Nadie podía justificarse. La cuestión esencial flotaba en el aire: “¿Para qué sirven las leyes si no tenemos la valentía de hacerlas cumplir?”
Dios nos ha dejado una ley de amor; un cerco de protección. Transgredirla es pecado, porque supone alejamos de Dios, de su amor, de su influencia sobre nosotros. Pero no es necesario transgredir una ley para cometer pecado, basta con contemplar a alguien cometiendo una injusticia sin tratar de impedírselo, sin reprenderlo o sin denunciarlo. “Toda injusticia es pecado” (1 Juan 5:17, RV95), por tanto “no compartas la conducta estéril de los que son de la oscuridad; más bien sácala a la luz” (Efe. 5:11).
Que nadie te engañe: el que practica la justicia es justo, como él es justo (1 Juan 3:7); el que consiente la injusticia, practica el pecado, y Dios odia el pecado. “Porque ¡qué tienen en común la justicia y la injusticia? ¿O cómo puede la luz ser compañera de la oscuridad?” (2 Cor. 6:14).
No permitamos que se cometa ningún tipo de injusticia ante nuestros ojos sin decir o hacer algo. Sigamos el consejo del profeta: “Siembren ustedes justicia y recojan cosecha de amor” (Ose. 10:12). Porque la justicia ha de ser la forma fundamental del amor.

“Toda injusticia es pecado” (1 Juan 5:17, RV95).

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
#AnteTodoCristiana #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian