viernes, 5 de marzo de 2010

DIOS JUSTIFICA AL IMPÍO

Este mensaje es digno de crédito y merece ser aceptado por todos: que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero (1 Timoteo 1: 15).

La justificación que recibimos por gracia es un don gratuito de parte de Dios, está apoyada y garantizada por lo que Cristo hizo para salvarnos. Pero hay preguntas importantes que debemos hacernos y que tienen que ver con el objeto de la justificación. ¿A quién se concede? ¿Quién califica para recibir la justicia de Dios en forma gratuita? Es obvio que no todo el mundo recibe la justificación divina. ¿Hay algún requisito? Esto nos lleva a la sexta característica de la justificación.
Lea lo que dice Pablo: «Sin embargo, al que no trabaja, sino que cree en el que justifica al malvado, se le toma en cuenta la fe como justicia» (Rom. 4: 5). «Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rom. 5: 8). «Porque no he venido a llamar a justos sino a pecadores» (Mat. 9: 13). Estos versículos nos enseñan que el plan de la salvación se elaboró para los pecadores. Si una persona no es pecadora, no califica para recibir la justificación gratuita.
La razón de esto es obvia. Si alguien se cree justo, no necesita justicia. El justo ya tiene justicia; no hay necesidad de recibirla. Eso pasaba en tiempos de Jesús. Había algunos que se creían justos ante Dios, y que, por lo tanto, no recibieron el don de la justicia divina. El fariseo de la parábola regresó a su casa con su propia justicia, que no valía nada ante Dios.
Para que una persona califique a fin de recibir la justicia de Dios por gracia, debe ser pecadora. Solo los pecadores son justificados. Si alguien, siendo pecador, se considera justo, no recibe la justificación, porque ante sus propios ojos es justo, no pecador. El plan de salvación fue ideado para los que se consideran pecadores, no para los que creen que son justos. Ese es el problema de la justicia propia, que no nos permite ver nuestra verdadera condición, lo que nos deja sin la justicia de Dios.

Tomado de Meditaciones Matinales para Adultos
“El Manto de su Justicia”
Autor: L Eloy Wade C

jueves, 4 de marzo de 2010

ROPAS NUEVAS

Asimismo vestiré de salvación a sus sacerbtes, y sus santos darán voces de júbilo (Salmo 132:16).

Había sido un largo sábado. Después de partir de mi hogar a las 8:15 a.m., había pasado a buscar a unos miembros de iglesia que necesitaban que alguien los llevara hasta la congregación, había llevado el desayuno a uno y controlado una herida quirúrgica a otro. Así que, después de todas las actividades del sábado: Escuela Sabática, Santa Cena y junta de iglesia, me sentía realmente cansada.

Después de la junta, tres de sus miembros nos quedamos para reflexionar sobre las actividades del día y algunos aspectos tratados en la reunión. Al poco tiempo Amireh, la hija de 4 años de edad de una de las damas, entró en la habitación, que también se utilizaba como aula y para otras actividades.
Al ver el montón de juguetes que había en aquel lugar, ella quería jugar. Después de varios "no" de su mamá, decidió que practicaría "prevención de incendios". Para cambiar su estado de ánimo le pregunté: ¿Qué harías si tus ropas se prendieran fuego?" Sin pensarlo dos veces la niña respondió: Conseguiría ropas nuevas".
Todas nos reímos de buena gana. Luego, le explicamos que lo que se debe hacer en esos momentos es acostarse en el piso y rodar, agacharse sobre las manos y las rodillas y gatear hasta salir de la habitación o del edificio en llamas. Esta pausa divertida nos ayudó a olvidar cuan cansadas estábamos.
Esto me hace pensar en lo que nos ocurre en la vida cristiana. Cuando nuestras ropas se comienzan a quemar por las pruebas que nos bombardean diariamente, es bueno saber que como hija de Dios puedo recibir vestiduras nuevas. Lo único que debo hacer es permanecer en contacto con él, leyendo su Palabra y meditando en él cada día. Espero ansiosamente el momento en que "esto mortal se haya vestido de inmortalidad" (1 Cor. 15:54).
Oro para ser humilde y, como hija de Dios, que esté dispuesta a aprender y permanecer con mi vista en él. Oro también rogando que nuestros pequeñitos continúen creciendo en los caminos del Señor, y para que, como a los santos, se les concedan las ropas prometidas en Apocalipsis 19:8: Ya ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino lino es las acciones justas de los santos".
Gloría P. Hutchinson
Tomado de Meditaciones Matinales para la mujer
Mi Refugio
Autora: Ardis Dick Stenbkken

CONFÍA EN SUS PROMESAS

Dios nuestro, ¿acaso no vas a dictar sentencia contra ellos? Nosotros no podemos oponemos a esa gran multitud que viene a atacamos. ¡No sabemos qué hacer! ¡En ti hemos puesto nuestra esperanza! 2 Crónicas 20:12.

La exclamación que registra el texto de hoy es de Josafat, un rey de Judá que actuó con rectitud ante Dios. Durante su reinado hubo una crisis que estremeció Judá. Los amonitas y moabitas eran parientes de Israel, descendientes de Lot, pero habían caído en perversa idolatría. Estos pueblos se unieron para atacar a Judá. Formaron un gran ejército para pelear y destruir al pueblo de Dios. Esta guerra tenía implicaciones en el plan de salvación divino, la lucha del mal contra el bien.

El rey judío reunió al pueblo en el atrio del Templo. Con contrición y humillación oró al Señor, confesó su incapacidad para enfrentar al enemigo y su falta de estrategias para defenderse. Declaró su fe en Dios y dijo: «¡En ti hemos puesto nuestra esperanza!». Después de orar al Señor, él respondió por medio del levita Jahaziel y les dijo: «La batalla no es de ustedes sino mía» (vers. 15). Enseguida, el profeta les dio un consejo: «Quédense quietos en sus puestos, para que vean la salvación que el Señor les dará» (vers. 17). Todos confiaron plenamente en Dios y su fe fue recompensada con una victoria total. No tuvieron que pelear, únicamente fueron a recoger los despojos.
Hoy debes confiar plenamente en Dios. En la lucha contra el mal, él es el único que puede vencer por ti, solamente él puede darte la victoria. Desarrolla la fe mediante la lectura de la Biblia y literatura cristiana, no olvides orar. Así llegaras a confiar en Dios ante las fieras tentaciones y las más rudas y difíciles pruebas.

¿Te has alejado de Dios? ¿Los problemas y tentaciones son superiores a tu fuerza? ¿No sabes qué hacer con tu vida? La invitación del texto de hoy es para volver los ojos a Dios. Como registra el autor de Hebreos: «Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe» (Hebreos 12:2).

«Una confianza inflexible, una firme dependencia de Cristo, proporcionarán paz y seguridad al alma». IMJ 110.

Tomado de Meditaciones Matinales para Jóvenes
¡Libérate! Dale una oportunidad al Espíritu Santo
Autor: Ismael Castillo Osuna

CRISTO RECIBIÓ EL CARGO

Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios (2 Corintios 5: 21).

La quinta característica de la justificación es que está basada en lo que Cristo hizo. He dicho que la justificación es imputada, es decir, acreditada. Se nos acredita a nuestra cuenta algo que no es nuestro. Este vocablo, dijimos, viene del mundo de los negocios. Siguiendo con esa imagen de las finanzas, diríamos que cuando algo se acredita a alguien tiene que haber un cargo correspondiente, a fin de balancear las cuentas. No sería justo que algo se acreditara a alguien sin que hubiera un cargo al respecto. Diríamos que ha habido una estafa, un mal manejo de las cuentas.
A nosotros, de acuerdo a la teología del Nuevo Testamento, se nos acreditó la justicia. Dios nos declaró justos y nos atribuyó justicia. Recibimos un crédito. ¿A quién se le cargó? Para que Dios sea un juez justo, tiene que haber un cargo correspondiente; de otro modo, Dios no sería justo.
Decíamos anteriormente que cuando Dios trató con el pecado, no lo hizo con el principio de borrón y cuenta nueva. No le dio una palmadita en el hombro a Adán y le dijo: «No te preocupes, aquí no ha pasado nada». De ninguna manera. De acuerdo a la justicia divina, el pecador debe morir. La Biblia lo dice claro: «Porque la paga del pecado es muerte» (Rom. 6: 23). Pero Dios tuvo compasión de los seres humanos porque el pecado se originó por un engaño. Dios nos dio otra oportunidad, pero para ser justo debía castigar el pecado. El Señor encontró la manera de darnos otra oportunidad sin violar su justicia. Su Hijo sería condenado por el pecado de la humanidad, y moriría en lugar del ser humano.
En otras palabras, y siguiendo con la imagen del mundo de los negocios, Cristo recibió el cargo que correspondía a nuestro crédito. A nosotros se nos atribuyó justicia, y a Cristo se le atribuyó el pecado con el castigo consiguiente. Cristo llevó nuestro castigo y sufrió la muerte que nos correspondía sufrir a los seres humanos. Como dice el profeta: «Sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados» (Isa. 53: 5).

Tomado de Meditaciones Matinales para Adultos

“El Manto de su Justicia”
Autor: L Eloy Wade C

miércoles, 3 de marzo de 2010

NO TENGAS MIEDO

Le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos (2 Reyes 6:16).
Cuando mi esposo desembarcó con las fuerzas armadas en una zona de guerra, yo sentía que siempre tenía miedo. Tenía temor de que él perdiera la vida. Tenía temor de lo que no conocía. Sabía que Dios lo cuidaba, pero todos modos tenía el sentimiento preocupante de que algo malo ocurriría. Escuchar las noticias de la guerra me daba más miedo todavía. Para empeorar las cosas, recibía llamados de personas que querían "alentarme" preparándome para lo peor. No importaba cuánto se esforzara mi esposo para asegurarme que estaba bien, yo siempre pensaba lo peor. En mis momentos necesidad, Dios utilizó la música para darme ánimo. Los himnos que escuchaba me tranquilizaban, y me inspiraban a creer que no hay nada en este mundo que Dios y yo no podamos manejar juntos.
La vida del profeta Elíseo estaba en peligro. El rey de Siria había enviado un gran ejército de carros y caballos para matarlo. El criado de Elíseo vio el ejercito que se acercaba y corrió lleno de temor. Allí estaban, dos hombres en contra de un ejército. ¿Te das cuenta? Los ojos humanos, llenos de temor, no pueden ver el poder de Dios. Pero, con la oración y la fe del profeta el criado contempló el ejército más fuerte y poderoso de Dios, que acampaba a su alrededor. "Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Elíseo" (2 Rey. 6:17).
En nuestras vidas, constantemente nos sentimos abrumadas por el temor. Tenemos miedo de toparnos con la fe. Tenemos miedo de lo porvenir, y cuanto más pensamos en esto, tanto más miedo tenemos. Nos olvidamos que Dios es el Dueño y el Gobernante del universo; y no hay absolutamente nada que él no pueda hacer por nosotras. Nos volvemos quejosas cuando enfrentarnos batallas porque olvidamos que con Dios todo es posible. Dios tiene un ejército alrededor de ti y de mí el día de hoy. Él envía sus ángeles guardianes a fin de que nos vigilen cuando estamos en valle. y en lugares privados. Él coloca sus tiernos brazos alrededor de nosotras para protegernos del los males y los-peligros. Mientras te ocupas de tu rutina diaria escucha detenidamente .que Dios te está diciendo: "No rengas miedo, estoy a tu lado".
Diantha Hall-Smith.
Tomado de Meditaciones Matinales para la mujer
Mi Refugio
Autora: Ardis Dick Stenbkken

DISCIPLINA ESPIRITUAL

Si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra. 2 Crónicas 7:14.

El desarrollo espiritual no se consigue con esfuerzos aislados, sino mediante la entrega diaria y la disciplina. Estas son algunas de las principales disciplinas espirituales que te facilitarán la comunión con Cristo.
  • Meditación. No la falsa meditación que busca tener la mente en blanco, sino la que se genera a partir de las promesas de Dios, de atesorarlas en la mente y de aplicarlas a todas tus actividades cotidianas.
  • Oración. Es «el aliento del alma», un canal abierto hacia Dios mediante el cual le muestras el corazón a tu Padre celestial, como a un amigo.
  • Estudio de la Biblia. Escudriñarla, no con el fin de acumular conocimiento e información, sino, con el propósito primordial de descubrir la orientación divina para los problemas y desafíos de la vida diaria.
  • Ayuno. Es importante cuidar de no recargar el sistema digestivo a fin de tener una mente alerta para comprender la voluntad de Dios. Cuanto más frugal y sencilla es tu alimentación, más salud física, mayor claridad mental y mejor percepción espiritual consigues.
  • Simplicidad. No te compliques más la vida de lo que ya es ella por sí misma. La publicidad, la directa, y sobre todo la «subliminal», provoca una serie de insatisfacciones que supuestamente se satisfacen a través del materialismo. Mantener una vida simple demanda una verdadera disciplina.
  • Sumisión. No resulta nada fácil, para nuestra naturaleza egoísta y orgullosa, someterse a la voluntad de Dios. Sin embargo es vital aceptar y obedecer a Dios a medida que la luz de su verdad ilumina tu vida.
  • Servicio. Es el filtro maestro que prueba nuestra relación vertical con Dios. Se manifiesta en mantenerse sensible a las necesidades de los demás y desarrollar el espíritu de generosidad, que es el espíritu del cielo.
«En medio de los peligros de estos últimos días, la única seguridad para la juventud está en la vigilancia y la oración siempre crecientes». MJ 245

Tomado de Meditaciones Matinales para Jóvenes
¡Libérate! Dale una oportunidad al Espíritu Santo
Autor: Ismael Castillo Osuna

CRÉDITO INMERECIDO

Hemos dicho que a Abraham se le tomó en cuenta la fe como justicia (Romanos 4: 9).

La cuarta característica de la justificación es que es imputada. El verbo imputar se usa tradicionalmente para hablar de la concesión de la justicia. Significa atribuir, conceder, acreditar. Tiene que ver con la manera en que recibimos la justificación. Porque podemos hacernos la pregunta: si la justificación es un regalo divino, ¿cómo se nos da? ¿Cómo la recibimos? La respuesta es que la recibimos por imputación; es decir, se nos atribuye, se nos cuenta, se nos acredita. Como decíamos antes, somos declarados justos. Dios nos dice que somos justos, porque nos ha atribuido la justicia. Notemos estas declaraciones interesantes: «Pues, ¿qué dice la Escritura? "Le creyó Abraham a Dios, y esto se le tomó en cuenta como justicia"» (Rom. 4: 3). «Ahora bien, cuando alguien trabaja, no se le toma en cuenta el salario como un favor sino como una deuda. Sin embargo, al que no trabaja, sino que cree en el que justifica al malvado, se le toma en cuenta la fe como justicia» (vers. 4 y 5).
Aquí se expresa la razón por la que se recibe la justicia. Al que tiene fe, esta se le cuenta por justicia. Para que alguien pueda ser declarado justo, necesita tener fe; la fe debe ser dirigida a aquel que se levantó de los muertos: Jesús. Por razón de nuestra fe en Jesucristo, Dios nos declara justos. Esta declaración de justicia se hace sobre la base de que a la persona que tiene fe se le atribuye justicia. A la persona de fe se la considera justa porque se le ha acreditado justicia. No es una ficción legal, como algunos dicen. Es decir, no es que Dios nos considere justos, aunque no seamos justos realmente. Eso no es lo que dice el apóstol. Él dice que Dios nos cuenta, nos atribuye, nos concede la justicia. Claro, se usa una metáfora del mundo financiero: se nos acredita. Es como si alguien deposita en nuestra cuenta bancaria un dinero que no es nuestro, pero que se nos da.

Tomado de Meditaciones Matinales para Adultos
“El Manto de su Justicia”
Autor: L Eloy Wade C

martes, 2 de marzo de 2010

UNA EXPERIENCIA EN LA CIMA DE LA MONTAÑA

Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? (Salmo 121:1).

Mi esposo, Keith, y yo viajamos 1.000 kilómetros para reunimos con las otras 23 personas en Alpine Village en Jindabyne, donde se realizaría mi retiro espiritual para personas de 60 años en adelante. Este hermoso pueblo, en el este de Australia, se sitúa contra la ladera de las montañas y tiene vista al Lago Jindabyne. También está cerca del Monte Kosciuszko, el monte más alto de Australia. Suele hacer mucho frío en esta zona; sin embargo, nosotros viajamos en el mes de febrero, cuando el clima es más cálido y los caminos de la montaña están secos y seguros.
Los días que pasamos en compañía de las demás personas fueron inolvidables. Medito en los momentos de alabanza, oración, cánticos, y los mensajes de inspiración y de esperanza que el invitado especial predicó. Había conversaciones de sobremesa, durante las cuales podíamos compartir nuestras, experiencias y alentarnos los unos a otros en nuestro diario caminar con Jesús. La presencia de Dios se sentía en nuestro medio, y un sentimiento de paz y serenidad llenaba todo el lugar.
Un día, salimos con un grupo de personas que había decidido escalar el Monte Kosciuszko. Hacía varios años, había llegado a la cima, pero ahora no estaba muy segura de poder hacerlo. Tomamos la telesilla hasta el primer nivel, lo que nos dejaba a 6 kilómetros y medio de la cima. Pronto me quedé atrás con mi gentil esposo que me daba ánimo.
Caminábamos pesadamente, mirando las maravillas de la ladera de las montañas. Por momentos algunas nubes nos envolvían y sentíamos frío; luego se apartaban y nos permitían ver las brillantes cumbres. Pasamos por arroyos de aguas congeladas y fotografiamos flores poco comunes. Los canguros saltaban y las águilas planeaban. A un kilómetro de la cima el camino se volvió muy empinado para mis huesos adoloridos, así que decidí no ascender más. No obstante, estaba feliz con lo que había logrado.
Es difícil partir de lugares tan hermosos como Jindabyne. Las experiencias en la cima de la montaña sirven para renovarnos. Tenemos acceso a esa renovación todos los días elevándonos a nuestro Padre celestial. Es él quien nos da las fuerzas y nos renueva para que podamos bajar de la montaña y servirlo vi rio en las "llanuras" del diario vivir.
Andreea Strámbu-Dima
Tomado de Meditaciones Matinales para la mujer
Mi Refugio
Autora: Ardis Dick Stenbkken